jueves. 09.07.2020
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¿De dónde vienen los cronopios?

Ana Baez

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook
¿De dónde vienen los cronopios?

Si encontráramos la manera podríamos  vivir mil veces más de lo que estamos  viviendo por culpa de los relojes,  de esa manía de minutos y de pasado mañana.
 
(Cortázar, El perseguidor, 1959)

 

La fantasía se vive de forma distinta en cada mente. Algunos la perciben desde su imposible ocupación en la realidad, su utilidad consiste en ser un medio para llegar al asombro, mientras que otros nacen con ella y lo imposible es distinguirla y dejar verle, es un color más del mundo de lo real.  En el segundo caso, la fantasía se vuelve una condición irremediable, y todo aquel que la tenga presente y quiera pertenecer al mundo de lo real, tiene un solo medio para  nombrarla en todos sus posibles lenguajes. Este medio es el arte.

Se podría ofrecer en este texto una lista incompleta de las mentes que alguna vez se dedicaron a narrar todo aquello que la fantasía dijo, dice o dirá. Tal tarea, para que fuera justa, sería una labor interminable. Sin embargo, se puede rescatar un bestiario, un cronopio, un fama, una ménade, una esperanza, un cazador de crepúsculos, un perseguidor, un Lucas de personalidad indefinida, una casa tomada, un manual de instrucciones, y más de todo a lo que Julio Cortázar dio nombre desde lo que él consideraba el terreno de lo fantástico.

Eso que no se piensa; eso que sucede mientras se está viendo sin estar pensando.

 

Es un estado de distracción y que nadie sabe bien qué es, porque cuando somos pequeñitos nuestras madres y nuestras maestras nos enseñan que no hay que distraerse, e incluso nos castigan por lo cual quizá, acaso sin saberlo, nos están privando desde la infancia de una posibilidad dentro de muchas posibilidades de cierto tipo de aperturas. (Cortázar, 2016).

 

Es un estado de distracción que se asemeja a la sensación de cuando un planeta se te sube a la cabeza, en el que el tiempo olvida toda cronometría y el espacio va y viene, rebotando en una dramática inconsistencia donde predomina la incertidumbre.

 

Desde muy niño lo fantástico no era para mí lo que la gente considera como fantástico; para mí era una forma de realidad que en determinadas circunstancias se podía manifestar, a mí o a otros, a través de un libro o un suceso, pero no era un escándalo dentro de una realidad establecida. (Cortázar, 2016)

 

Esto que Cortázar entiende como fantástico, fue lo que en su momento reveló el contenido de casi todos sus cuentos; el cuento para él fue el medio en el que la fantasía podía ser puesta en palabras. En alguna ocasión, mientras impartía clases en Berkeley, dijo:

 

He comparado el cuento con la noción de la esfera, la forma geométrica más perfecta en el sentido de que está totalmente cerrada en sí misma y cada uno de los infinitos puntos de su superficie son equidistantes del invisible punto central. (Cortázar, 2016)

 

Cortázar expone al cuento como un episodio bien vivido, con punto final tipográficamente pesado, estrecho y lleno de culminación. En sus cuentos se percibe esta presencia esférica como símbolo geométrico que puede contener la incertidumbre de lo fantástico. No habría más que leerlo para distinguir todo lo dicho.

Lo que aquí se ha leído tal vez pueda ser una hoja en blanco, pero siempre puede adquirir un poco de rubor en el andar de lo fantástico, ese mundo que es otro mundo y que ha sido descrito por personajes de latidos insólitos, como lo fue Cortázar. En su escritura se pueden encontrar párrafos llenos de palabras que jamás simpatizarán estando juntas. Después del quinto o sexto texto, el lector verá con claridad el estorbo entre ellas, pues se desconocen juntas.

Porque a diferencia de lo que algunos piensan, fantasía no necesariamente es un acomodo estético que navega en un desorden exótico; de sus entrañas devienen las historias más impresentables para la letra cotidiana.

 

 

Ésta es una historia muy muy breve que casi me ha sucedido a mí una vez:

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta. (Cortázar, Los caminos de un escritor, 2016)

 

¿Tú has perdido una llave?

 

(La imagen que acompaña a este artículo es la portada del álbum Bird & Diz de Charlie Parker y Dizzy Gillespie (1952). Charlie Parker es uno de los personajes en el cuento El perseguidor, de Julio Cortázar (1959).

 

 

Bibliografía

Cortázar, J. (2016). Los caminos de un escritor. In A. B. Garriga, Clases de literatura, 1980. Ciudad de México: DeBolsillo.

Cortázar, J. (1959). El perseguidor. In J. Cortázar, Las armas secretas.

Alfaguara.

 

 

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Ana Baez. Politóloga (IBERO) dedicada a la duda y a su comunicación desde el asombro. Ha trabajado en medios de comunicación, consultorías de estrategia de comunicación política y proyectos de investigación relativos al estudio de la Ciencia Política en el mundo. 

 

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