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Agatha Christie: La pantalla se rajó de parte a parte

Fernando Cuevas

Agatha Christie: La pantalla se rajó de parte a parte

Referencia ineludible para formarse como lector en general y de la vertiente detectivesca en particular, los relatos de esta gran dama de prolífica imaginación han encontrado vida en diversas películas y series por las que deambula suspicazmente Hercules Poirot, el regordete y entrañable investigador belga de bigote rebuscado que al final, con todo y dudas existenciales, se las sabe de todas, todas. Además, otras de sus novelas sin la rotunda presencia del deductivo personaje, han sido trasladadas a la pantalla, como la reciente La casa torcida (Paquet-Brenner, 2017) o alrededor de la encantadora y astuta Miss Marple, de larga permanencia en su respectiva serie televisiva.

Ya desde finales de los años veinte, los ingeniosos argumentos producto de su incansable creatividad se han adaptado al mundo de las imágenes, incluyendo el universo de los videojuegos. Con sustancioso material aprovechable, de los años 30’s a los 50’s predominaron las teleseries basadas en sus relatos, mientras que en los 60’s abundaron las películas televisivas, revisitando clásicos como Diez negritos, la obra de teatro La telaraña, la genial El asesinato de Rogelio Ackroyd, Sangre en la piscina, Cita con la muerte, Testigo de cargo y Muerte en el Nilo, entre otros.

Durante los 70’s y 80’s se produjeron algunas de la mejores películas basadas en sus obras, con gran presencia de Miss Marple y destacando la gran serie Agatha Christie’s Poirot (1989-2013) con memorable actuación de David Suchet; a partir de los 90’s y durante lo que llevamos del siglo XXI, se internacionalizó aún más la producción fílmica con cintas de Japón, Líbano, Francia, Rusia e India, entre otros países. Y el interés parece continuar. Realizadores como René Clair, Billy Wilder, Guy Hamilton, George Pollock, Pascal Bonitzer y próximamente Ben Affleck, han retomado los relatos de la dama del misterio y los incluyeron en su filmografía.

Quién es el culpable

Kenneth Branagh, reconocido por su pasión shakespeareana y su cercanía la vertiente detectivesca, como lo mostró al interpretar a Kurt Wallander, el famoso investigador de Henning Mankell, entra al mundo de Poirot, inscrito en el imaginario fílmico gracias al gran Peter Ustinov quien asumió el papel en varias cintas, y lo encarna en Asesinato en el Oriente Expres (2017), con base en la novela publicada en 1934, llevada varias veces al cine y a la televisión, y en el respetuoso guion de Michael Green, tanto en la concepción de la trama en términos generales, como en el trazo básico de los diferentes personajes, todos ellos sospechosos de acuerdo con el modelo fundado por Edgar Alan Poe en Los crímenes de la calle Morgue (1841).

Con una cámara que se desplaza con soltura entre los vagones del tren y los angostos pasillos, casi emulando la mentalidad del protagonista, la cinta se construye a partir de la indagación acerca de los pasajeros, sus pasados, perspectivas y vínculos con el asesinado, cargando con una larga cola que al fin fue pisada. Con una introducción en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén a manera de presentación del famoso detective, nos trasladamos al viaje que realiza este tren por la zona de la ex Yugoslavia, entre intrigas al borde de los compartimentos y miradas conspicuas en el coche-comedor.

Dado que el crimen se cometió a bordo, se abren dos posibilidades: que el asesino haya subido en una parada para cometer el asesinato y huir con el cobijo de la confusión, o que alguno de los pasajeros fuera el culpable de haberlo perpetrado con la complicidad de la oscuridad. El argumento se desarrolla a partir de estas posibilidades y de las indagaciones que va realizando el detective, sobre todo a partir de la observación y la entrevista como técnicas esenciales para escudriñar en los diversos secretos que guardan los personajes.

A pesar de que el desenlace es conocido, la dirección de Branagh sostiene el interés, quizá con mayor eficacia que la interpretación que hace del detective. Cuenta, además, con un cuadro actoral de lujo, encabezado por los veteranos Derek Jacobi y Judi Dench, y complementado por los experimentados Willem Dafoe, Michelle Pfeiffer, Penélope Cruz y Johnny Deep, intentando escapar de su propensión a la sobreactuación; para cerrar la alineación, los jóvenes Daisy Ridley, Leslie Odom Jr., Sergei Polunin, Josh Gad y el mexicano Manuel García-Rulfo, asumen a sus inquietos personajes al nivel de sus colegas.

Un vistoso y colorido diseño de producción entre decorados, vestuarios y utilería que se desplaza a través de una edición fluida, sostenida por un score por momentos innecesariamente subido de tono, redondean esta digna adaptación de un clásico de la novela policiaca y abre las puertas para continuar revisitando, desde el mundo del cine, la imaginería de una de las escritoras más prolíficas de la historia y cuya contribución al género amplió el espectro de sus seguidores: en contraste con los turbios, ambiguos y atormentados detectives de la novela negra, acá tenemos a un elegante, obsesivo y conservador hombre con una mente brillante, preocupado por la cocción exacta del huevo para desayunar.

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