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Pioneros de la literatura psicodélica: Humphry Davy, Benjamin Paul Blood y William James

Mario Manjarrez

Pioneros de la literatura psicodélica: Humphry Davy, Benjamin Paul Blood y William James

La literatura moderna sobre los efectos subjetivos de agentes psicodélicos comienza en el siglo XIX con la publicación inglesa, en el año 1800, del libro Researches, Chemical and Philosophical; Chiefly Concerning Nitrous Oxide, Or Dephlogisticated Nitrous Air, And It’s Respiration (Investigaciones Químicas y Filosóficas, En Relación Con El Óxido Nitroso, O Aire Nitroso Desflogistizado, Y Su Respiración). Su autor, Humphry Davy fue un químico y poeta nacido en Cornwall, Inglaterra que sería reconocido mundialmente años más tarde por ser el inventor de la linterna Davy -una lámpara de seguridad que utilizaba queroseno y podía ser usada en minas de carbón sin peligro de explosión por ignición de metano- y por haber sido presidente de la Royal Institution.

En Researches, Davy reseña todo un año de investigación con el óxido nitroso que había sido sintetizado por primera vez en 1772 por el químico y filósofo Joseph Priestley. La química neumática, como era llamada el área de investigación de los gases, era relativamente nueva, para finales del siglo XVIII se habían aislado e identificado por primera vez diferentes gases y se comenzaba a comprender cómo se relacionaban con reacciones químicas. Davy, de tan sólo veinte años de edad, se asoció con el médico Thomas Beddoes, propietario de una nueva clínica de investigación médica experimental que utilizaba la química neumática para atender las más diversas enfermedades, una rama aún no explorada anteriormente. La Pneumatic Institution se convertiría en el lugar en donde se llevaron a cabo los experimentos con el óxido nitroso y que serían publicados en Researches. Davy comienza su estudio sintetizando el óxido nitroso, realizando experimentos en animales, en tejidos y finalmente en él mismo. El método empírico de la época para catalogar nuevas sustancias psicoactivas consistía en determinar si la sustancia era estimulante o depresora del sistema nervioso después de una serie de bioensayos, se creía que las enfermedades podrían ser curadas según se les aplicara el estímulo necesario.

Fueron los efectos subjetivos que Davy había experimentado tras inhalar el óxido nitroso lo que cambiaría el rumbo de la investigación. Davy reseña una de sus experiencias con óxido nitroso en dosis altas: habiendo inhalado una cantidad considerable de óxido nitroso, el primer efecto fue una ligera presión sobre su pecho y sobre sus extremidades, acompañada de una “sensación sumamente placentera”, que se repetiría en la mayoría de los voluntarios. Su oído se agudizó al punto de poder escuchar mucho más allá de lo que sucedía en la habitación, aseguró poder escuchar “la vibración cósmica”. En su campo de visión las cosas parecían convertirse en luz y energía hasta desintegrarse por completo. En algún momento perdió contacto con todas las cosas externas y solo quedaron pensamientos que sucedían a gran velocidad. Un sentimiento de iluminación, un vasto entendimiento del universo, una fusión con el cosmos acompañó el final de la experiencia. Después de un minuto pudo decirles a sus compañeros de laboratorio “de la forma más intensa y profética”: “¡Nada existe, sólo los pensamientos. El Universo está hecho de impresiones, de ideas, de placeres y penas!”

Si bien las drogas psicodélicas eran ya conocidas por la antropología en el contexto de su uso ritual por sociedades llamadas primitivas, aún no habían sido estudiadas por la ciencia moderna. Es por esto que el descubrimiento de Davy tenía una completamente nueva significación; los primeros exploradores modernos de la conciencia que experimentaron con hachís, con opio o más tarde con peyote, se habían encontrado con agentes psicodélicos que provenían de tierras lejanas y de sociedades apartadas de la civilización occidental; sin embargo el óxido nitroso, un gas que no se encuentra en la naturaleza, era producto de la ciencia moderna, representaba el progreso del ser humano en el conocimiento de la naturaleza, de su propio cuerpo y de su propia conciencia.

La Pneumatic Institution fue desde sus inicios un lugar extraño, una combinación de laboratorio, teatro y hospital en el que se mezclaba ciencia y poesía, pues además de los experimentos químicos y terapéuticos se llevaban a cabo al menos una vez a la semana lecturas de poesía. No solamente Davy y Beddoes eran lectores y poetas -además de químico y médico respectivamente-, también los visitantes eran en su mayoría médicos y personajes del mundo literario, todos interesados por los efectos psicoactivos del nuevo gas. Samuel Taylor Coleridge, William Wordsworth y Robert Southey, son tres de los más grandes poetas ingleses del siglo XIX que eran asiduos visitantes y consumidores del óxido nitroso. En el caso de Coleridge y Southey incluso colaboraron con la redacción de su propia experiencia con el gas, junto a otros voluntarios que también narraron sus descripciones de los efectos subjetivos producidos por la embriaguez del óxido nitroso y las cuales fueron publicadas en Researches. La experimentación con el óxido nitroso –podemos observarlo en el título del libro- se mueve rápidamente desde los posibles tratamientos médicos a un enfoque más filosófico en el que se trata de descifrar los efectos que el gas produce en la mente, en las emociones, en los sentidos y en general en la percepción de los voluntarios. En poco tiempo el enfoque terapéutico con el que había iniciado el programa cambia por completo a temas metafísicos y en especial, en el lenguaje. El filósofo español Ortega y Gasset escribió que los místicos eran los más formidables técnicos de la palabra y no deja de ser curioso que estos pioneros de la exploración de la conciencia pusieran énfasis en el lenguaje, tema del que poco o nada se ha investigado en los más recientes estudios sobre psicodélicos. Davy se dio cuenta que a menudo los voluntarios y él mismo se veían frustrados por la imposibilidad de describir con palabras su experiencia, lo inefable de la experiencia psicodélica, como escribe uno de ellos en Researches: “Tendríamos que inventar nuevas palabras para expresar estas nuevas y peculiares sensaciones o enlazar nuevas ideas a las antiguas, antes de poder comunicar inteligiblemente entre nosotros y a los demás sobre cómo opera este extraordinario gas.”

Un grupo de poetas

Un grupo de poetas componen versos bajos los efectos del óxido nitroso. Ilustración de Robert Seymour, 1829.

Los efectos subjetivos del gas produjeron una fascinación especialmente en los poetas que buscaban en esta nueva herramienta de la ciencia, nuevas sensaciones, nuevas formas de transmutar éstas sensaciones al universo poético. Incluso Coleridge escribiría sobre Davy: “es el padre fundador de la alquimia filosófica, el hombre que nació poeta y convirtió a la poesía en ciencia”. El poeta Robert Southey escribió una carta a su hermano describiendo las maravillas del gas poco después de haberlo consumido por primera vez:

“¡Oh Tom! ¡Qué gas ha descubierto Davy, el óxido gaseoso!

¡Oh Tom! He probado un poco, me hizo reír y estremecer cada punta de los dedos. Davy en realidad ha inventado un placer nuevo para el cual el lenguaje no tiene nombre.

¡Oh, Tom! ¡Iré por más esta tarde, lo hace a uno fuerte y tan feliz, tan gloriosamente feliz!

¡Oh, esa maravillosa bolsa de aire! ¡Tom, estoy seguro que la atmósfera de las más altas regiones del paraíso, debe estar compuesta por este gas!

Researches además de ser una publicación pionera en la investigación con un psicodélico de síntesis, también combina por primera vez información química con los reportes de los efectos subjetivos que este agente produce en voluntarios, precede en su composición, en la que se combina ciencia y literatura, química y poesía, a otras obras clásicas de la literatura psicodélica como Pihkal (Phenethylamines I Have Known and Loved) y Tihkal (Tryptamines I Have Known and Loved) de Alexander y Ann Shulgin publicadas en los años noventa del siglo XX.

Ilustración de George Cruickshank

Ilustración de George Cruikshank, publicado en Chemistry No Mystery de John Scoffern, en 1839

El proyecto fracasó en expandirse más allá de la Pneumatic Institution cuando Davy envió los detalles de la síntesis química e información sobre sus efectos subjetivos a otro grupo de químicos, The Watt Brothers en Birmingham. Ellos tuvieron problemas en la preparación de la síntesis, y no observaron los mismos efectos tras su inhalación. No se sabe con seguridad cuáles fueron las causas por las que Davy y Beddoes abandonaron por completo el proyecto con el óxido nitroso, pero sin duda, este fracaso fue una razón importante en la expansión de la revolución sobre el estudio de la conciencia que antes los había entusiasmado tanto. Al poco tiempo, se comenzó a dudar de la veracidad de los reportes de la Pneumatic Institution sobre los efectos subjetivos que producía el óxido nitroso, se publicaron algunas críticas en las que se aseguraba que no eran más que ilusiones de una embriaguez en el mejor de los casos del tipo alcohólica y se les ridiculizaba. Las pretensiones metafísicas de un joven científico y poeta de veinte años no fueran vistas de buena manera, aun tiempo después cuando el mismo científico se convirtió en uno de los más eminentes químicos de la historia de Inglaterra, su pasado como investigador de la conciencia con un agente psicodélico fue siempre visto como un “error de juventud”, no más que una aberración en su historial académico. También tuvo un importante peso la histeria en contra de las drogas que se desarrolló a finales del siglo XIX y sobre todo a principios del siglo XX, el proyecto de Davy pasó a la historia como meras elucubraciones de poetas intoxicados o como el historiador Mike Jay escribió: una historia de mala ciencia y peor poesía. El fracaso del grupo de Birmingham pesó mucho en el entusiasmo de los involucrados en el proyecto, no se estaba seguro de la acción farmacológica del gas y hasta entonces no se conocía ninguna sustancia psicodélica sintetizada –incluso tendría que pasar casi un siglo para que se aislara por primera vez la mescalina- y también se comenzó a dudar dentro del grupo sobre la veracidad de sus propias experiencias. Habría de pasar casi dos siglos más para conocer más sobre la acción farmacológica del óxido nitroso y así confirmar que en la Pneumatic Institution se experimentó de hecho con un agente psicodélico.

Tira cómica satírica

Tira cómica satírica de 1830 en la que se muestra a Humphry Davy, administrando óxido nitroso en una de sus lecturas sobre la química neumática.

Mediante los avances científicos en farmacología y neurobiología ahora conocemos sobre el modo de acción del óxido nitroso sobre el sistema nervioso: el óxido nitroso actúa sobre los receptores opioides y los GABA, de esta manera se puede explicar la sensación de placer y embriaguez característica de sus efectos, pero además actúa como antagonista de los receptores NMDA (N-metil-D-aspartato), son receptores ionotrópicos del glutamato, un neurotransmisor, que actúan como componentes prioritarios en la plasticidad neuronal y memoria. Es esta acción la responsable de sus efectos psicodélicos y la que emparenta al óxido nitroso a sustancias que serían sintetizadas un siglo más tarde como la fenciclidina (PCP) y la ketamina, ambas llamadas disociativos anestésicos por razones históricas: uno de los efectos secundarios que se presentaban en muchos pacientes era una distorsión de percepciones visuales y sentimiento de disolución de la personalidad.

Después de la publicación de Researches, el gas comenzó a ser utilizado en diferentes contextos, químicos se sintieron interesados en el nuevo gas, sin embargo, sus investigaciones no lograron mucho más de lo que había resultado de los experimentos en la Pneumatic Institution. Pocos años más tarde el gas obtiene popularidad entre el público no especializado a partir de espectáculos en los que se les daba a probar el óxido nitroso a los asistentes. Es mediante estos espectáculos de ciencia, famosos desde el siglo XVIII, como obtiene su nombre popular de “gas de la risa”, el efecto más común entre los voluntarios. El acto del voluntario embriagado después de inhalar óxido nitroso resultaba de forma impredecible y sin duda, cómico para el público. Para inicios del siglo XIX los gases aún eran una herramienta moderna de la ciencia y aún resultaba novedoso el hecho de que al inhalar algo invisible pudiera lograr efectos tan pronunciados en la conciencia y por tan corto tiempo para después volver a la normalidad. Es mediante estos espectáculos como el gas se importa a Estados Unidos desde Europa.

El óxido nitroso finalmente tiene una aplicación médica como anestésico casi cincuenta años después gracias al médico Horace Wells, pionero de la anestesia dental. Wells se interesa en el gas después de haber sido voluntario en uno de los espectáculos en los que se utilizaba el óxido nitroso. Al poco tiempo y después de varias pruebas se pudo dar cuenta que era una gran herramienta para la anestesia de corta duración, ideal para las extracciones dentales. Es precisamente bajo este contexto en el que aparece la segunda publicación importante sobre los efectos psicodélicos del óxido nitroso: Benjamin Paul Blood, un filósofo y poeta nacido en Amsterdam, Nueva York, tiene su primera experiencia con el óxido nitroso tras una intervención quirúrgica dental. Blood aprende a sintetizar el gas y tras diez años de bioensayos publica un texto en 1874 sobre sus experiencias llamado The Anesthesic Revelation and the Gist of Philosophy. Para Blood, la experiencia con el óxido nitrosos fue abrumadora, escribió que era una herramienta que podía “Abrir el Secreto del Ser… lo primordial”, remarcaba lo incomunicable e intransmisible de la experiencia, escribió que uno podría conocer las respuestas de las más grandes preguntas metafísicas con sólo inhalar este gas, comparaba al gas a “La manzana del conocimiento del Jardín del Edén”.  Si en Inglaterra los experimentos habían llamado la atención principalmente a poetas, en Estados Unidos son los filósofos los primeros que se interesaron en las revelaciones del óxido nitroso: Xenos Clark, filósofo de Massachusetts, pasó sus últimos días recolectando sus escritos sobre sus “revelaciones anestésicas”, J.A. Symonds, William Ramsay y William James fueron algunos de los más entusiastas.

Ilustración de Horace Wells

Ilustración de Horace Wells bajo los efectos del óxido nitroso en una extracción dental realizada por su colega John Riggs.

En 1882, el filósofo y psicólogo norteamericano, William James, publica The subjetive effects of Nitrous Oxide tras haber reseñado el panfleto de Blood. En esta publicación describe sus propias experiencias con el óxido nitroso. James recomienda con entusiasmo al lector probar el gas, una experiencia que le parecía corta y segura. Menciona que los efectos varían de persona a persona, sin embargo, en la mayoría de los casos, y así había resultado para él mismo, la experiencia resulta en una “intensa e incomunicable iluminación metafísica”. Estas investigaciones tendrían gran importancia para James en su filosofía posterior y serían la piedra angular para su más famoso libro Variedades de la experiencia religiosa. James afirmó que la experiencia le ayudó a entender los puntos fuertes y los débiles de la filosofía de Hegel, que para entonces había obtenido gran popularidad desde Europa hasta Estados Unidos. Llega a la misma conclusión que Blood -y en esta preceden a Aldous Huxley en su famoso libro The Doors of Perception- de que los artistas y filósofos tienen una inusual hipersensibilidad que para otras personas se alcanza solamente tras la ingesta de una sustancia psicodélica. La tesis en su Variedades de la experiencia religiosa es la misma: se puede llegar también a la experiencia mística por la vía farmacológica. En el capítulo sobre este tema escribió:

El óxido nitroso y el éter, particularmente el primero, cuando están suficientemente diluidos en el aire estimulan la conciencia mística en un grado extraordinario. Parece que al inhalador se le revela lo profundo más allá de la profundidad misma de la verdad. Pero esta verdad se desvanece o escapa en el momento de volver en sí, y si alguna palabra queda de lo que parecía revestiría resulta ser un auténtico sin sentido. De todas formas persiste la sensación de que se dio un significado profundo y conozco a más de una persona que está persuadida de que en el trance dcl óxido nitroso experimentamos una revelación metafísica genuina.

Hace algunos años yo mismo realicé algunas experiencias sobre este aspecto de la intoxicación por óxido nitroso, y escribí un informe en el que una conclusión tomaba cuerpo, ya en aquel tiempo, y cuya impresión siempre ha permanecido firme. Se trata de que nuestra conciencia despierta, normal, la conciencia que llamamos racional, sólo es un tipo particular de conciencia, mientras que por encima de ella, separada por una pantalla transparente, existen formas potenciales de conciencia completamente diferentes.

En las investigaciones científicas y filosóficas de Davy, Blood y James encontramos los primeros intentos de entender la totalidad de la experiencia psicodélica, precediendo a los que en el siglo XX tendrían su auge en la década de los cincuenta y sesenta tras la síntesis y aislamiento de nuevos psicodélicos. Estas publicaciones pioneras tienen un gran valor histórico y también empírico para la ciencia psicodélica que resurge en el nuevo milenio tras un bloqueo de casi cuarenta años debido a leyes antidroga. Recientemente, estudios sobre la ketamina, un anestésico emparentado en su acción farmacológica al óxido nitroso, comienzan a mostrar prometedores resultados en diferentes aplicaciones terapéuticas, por ejemplo, ha resultado especialmente útil para combatir algunos tipos de depresión que no remiten con los fármacos usuales. Las  investigaciones sobre las propiedades metafísicas y la modificación profunda de la conciencia de la experiencia psicodélica también han tenido un avance considerable, teorías como la del “entropic brain” o la “integrated information theory” podrían explicar finalmente lo que experimentaron los voluntarios de la Pneumatic Institution a principios del siglo XIX.

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Mario Manjarrez Briseño
(Monterrey, 1984) es escritor, traductor, psicoanalista y record dealer. Colaborador del colectivo interdisciplinario Farmacolectivo, editor del boletín sobre psiconáutica Ilustración Farmacológica. Ha traducido a Alexander Shulgin y a David Nichols, entre otros autores clásicos y modernos de literatura y ciencia sobre drogas psicodélicas.

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