Viernes. 06.12.2019
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De roqueros y otras criaturas

Beto Cronopio

Acapulco Tropical
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De roqueros y otras criaturas

No tengo estéreo en el auto, nunca tuve un iPod. Sólo tengo cuatro rolitas en mi cel (un compa que recién me conocía me las envío por WhattsApp), y cuando circulo en el auto con mi familia, ellos ponen desde sus teléfonos su música. Cuando manejo solo, no escucho nada.

Durante algún tiempo, por cuestiones de chamba en el show business (sonorización de masivos, instalación de equipo de audio, video e iluminación para antros, eventos sociales de la realeza mexicana, representando grupo de covers, etc.), devoraba música pero ahora ya no lo hago.

Entiendo que hay diversidad de música, normalmente agrupada por género; además, tienen demasiada imagen en los medios los principales intérpretes, solistas o grupos. Sin embargo, al revisar redes sociales me doy cuenta que existe una especie de clasismo para descalificar una corriente musical y, en mi opinión, eso no está padre. 

Me explico: tolero a la persona que le ha invertido tiempo, dinero y estudio para formar su colección, y además creo que está bien que nos impresione con su sapiencia o su material que ha conseguido con tanto trabajo. Pero el límite se rompe cuando empieza a demeritar otros géneros musicales.

En una reunión, cuando nos encontramos fanáticos de rock mexicano de diversas épocas, sucede lo siguiente:

Los #pioneros reclaman atención pues fueron los iniciadores, pero de inmediato los descalifican por hacer covers.  A pesar de eso, de esa época viene una de las mejores rolas de rock mexicano de todos los tiempos, en mi opinión: “Yo no soy Rebeco”, con los Locos del Ritmo.

Los de los #sesentas son atacados porque básicamente son solistas que sacaron de los grupos, a pesar de su larguísima carrera; son tachados de “superficiales” a pesar que hay algunas rolas buenísimas que normalmente son desconocidas. Yo creo que una de las mejores letras del rock mexicano es del maese Pepe Cutín en voz de Angélica María, con la rola “Piedra Dorada”, aunque normalmente la asocian sólo con “Edy, Edy”.

Los compas del #RockChicano y #Rock70s se sienten héroes por ser los perseguidos después del Festival de Avándaro y, por favor, nunca les cuestiones por qué los grupos cantaban en inglés porque hasta regañado sales.

Los bros del #RockEnTuIdioma son concluyentes: el rock mexicano empezó con ellos.

Los más troleados son los compas del #RockUrbano. Les dicen #RockPanchito y, si bien, sus máximos exponentes no ayudan mucho en quitar los clichés (por ejemplo el Guadaña de la Banda Bostik), se les critica todo: sus letras, su elemental música, sus grupos, etc.  A pesar de que en ellos se rompe la barrera grupo/fans.

Las discusiones son épicas… aunque estériles.

Lo contrario sucede cuando músicos de rock mexicano de diferentes épocas se reúnen: se manejan con un respeto enorme y no conversan mucho; normalmente se ponen a tocar.  Verlos en acción, desde la fase de ponerse de acuerdo, es una delicia.

En otra fase (que es la que más me preocupa) un rockero trata con gente que es fan de otro ritmo, y lo hace con una cierta autoridad moral (subidos en su ladrillo), y aunque es divertida la burla hacia los gruperos, reggaetoneros y etcéteras, también noto que en ocasiones hay un clasismo disfrazado y un encono muy fuerte. No quiero citar, pero creo que todos los hemos leído.

Sólo doy un ejemplo: cuando sucedió la tragedia del News Divine (la policía de la CDMX hizo un operativo en un antro en una tardeada donde había menores de edad consumiendo alcohol, la gente quiso salir corriendo, la policía intentó detenerlos y fallecieron once personas aplastadas), leí: “Eso les pasa por escuchar esa música; hubieran escuchado rock”.  Es decir, ¡¡¿¿le estaban echando la culpa a la gente por sus gustos musicales??!!

Uno de los mejores conciertos a los que he asistido fue uno de Juan Gabriel, en el Auditorio Nacional. El tipo era un frontman, manejaba a su público como quería, lo hacía cantar, bailar, gritar; además traía una producción impresionante: audio, iluminación, pantallas, videos, grupazo, filarmónica, mariachi y coros (¡además, durante tres rolas tocaban todos juntos!). Se aventó tres horas y media de show. He asistido a conciertos de grandes-leyendas del rock y la verdad, hasta me he aburrido de lo planos que son.

Si la función principal de la música es comunicar, ¿por qué atacamos a quienes les gusta una música diferente? Si a ellos les hace sentido el reggaeton, la banda, la balada pop, ¿a ti por qué te molesta?

Entiendo que la música es para divertirse. ¿O no?

***
Beto Cronopio
(Cd. de México). 46 años. Fan de The Beatles y del rock mexicano de los años 70, incluyendo el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro. Ávido lector de estos temas.

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