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06:57h. Martes, 21 de Mayo de 2019

Poor Little Rich Girl

Marisol Sánchez

Edie Sedgwick es un icono de los años 60 en Nueva York. Fue la musa del cine underground de la Factoría de Andy Warhol y modelo para varias revistas de moda como Vogue o Life. Aunque su carrera como actriz y modelo duró pocos años, ahora es recordada por haber marcado con su belleza y carácter a la cultura pop y a la élite neoyorquina de la segunda mitad de los 60.

Sedgwick representó a una generación que se encontraba en un estado de shock, jóvenes “rebeldes” de los colegios estadounidenses que lo único que querían era demostrar su talento para fiestear, drogarse, gastar dinero y codearse con lo más arty de la ciudad. Lo hacían experimentando en el mundo de “las artes”: el cine, la pintura, la moda y la fama. Buscaban una razón “justificable” para ser famosos y publicables en las revistas, donde Edie podía jugar un papel muy especial ya que su estilo de vestir era moderno, único y envidiable.

Para Edie hacer lo que quería no era un problema, pues contaba con una fortuna personal bastante abultada, ya que su familia pertenecía a la high society americana. Residían en un rancho en Santa Bárbara, California. En 1962, a la edad de 19 años, Edie fue internada en un hospital psiquiátrico por sufrir de anorexia y haber pasado ya por un aborto. Después de este episodio se mudó a Cambridge para estudiar y de ahí a Nueva York, con la intención de probar suerte en el mundo del modelaje y la vida artística de la ciudad. Quería vivir y sentir todo el ambiente cultural que la época estaba desbordando, y tenía todos los elementos para volverse famosa: clase, dinero, belleza, actitud y, sobre todo, un carácter desconcertante que a todos intrigaba y atraía.

Después de pasar un tiempo en Nueva York fiesteando y trabajando en el modelaje se dio a conocer –según la editora en jefe de Vogue, Diana Vreeland– como “un ejemplo de la era de la cultura juvenil”, refiriéndose a ella en particular como “el joven temblor” posiblemente por su actitud fiestera en la vida nocturna de la élite de Manhattan. Dicha fama empezó a truncar su carrera como modelo y a ficharla como una chica problema y drogadicta, razón por la cual ya ninguna revista de moda quería contratarla.

Edie era linda, sinvergüenza, sagaz y tenía ese llamado “encanto” que atrae y hace la idolatría inevitable. Llegó a la Factoría y arrasó. Al convertirse en la inspiración de Warhol empezó a protagonizar películas camp como Vinyl que fue la primera, Poor Little Rich Girl, Kitchen, Horses, entre otras muchas. Sedgwick se volvió íntima amiga de Warhol al punto de que adaptó su look al de él y eran en la pareja más aclamada en las fiestas de la aristocracia del Pop Art. Aunque después Sedgwick se quejaría de que su relación con Warhol era superficial…

Las películas, filmadas sin guion y sobre la marcha, la convirtieron en actriz de culto del cine underground de Nueva York, pero no le sirvió para nada. No recibía ningún pago por sus actuaciones y su vida de fiestas y drogas hacían estragos en su salud, reputación y fortuna.

La decadencia de Edie tiene varios escenarios. Ella, cansada de no recibir alguna retribución por su trabajo y viendo que su fortuna persona disminuía, reclamaba constantemente a Andy Warhol su parte de honorarios por las películas, situación a la que Warhol respondía que las cintas no obtenían ninguna ganancia. Esto produjo gran tensión entre ellos. También la falta de profesionalismo en sus trabajos contribuyó a que nadie quisiera trabajar con ella, ya que a menudo llegaba tarde y no sabía sus parlamentos (consecuencia, también, del modo tan “libre” de hacer “cine” de Warhol) Otro escenario fue la desilusión que le provocó saber que el legendario Bob Dylan había contraído matrimonio, ya que ella estuvo íntimamente ligada a él. Pero además perdió toda su credibilidad como actriz y modelo y ganó la desaprobación de la sociedad neoyorquina por su constante consumo de drogas.

Sin trabajo, en bancarrota y con una tremenda adicción a la heroína, Edie se sentía sola y desesperada. En un último intento por retomar su carrera se mudó al Chelsea Hotel (donde en una ocasión incendió su habitación) y empezó a buscar una oportunidad de trabajo. Pero los esfuerzos fueron nulos, ya que su fama de mujer perdida hablaba más que su talento.

Para la navidad de 1966 fue a visitar a su familia a Santa Bárbara. La recibieron en un estado deplorable, así que decidieron internarla en una clínica para superar las drogas. Durante los siguientes tres años, Edie luchó contra su adicción. De hecho, logró mantenerse “limpia” y encontró estabilidad emocional al casarse con un compañero de rehabilitación, Michael Post.

Sin embargo, para 1971 volvió a caer y esta vez fue su final. Se encontraba bajo tratamiento médico por problemas de salud, pretexto que le sirvió para pedirle más medicamento a su doctor con la mentira de que lo había extraviado.

Entonces, Sedgwick asistió a un desfile de modas en su ciudad, en el que tuvo un altercado con un asistente que la llamó drogadicta, gritándoselo a la cara. Ella lo tomó muy a pecho y se sintió desesperada y acorralada por las miradas de los demás asistentes. El comentario trajo a flote su pasado mal gastado por el exceso.

En un intento por recuperar la calma y evitar las miradas penetrantes de la concurrencia, llamó a su esposo, quien la recogió y la llevó a casa. La tranquilizó le dio su medicamento y la llevó a dormir. Al parecer, la mañana siguiente era como cualquier otra en la casa de los Post, hasta que Michael se dio cuenta de que Edie no reaccionaba. No tardó en darse cuenta de que sus intentos por que recobrara la consciencia estaban de más. Edie había muerto.

Mucho se puede hablar sobre esta chica que paralizó Nueva York por su desenfrenado estilo de vida, pero Edie es sólo un ejemplo público de muchos que han existido de una fama que consume. Su talento existía, captaba la mirada del público con su belleza y su actitud de chica fatal. La fama se le escapó de las manos, por eso su estadía en los titulares y en las marquesinas underground fue efímera. Pero, aunque hizo poco, lo que hizo marcó la historia del showbiz, la cultura pop y la moda, para bien o para mal, cada quien su criterio. Lo bueno es que existe evidencia de su paso por esta época de jóvenes desenfrenados y podemos seguir empapándonos de su carisma y actitud. Sus películas no son grandiosas, pero por su belleza y estilo siempre podremos decir: enhorabuena por Edie Sedgwick.

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Marisol Sánchez
(Celaya, Guanajuato) ha trabajado en publicidad, periodismo y comunicación social. Es entusiasta de all-things-Warhol y del mundo pop de los 60.

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