The Free Design: Sé libre

Esteban Cisneros

The Free Design: Sé libre
Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

The Free Design, el libre diseño, más que un nombre o un título, es un manifiesto. Podría ser un movimiento artístico de principios del XX. Toda una escuela de arte. Pero The Free Design, un grupo musical nacido a finales de los 60, hizo honor al nombre con un sonido más que moderno, música de avanzada para oídos exigentes.

Entre 1967 y 1973, The Free Design grabó siete álbumes y, aún así, nunca tuvieron una canción dentro del Top-40. Nunca atrajeron multitudes. Y tampoco era necesario. Su música es un tesoro para los arqueólogos del hi-fi, un guante blanco para los justicieros del ritmo. Son tan de avanzada que, sin temor a decir una barbaridad, en 100 años seguirán siendo confundidos con grupos del momento.

Proyecto familiar, el libre diseño fue consecuencia de la obsesión musical que Art Dedrick, notorio jazzista en los 40, heredó a sus hijos e hijas (Rusty, hermano de Art, también fue trompetista.) Con Chris Dedrick (guitarra, voz) a la cabeza de una pandilla de salón de juegos en el que más que cubos para construir había instrumentos musicales, los hermanos comenzaron intentando emular a los Hi-Lo’s, un grupo de armonías vocales acrobáticas. Sandy (teclados) y Bruce (guitarra y trombón) siguieron a su hermano, formando un grupo pop que evidenciaba una formación clásica: complejas secuencias de acordes, inspiración del jazz, con complejas armonías vocales y ritmos sincopados. Luego se unieron Ellen y Stephanie, tocando todos los instrumentos restantes posibles. De miedo.

A los 19, Chris grabó “Kites Are Fun” con ninguna experiencia en el estudio. Aún así, su composición supuso el inicio de The Free Design. La canción, de una dolorosa ingenuidad, habla sobre lo divertido de volar cometas (algo ilegal en León, por cierto). Puro genio. El primer disco de los Dedrick se llamó, claro, Kites Are Fun (1967) e incluía lo mismo sensacionales canciones originales (“Umbrellas”, “My Brother Woody”, la gigantesca “Make The Madness Stop” o la narcisista “The Proper Ornaments”) que versiones que, por lo extraño del sonido, funcionaban y se convertían, casi, en una creación propia (“Michelle” de los Beatles, “59th Street Bridge Song” de Simon & Garfunkel o el tema del filme A Man and a Woman de Francis Lai). El álbum fue lanzado mediante Project 3, el sello del audiófilo, científico, productor y músico Enoch Light.

Le siguió You Could Be Born Again (1968), con el mismo extraño sonido, atemporal, casi extraterrestre. La complejidad de las canciones aumentaba, pero también el encanto pop. Aquí también hay versiones de rigor (“California Dreamin’” de los Mamas y los Papas, “Eleanor Rigby” o “Happy Together” de los Turtles) pero destacan las monumentales composiciones de Dedrick: “I Found Love” o “You Could Be Born Again” caben en cualquier cancionero envidiable. Sí, señor Bacharach. Sí, señor Wilson. Sí, señor Nichols.

The Free Design no estaban hechos para esos tiempos de psicodelia dura y rock duro. El público Woodstock estaba más por otros sonidos y, evidentemente, este segundo álbum tampoco vendió bien. Heaven/Earth (1969) de todos modos mantiene un sentido del humor que incluso está 30 años adelantado: “2002 – A Hit Song” es un clásico.

En 1970 se publica Stars/Time/Bubbles/Love, mi favorito. “Bubbles” es la canción, una cosa funky con una melodía asesina que seguramente volvió loco a J Dilla. “Kije’s Ouija” es easy listening fantasmal, como para una séance en la oscuridad. “Time and Love” es una excelente versión al original de la espectacular Laura Nyro.

Ese mismo año The Free Design Sing for Very Important People recopila algunos éxitos pasados con éxitos nuevos como “Love You(otro clásico) y algunas canciones infantiles. One By One (1971) es el último disco que graban con Project 3 y There Is A Song (1972) es su último como grupo, lanzado en el sello Ambrotype.

The Free Design, proyecto fugaz, se perdió en la oscuridad durante mucho tiempo, a pesar de que Chris nunca dejó de ejecutar y producir música propia y ajena. Así se mantuvo durante años. Pero La Música a veces (sólo a veces) se empeña en hacer justicia a los que la merecen. Un interés por el sunshine pop y el easy listening a finales del XX los puso de nuevo en el mapa. Cornelius, músico japonés, reeditó sus discos en su sello, Trattoria. Lo mismo hizo Siesta Records más tarde y ya en los 2000, Light In The Attic hizo lo propio. Cherry Red recopiló sus mejores canciones en un solo disco, The Best.

Desde los 90, también, hay un grupo legendario que ha construido su sonido, tan peculiar, sobre las bases que sentaron los hermanos Dedrick: Stereolab. En 1999, titularon The Free Design a uno de sus singles. Algunos nombres que escucharon ese Algo Especial en esa música con nombre de escuela de arte: Madlib, Danger Mouse, Pizzicato Five, Super Furry Animals, Louis Philippe, Belle and Sebastian, Kid Koala, The High Llamas; algunos incluso rehicieron algunas canciones del grupo como tributo en una serie de lanzamientos de Light In The Attic.

En 2001, Chris, Sandy y Bruce reformaron el grupo para grabar un último álbum, Cosmic Peekaboo. Y para disfrutar de su resurgimiento. A pesar de que nunca, ni con el revival, se convirtieron en un grupo ultravendedor, al menos pueden decir que se le hizo justicia a su música que, por supuesto, sería un pecado pasar desapercibida.

Hay qué escuchar más a The Free Design.

El 6 de agosto de 2010, Chris murió víctima de un cáncer. En su sitio web, el mensaje de su esposa a sus fans fue el título del único disco solista de Dedrick y también su filosofía de vida: Be free. Sean libres.

 

C/S.

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Esteban Cisneros
(León, Guanajuato) es panza verde, músico de tres acordes, lector, escritor, dandi entre basura. Cuanto sabe lo aprendió entre surcos de vinilo y vermú. Está convencido de que la felicidad son los 37 minutos que dura el primer disco de Dexys Midnight Runners. Procura llevar una toalla a todos lados por si hay que hacer autoestop intergaláctico.

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