Es lo Cotidiano

Contrición Néstor Pom Contrición peyo Granja J.

Néstor Pompeyo Granja J.

Contrición Néstor Pom Contrición peyo Granja J.

Te preguntas cómo fue que tu historia adquirió su sabor amargo. Desconoces si aquí termina todo, pero de ser así, te parece un buen final. La escena: tú, mujer sola conduciendo un viejo auto a toda velocidad, por una larga carretera que atraviesa paisajes desérticos. La refracción del sol crea falsos efectos de agua sobre el asfalto caliente. Moteles, restaurantes y gasolineras pasan a tu lado; parece que viajan en dirección opuesta a tu camino. Del radio de tu coche salen unas frágiles notas de guitarra y una voz agrietada: parece ser alguna trovadora cristiana, cuyas palabras te remiten a tu propio cuento acibarado. Lloras. Te deleitas en tu sufrir. Haces un alto al lado del camino, frente a una sucia cafetería, y subes el volumen para escuchar con detenimiento.

Cierras los ojos. Te sabes fracasada, pero te serena la gris convicción de que la poesía se esconde tras historias comunes de gente común. La voz de la cantante en el radio habla de Jesús, y te preguntas si él habrá escrito tu vida en algún momento de poca inspiración. Abres los ojos. Observas los coches pasar y los percibes hatajos de historias, la mayoría de ellas probablemente tristes. El sonido de la guitarra acústica es el soundtrack perfecto para figurarte esas decenas de fábulas intangibles que pueblan la vida diaria de las ciudades. Te imaginas personaje de un videoclip filmado en tonos sepia. Volteas hacia la cafetería y ubicas a posibles coprotagonistas, cuyo semblante y movimientos parecen ir al compás de los acordes: simples, rústicos, polvorientos. Atisbas trazos de ti misma en la mesera que deja caer un plato por accidente, y te preguntas si te has quebrado al caer. Alcanzas a observar la expresión de fastidio de la cajera, y a una clienta solitaria que fuma frente a una taza, supones, de café.

Termina la canción y el presentador anuncia el nombre de la intérprete, pero tú no escuchas. Contemplas tu entorno canicular y te sientes cómoda entre lo que juzgas población de espíritus solitarios, histriones de la brutalidad y la belleza al mismo tiempo. Decides que el mundo está urgido de la visita de mensajeros divinos, y ya no te importa cómo fue que tu historia adquirió su sabor amargo.  Tú, mujer sola, te encuentras a mitad de estas cavilaciones y descubres que has dejado de llorar. Echas un último vistazo desde tu auto hacia el interior de la cafetería, y descubres a la joven mesera recogiendo los añicos del plato, en lo que te parece casi un acto de contrición. Apagas la radio, enciendes el motor y reemprendes el camino: aún vienen muchos kilómetros por delante.

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Néstor Pompeyo Granja (San Luis Potosí, 1984) es psicólogo de profesión, apicultor y apóstol por convicción. Labora en el ámbito de la educación universitaria y ejerce la psicoterapia. Tímido escribidor y hacedor de canciones. Cree fervientemente en la música, en los adolescentes y, por sobre todas las cosas, en Arthur Rimbaud. Está convencido de que la Tierra es hueca.

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