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08:33h. Domingo, 19 de Mayo de 2019

Funeral de pescado

Chema Rosas

Por el camino iba una dama gentil
Sombrilla en una mano, en la otra un veliz
Las gafas como espejos cabalgaban su nariz
Debajo de la cual sus labios eran de París

De pronto vio a lo lejos que dingoleaba un frudo
mano en alto, toalla al hombro y el ceño taciturno
Ella aflojó el paso pues temió fuera un tunante
Pero no era temerosa y tras pensarlo un instante
— ¡Bah! ¡Podrán decir de mí lo que sea, pero no soy arrogante! —
Continuó así su camino cuando al fin tuvo de frente
A ese frudo testarudo
Y de aroma repelente

— ¿Qué es ese humor que del cuerpo desprende?—
Preguntó la fina dama al muchacho quien contestó indiferente
— Hace unos días mi babel fish ha encontrado la muerte
y aunque el calor lo ha podrido, lo llevo en el bolsillo
pues merece un funeral con bombo y con platillo.

La mujer quedó conmovida
Y una fina lágrima cayó por su mejilla
— ¡Qué gesto tan noble… estoy derretida!
No sé si de emoción
O del aroma a basura ingerida

— Pero diga buen hombre — continuó la dama
— ¿A quién o qué espera sin dar fin a esta trama?—
El frudo, buen viajero, le contó sus desventuras
Que hacían ver sencillo el destino del Agrajag
Y tras horas de narrar cual fatídico juglar
Concluyó diciendo esto:
— Fue así como perdí el pulgar—

Ella volteó a ver la mano que estaba en alto
Y, efectivamente, estaba de un pulgar falto.
En vez de horrorizarse, sonrió y pegó un salto
— ¡Hoy es tu día de suerte, buen muchacho! —
Y del velis beige que cargaba en una mano
Sacó
Una mano

— Me debían y no pagaron
y yo no suelo dar plazos—
sentenció la viejecita
—por librarme de tu peste
te regalo un pedazo—

El pulgar fue pegado
Y el autoestopista se fue
A enterrar a su pescado.

***
Chema Rosas
 (Ciudad de México, 1984) es bibliotecario, guionista, columnista para El Heraldo de León, ermitaño y papa-de-sofá, acérrimo de Dr. Who y, por si fuese poco, autoestopista galáctico.

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