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05:50h. Domingo, 24 de Marzo de 2019

Celebrar la literatura

Daniela Aguilar


Las celebraciones literarias tienen fama de aburridas pláticas interminables con palabras raras y pomposas. Así: pomposas.

El Día de la Toalla es más bien una pequeña fiesta literaria celebrada alrededor del mundo en honor a Douglas Adams y su saga La guía del autoestopista galáctico. Y de pomposo no tiene nada.

¿Cuándo? El 25 de mayo, cada año.

¿Y, qué se hace? Portar una toalla.

¿Cómo? Como sea, da igual, el punto es llevarla, por aquello del sol, frío, secarse el cuerpo o evitar riñas con bestias tontas y peligrosas. Yo la he usado como capa de superhéroe, sombrilla para leer más cómodamente al medio día, tapete de yoga, bufanda y falda tipo Hawaii. Ya lo decía Adams EN su libro La guía del autoestopista galáctico (saga que en México puede encontrarse en bonitas ediciones de bolsillo Anagrama):

Una toalla es el objeto de mayor utilidad que puede poseer un autoestopista interestelar. En parte, tiene un gran valor práctico: uno puede envolverse en ella para calentarse mientras viaja por las lunas frías de Jaglan Beta; se puede tumbar uno en ella en las refulgentes playas de arena marmórea de Santraginus V, mientras aspira los vapores del mar embriagador; se puede uno tapar con ella mientras duerme bajo las estrellas que arrojan un brillo tan purpúreo sobre el desierto de Kakrafun; se puede usar como vela en una balsa diminuta para navegar por el profundo y lento río Moth; mojada, se puede emplear en la lucha cuerpo a cuerpo…

Y aunque en México no tiene todo el auge que quisiéramos,cada vez somos más los que llegamos a nuestras actividades del 25 con toallas coloridas, a causar miradas repelentes, gestos inquisidores y la pregunta ¿y eso qué?

Porque la literatura no tiene por qué ser todo seriedad.

En mi antigua escuela solíamos escribir poesía vogona: la peor de las peores, te daña seriamente e incluso en algunos rincones es usada como método de tortura, se rumora que cumple bien el objetivo. Los vogones en los libros de Adams son criaturas burocráticas, aburridísimas, insensibles y, bueno, escriben una poesía horrorosa (cualquier parecido con personajes de nuestra realidad cotidiana puede no ser accidental). Y luego nos reuníamos a escuchar y hacer una votación al más terrible poema. Debo admitir que el último año que estuve allí fui de las finalistas aunque el puesto se lo llevó otro. Llenábamos un mural en el mes con referencias a Adams, el día en cuestión salíamos un par de horas a enrollarnos las toallas y fotografiarnos en las poses más ridículas y divertidas.

Porque la literatura no tiene por qué ser todo seriedad.

Los que perdimos el típico pudor de las redes sociales y preferimos reírnos de nosotros mismos subíamos inmediatamente las fotografías con hashtags como #TowelDay #42 #DouglasAdams. Y así te dabas cuenta del culto que hay alrededor del mundo hacia los libros de nuestro autor inglés favorito.

Como dice un artículo en Internet: no es James Joyce. Pero es Douglas Adams y, va de nuevo, la literatura no tiene por qué ser todo seriedad.

Este año la escuelita quedó atrás y ahora vivo en un ecosistema gigante y vibrante, en el que sólo sé de un par de personas geniales que celebraran el Día de la Toalla: el bibliotecario, una maestra de literatura y algunos amigos a los que he intentado convencer de que saquen el libro de la biblioteca. ¡Y cómo nos emociona! Porque daremos a lo largo del día la explicación de traer la toalla, además de los libros bajo el brazo y sobretodo...tenemos la respuesta.

Sí, es 42.

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Daniela Aguilar
(León, Guanajuato, 2000) es estudiante, escritora en ciernes y entusiasta de los discos (y de Douglas Adams). La música pop transformó su vida. Siente una extraña nostalgia por épocas que no vivió, pero ama con intensidad su era de las redes sociales y la inmediatez.