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14:25h. Sábado, 27 de Mayo de 2017

Cien películas para una vida [V]

Rafael Cisneros

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

60. Evil dead II (1987) de Sam Raimi

Nunca nos hemos divertido tanto con el terror que con la obra maestra de Sam Raimi, cuando todavía era el director de chuscadas magníficas que hallarían su lugar en la tan-mencionada-particularidad-que-ya-es-su-propio-género del cult film, mucho antes de atentar contra la humanidad con su repulsiva trilogía de Spiderman (o quizás sólo dos, aún trato de negar la existencia de la tercer entrega). La secuela que superó a su predecesora, Evil Dead II era de esas películas que pasaban cada eclipse en Canal 5 (En tu mismo canaaallll!), pero una vez presentada en los cortes comerciales, la anunciaban de formas tan aterradoras (tan sólo su título latino es El Despertar del Diablo, un título pesado para un niño) que nunca me atreví a verla sino hasta mediados de la preparatoria. Por supuesto que la amé, y por supuesto que tuve mis momentos de miedo, pero eran momentos que realmente quería que pasaran. Los rostros extremadamente grotescos y deformes de los zombies y fantasmas eran el tipo de criaturas que uno esperaba ver en las mejores cintas de horror, o en cosas como Cuentos de la Cripta, y ahora los tenía todos reunidos en una sola cinta de hilarantes momentos, explotados con la debida dosis de apariciones y retorceduras en un peliculón entre miles. ¡Un deleite al que vuelvo cada octubre sin falta! O cada que me da la jodida gana de pasarla en grande. Es extraño que las mejores película sobre cabañas en medio del bosque no sean las bienintencionadas con el supuesto terror, las que buscan espantantar con trucos y clichés sin más ni menos. Son cosas como The Cabin In The Woods, Tucker & Dale vs. Evil, o esta perfecta y predilectísima Evil Dead II, las verdaderas joyas del horror, ya que cuentan con el sentido del humor de una situación horrenda en la cual, desde un principio, es una pésima idea. I mean, c’mon, guys! ¿Realmente piensan ir a una vieja y rechinante cabaña en medio de un bosque fantasmal a pasar sus vacaciones o fin de semana? ¡Allá ustedes! ¡Disfruten las consecuencias! Nosotros nos reiremos de ustedes en casa. Existe una delgadísima línea entre el terror y la comedia, y son estas cintas las que deciden mandar toda solemnidad al demonio y hacer la mezcolanza perfecta para un entretenimiento memorable; y de paso aportar al lenguaje cinematográfico. ¡Total!

 

59. Deux jours, une nuit (2014) de Jen-Pierre y Luc Dardenne

Marion Cotillard hace de una mujer que necesita su empleo. Sus superiores creen que no es apta para trabajar dada su depresión, entonces hablan con sus compañeros de trabajo y les dicen, a espaldas de ella, que les darán un bono de productividad si todos optan por despedirla. Desde luego que acceden, pero eso no lo sabemos sino hasta los momentos cruciales en el camino de esta mujer. Marion Cotillard va de puerta en puerta de sus compañeros para explicarles su situación, que realmente necesita el empleo, topándose a su vez con las delicadas necesidades del bono de productividad que también buscan para subsistir. Algunos cederán, otros negarán definitivamente, otros lo pensarán dos veces, otros podrían cambiar de opinión, para bien o para mal. Acompañada de su esposo (uno de los grandes ejemplos masculinos de paciencia, perseverancia, apoyo y cariño que he tenido el placer de encontrar), Marion Cotillard emprende una búsqueda que, en veces lastimosa pero siempre comprensible, nos dará las altas y bajas más identitarias con nuestro día a día, todas la naturalidad del lenguaje corporal, ya sea en reacciones de decepción o alegría sumándose a la atronadora depresión, nos serán de catártico hallazgo.

Los hermanos Dardenne entregan una de las cintas más empáticas que jamás he visto, donde no existen blancos y negros, donde todo argumento, ya sea a favor o en contra de la protagonista, son profundamente comprensibles. Momentos de extrema tristeza desarrollados en la simple conclusión de no poder ceder al bono por una compañera, pero qué momentos llegan al alivio de nuestra alma cuando uno, de pura suerte o por gratificante convicción, accede a ayudar a alguien más. Aquí todo pasa, y pasa todos los días en el mundo. Dos días y una noche para la eternidad cotidiana.
 

 

58. The deer hunter (1978) de Michael Cimino

La guerra en el cine suele manifestarse con armonía estética, desde la crueldad de los cuerpos balaceados, el encuentro trágico entre sus personajes, los diálogos memorables y reflexivos, y los paisajes bombardeados. La apreciación de nuestro más notorio, más humano y más definitorio talento: la guerra. No creo que este sea el caso de The Deer Hunter, ya que es precisamente la falta de esteticismos y la franqueza de sus circunstancias e imágenes lo que me ha marcado desde que la vi. Es la historia de tres amigos (y sus allegados) en un pueblo minero, que son enlistados para ir a Vietnam. Justo después de la boda de uno de ellos, y de un fin de semana de cacería de venados, las circunstancias nos colocan, de golpe, a los amigos y a nosotros espectadores en medio de la afamada guerra que duró casi un par de estruendosas décadas. Ahí deberán encarar una de las escenas más icónicas de la historia del cine: la ruleta rusa. Pero aun siendo esta escena una de las cúspides de la cinematografía universal, es el retorno a casa lo que más duele y acalambra el alma. Aquí se plantean tres rutas de intenso dolor: Robert De Niro regresa a casa con la promesa de una bella bienvenida, pero su lucha interna de haber vivido tanto y de sentirse reponsable del destino de todo cuanto conoce, lo enclaustran en impotentes deseos de compensar lo que se ha perdido; carga con el peso completo de esta historia, y busca rescatar lo que quede de sus trozos. John Savage es regresado por obligación al haber perdido ambas piernas y un brazo, intentando vivir alejado de sus conocidos dada la irreparable demencia de postguerra que gesticula por él. Christopher Walken, en cambio, decide quedarse en Vietnam, a pesar de haber pasado por tanto. Ahí mismo se gana la vida en el juego que tanto le horrorizó y temió en su momento; se vuelve un experto en la ruleta rusa (probablemente un experto moldeado por la pura suerte) y queda trastornado al grado de la amnesia. En casa yacen en espera las personas que aman a esta tríada mutilada en cuerpo y espíritu, expectantes de algo que no volverá ser igual.

Aquí encontrarán las escenas más difíciles de afrontar, ya sea en la crueldad de una tierra en conflicto bélico o en los llantos del hogar, el propio hogar al que no se desea arribar. Una de las cintas mejor actuadas que existen, cada escena se compone del más impecable desarrollo de personajes que se pueda encontrar, desde los cincuenta minutos de boda iniciales, cruzando la terrible secuencia de la ruleta, hasta el turbulento regreso a un hogar que luce tan lejano como el porvenir, The Deer Hunter es otra joya para la eternidad. No puedo verla sin romper en llanto; ese llanto que te hace hiperventilar y chorrear hasta acabarte los ojos… simplemente no puedo con ella… por eso la amo.

 

57. Dear Zachary: A letter to a son about his father (2008) de Kurt Kuenne

Esto no es una ficción. Es un documental en honor a una persona real, Andrew Bagby, un hombre amado por amigos y familiares, y altamente admirado y querido por su sociedad, que fue brutalmente asesinado por una exnovia psicópata: Shirley Jane Turner. Kurt Kuenne, director de esta magna ejemplificación investigativa, recorre la vida de su mejor amigo asesinado, explorando cada detalle de su vida, visitando cada persona que le conoció, viajando a cada rincón en el que su amigo dejó esa pequeña pero imperecedera huella en sus entornos, hasta lograr completar su historia lo suficiente para heredarla al hijo de Andrew, el pequeño Zachary. Hijo accidental del perturbador noviazgo de Andrew y Shirley, pero bienvenido a una vida de amor por parte de sus abuelos, los valientísimos padres de Andrew, el pequeño Zachary, así como nosotros, conocerá la historia completa de su progenitor gracias a la perseverancia cognitiva y pasión cinematográfica de Kurt Kuenne… ¿Verdad?

¿Verdad?

¡¡¡¿¿¿VERDAD???!!!

Uno de los más impresionantes documentales que he visto en mi vida, punzante en la edición, preciso en la información, desconcertante en el contenido, frustrante en la situación, estamos sin lugar a dudas ante un hallazgo narrativo jamás experimentado. Es también una de las documentaciones más horrendas que existen, pues se trata de una pesadilla que insiste en dar todos los brincos para acabar, de una vez por todas, con nuestra fe en la humanidad. Esta labor de Kurt Kuenne merece estar en el olimpo donde se asientan Searching for Sugar Man, Senna, The Art of Killing, Grey Gardens, Grizzly Man, Hoop Dreams, Bowling for Columbine, Nanook o cualquier otro de esos documentales que aportan a la humanidad tanto como el hallazgo de una vacuna, la firma de paz entre naciones o un álbum de The Beatles.

Si no estás listo para la peor de las indignaciones, la más cruel casualidad destruyendo la vida de muchos, y la mayor injusticia arrazando historias a favor de su propia locura, será mejor que no veas este documental. Pero si también deseas conocer la empatía y perseverancia humanas, la unidad de personas en lucha contra las bazofias sociales, y la fuerza de personas que lo han perdido todo y aún así optan por la continuidad, entonces esta es la carta para ustedes, la carta para un hijo sobre su padre, la carta al pequeño Zachary, y a todos aquellos como él.

 

56. Day for night (a.k.a. LA NUIT AMERICAINE) (1973) de François Truffaut

Película hecha para quienes aman las películas. ¿Qué metaficción puede causar mayor felicidad que el de una película dentro de una película? ¡Y mejor aún para los aspirantes al cine! ¿Qué mejor que un behind the scenes como argumento central de una película? Pues aquí está, mi predilecta de Truffaut (lo siento 400 Coups, los siento Tirez Sur Le Pianiste, lo siento todas las demás), y seguramente una predilecta de tantísimos cinéfilos y cineastas que han crecido frente, detrás, arriba y debajo de la pantalla. No tengo mucho qué decir al respecto, sólo darles la bienvenida al mejor Making Of jamás filmado, donde se plantean todos los problemas que conciernen a las películas (preproducción, producción y postproducción) a modo de realidad tangible en perfecta mezcla con la ficción: comedia, conveniencia, casualidad, y capacidad de asombro al servicio de una carta de amor al cine. Amo a esta cinta como amo al cine mismo, y agradezco la interminable aventura que plantea: el placer de contar historias.

 

55. Danton (1983) de Andrzej Waijda

Mi favorita del legendario director de Cenizas y Diamantes. Es el año de 1794 en Francia; el Reinado del Terror se halla en pleno y demoledor apogeo. Entre las callejas y plazas públicas de París, el revolucionario Georges Danton (interpretado por Gérard Depardieu) continúa siendo un dolor de cabeza para Maximilien Robespierre (interpretado por Wojciech Pszoniak), y más pronto que gritar el afamado estribillo Vive la France!, ambos colisionan históricamente a través de charlas de café y jurados repletos, casi siempre a puerta cerrada; eso al menos hasta el final que, si conocen la historia verdadera, saben cómo acontece y bajo qué justificaciones: a pleno aire, a plena plaza pública, bajo el afilado tintineo de la guillotina.

No hay un sólo detalle en esta magnífica cinta histórica que luzca de más, no hay una sola actuación que no asombre, y no hay una sola escena que no sea memorable. De principio a fin, Danton ilustra a filo de política, a tino narrativo y a encanto teatral, una de las historias francesas más conocidas, más exploradas, y sin embargo, tan poco logradas en la pantalla. Waijda logra plasmar en la pintoresca precisión de la época, el relato de la descompostura social en la Francia de este par de protagonistas, mostrándolos brillantes a la par, sin satanizar a ninguno, sin atrofiar su imagen con blancos y negros, sino ilustrándolos con la inevitable discordancia a la que afrontan sus distintas luchas. Entre Danton y Robespierre hay respeto, hay temor, y por tanto, hay una batalla difícil en la que, salga el vencedor que salga, afectará el destino del país predilecto de las artes, la política, y el conflicto social. Danton de Andrzej Waijda es novela histórica, y mejor aún, el mejor cine que existe.

 

54. Boogie nights (1997) de Paul Thomas Anderson

Para mí, después de Kubrick, el próximo dios en heredarnos las más grandes historias del cine, es nada menos que Paul Thomas Anderson, y he aquí la primera de él que incluyo en mi listado; así es, esperen más de él.

De tan sólo 28 años, y después de sorprender al mundo con su ópera prima, Hard Eight (a.k.a. Sydney), el apasionado y entusiasta P. T. Anderson realizó un sueño de vida, uno que llevaba 10 años intentando expander. Al fin, Boogie Nights ve la luz en 1997. Simplemente la mejor película que existe sobre los 70’s (independientemente de su tema a tratar), es la historia de Dirk Diggler, un joven carismático (en veces con aires infantiles) que logra el estrellato en la industria pornográfica gracias al inusual talento de su todavía-más-inusual atributo: su pene es gigantesco; nunca lo vemos a cuadro, pero no hace falta (no es de ese tipo de película), el rostro extasiado y sorprendido tanto de ejecutivos como de actrices que colaboran con él nos dicen más que suficiente.

El mejor Mark Walhberg de su carrera interpreta a Dirk (cuyo nombre verdadero es Eddie Adams), quien es “descubierto” por Jack Horner (interpretado por el mejor Burt Reynolds de su carrera; ¡lo siento, Burt! ¡Así es y se acabó!), un director de cintas porno que desea darle un giro innovador a la industria, centrándose más en el desarrollo de las tramas cuyas escenas de sexo las complementen al punto de crear... arte. Acompañado de su pequeña casa productura, Dirk hallará una familia que, aún en el mundo que eligieron vivir, se aman con el auténtico cariño de las familias comunes. Para Dirk están las aventuras y desventuras de una industria que roza entre la crueldad, lo extraño y la desesperación, así como la posibilidad de una vida tranquila, incluso bella, de ensueño, y no en el sentido del sexo interminable, sino en la capacidad de corresponder a un grupo de personas que se importan y cuidan unos de otros. Para nosotros, nos queda vivir el milagro de hallar, aún en la industria porno, esa satisfacción familiar y profesional. Una cinta con mucho sexo y drogas, pero también con mucha alma, entendimiento, unidad, y el tema predilecto de mi estimado P.T. Anderson: amor.

 

53. Arrival (2016) de Denis Villeneuve

Y hablando de mucha alma.

Arrival, una más de Denis Villeneuve para mi listado personal, es de esas cintas que simplemente cambian la vida, que aportan al entendimiento humano, y sobre todo, crean ese extraño antes-y-después en la historia del cine.

Basada en el cuento Story of Your Life de Ted Chiang, es el relato de Louise Banks (mi hermosísima Amy Adams), una de las más expertas lingüistas del mundo que es contratada por el ejército para estudiar el idioma de unos extraterrestres recién llegados. A través de su relación con los heptapods cuyo idioma circular se vuelve en una de las grandes imágenes de la cultura actual, y su relación con sus compañeros de trabajo, en especial con el físico Ian Donnelly (mi queridísimo Jeremy Renner), Louise hallará significado en el recuerdo (incierto) de una hija que perdió. Todas estas conexiones le harán descubrir el poder del lenguaje y la memoria, así como la fragilidad humana ante situaciones que, en primer lugar, no tenían por qué ser frágiles.

Nuevamente llegan los extraterrestres a la Tierra (cuyas naves lucen la forma de un lente de contacto; acorde a algunas teorías de importante valoración), donde la peor de las especies hace exactamente lo que se espera de ella: humanos cundiendo el pánico y sacando conclusiones excesivamente rápido, creyéndose estar en la invasión que acabará con todo. Pero aquí los héroes no son soldados o uno en particular con la estúpida y sobrenatural capacidad de detener el peligro; aquí la heroína es una lingüísta, una comunicadora, una maestra en disposición de recibir las enseñanzas de una raza ajena a la nuestra; sin superioridades impuestas, sólo interacción entre una especie y otra. Y el peligro es inexistente, al menos por parte de los visitantes.

Esta cinta, para mí una de las mejores de ciencia ficción desde que Kubrick hiciera danzar un vals a los planetas, te llevará a la apreciación del lenguaje como el mayor vínculo entre nosotros y las posibilidades externas, el lenguaje como herramienta definitiva para la unidad de mundos y percepciones. Por desgracia, somos pésimos en esto. Esta cinta también te hará odiar a la humanidad, al tiempo que ayudará a apreciar sus excepciones que intentan hacer la diferencia entre el entendimiento de los idiomas y la idiosincracia impulsiva de lanzar misiles a aquello que desconocemos. Actuaciones, dirección, guión, ambientación, música, fluidez narrativa, estética. Estimados lectores, esta cinta me resulta simple y sencillamente perfecta.

 

52. The Apu trilogy (1955, 1956 y 1959) de Satyajit Ray

Para este listado he elegido nada menos que “Tres Trilogías” de mi predilección. Empezamos con la muy amada y apreciada Trilogía de Apu, la obra maestra del cineasta bengalí, Satyajit Ray. Esta trilogía se cuenta entre las obras predilectas de tanto cinéfilos y como cineastas en el mundo, y su status, nada gratuito, es un éxtasis narrativo y estético para cualquiera que desee experimentar una grandísima historia. El coming-of-age de su protagonista, Apurba Kumar Roy, que vivimos a través de tres bellísimas partes, es uno de los grandes monumentos del cine, honrando la naturaleza humana y uno de sus más distinguidos temas: el inevitable hecho de crecer. Crecer en la India.

Dividida en Pather Panchali, Aparajito (siendo estas dos la ópera prima de Satyajit Ray; ¡vaya que hay genios de primeros intentos además de Orson Welles y P.T. Anderson) y Apu Sansar, cuenta la historia del ya mencionado Apu que pasa de ser un niño rural a aspirante a escritor en la ciudad de Benares, luchando constantemente con la pobreza y la muerte de sus allegados, aventurándose (mas no resignándose) a su cambiante destino, y afrontando las responsabilidades y pérdidas que lo convertirán en uno de los personajes más memorables de la historia.

Para quienes deseas saber más del valor de esta cinta, por favor, aprecien el siguiente vídeo:

Un milagro cinematográfico para todas las generaciones.

 

51. American splendor (2003) de Shari Springer Berman y Robert Pulcini

Comedia entre las comedias, inteligente entre las más inteligentes, la biografía cinematográfica de Harvey Pekar, el querido autor underground de la serie de comics American Splendor (cuyos primeros números datan desde los 70’s), es sin duda de los grandes aportes al cine, y sobre todo, al carácter humano.

Cinta con la cual fácilmente nos identificamos, y a la que agradecemos en cada una de las vistas, American Splendor nos sirve hasta de trascendencia en aceptación de uno mismo como entidad prescindible, vagua, banal, pero extrañamente, nunca sin un sentido, aunque sea el sentido cotidiano. Vidas y comics que tratan de todos los días, situaciones memorables por ser muy cercanas a las nuestras, la cinta emplea mezclados de técnicas que van desde el dibujo al sketch, del ensayo fílmico al documental, de la ficción a la inevitable realidad, un malabarismo que en ningún momento desequilibra, por el contrario, aporta a nuestras vidas.

Paul Giamatti no sólo se transforma en la figura de Pekar, sino que interactúa con el propio Pekar, el sujeto de la vida real. El propio autor aperece en momentos que no podrían llamarse cameos, ya que su aparición es esencial en el progreso de una historia que, bajo el estilo en el cual está filmada, parece tener vida propia, sin dirección aparente, así como los comics de Pekar, así como las historias que retrata: la vida misma haciendo de las suyas, cada una de sus rutinas inmortalizada con el honesto valor de los artistas que, lejos de ser cretinos pretensiosos, son personas con los mismos conflictos que cualquier de nosotros.

Descanse en paz, Harvey Pekar, y su esplendor que le llegó a tantos.

C O N T I N U A R Á

 

 

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Rafael Cisneros
(León, Guanajuato, 1988) es escritor y cinéfilo. Ha producido, dirigido y editado numerosos videos para publicidad, grupos pop y cortometrajes artísticos. Ha publicado, bajo varios seudónimos, numerosos cuentos.

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