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17:09h. Martes, 16 de Enero de 2018

DISFRUTES COTIDIANOS

Libros centenarios y cincuentones

Fernando Cuevas

Orfeo negro, cartel
Orfeo negro, cartel

Festejamos algunos de los libros que en este 2017 cumplieron el siglo o la mitad de él, conservando su relevancia para el mundo de la literatura. Un brevísimo repaso, como sigue.

Libros 1917

El primer premio Pulitzer para una novela fue  a caer en las manos de Ernest Poole por Su familia, historia de un viudo, sus hijas y sus nietos en el Nueva York de los cambiantes principios del siglo XX. Edith Wharton nos regaló Estío (Summer), historia que sigue a Charity Royal y sus despertares a las complejidades de la vida. De la serie sobre la huérfana Ana Shirley escrita por la canadiense Lucy Laud Montgomery, se publicó Ana y la casa de sus sueños, quinta entrega en la que la famosa protagonista se casa y se convierte en madre, si bien su hija muere poco tiempo después. En cuanto a series, L. Frank Baum escribió La princesa perdida de Oz, undécimo libro de su conocido mundo paralelo.

El filósofo español Miguel de Unamuno propuso Abel Sánchez, una reinterpretación de la historia de Caín y Abel jugando con la figura del narrador, mientras que en Su última reverencia. Recuerdos de Sherlock Holmes, Arthur Conan Doyle integra los casos finales de su famoso detective. Cuentos de amor, de locura y de muerte se publicó por primera vez en 1917, aunque Horacio Quiroga fue revisando ediciones posteriores: relatos que permanecen en la memoria de quienes nos acercamos a ellos en edades en las que la perplejidad era una aliada poderosa para el disfrute literario.

El maestro Joseph Conrad entregó La línea de sombra, sobre el proceso de volverse adulto a través de la metáfora de un capitán de barco novato en plena travesía existencial. Con su encantador estilo humorístico P. D. Wodehouse entregó el conjunto de relatos cobijados bajo el título de El hombre con dos pies izquierdos y el británico Norman Douglas publicó Viento del sur, especie de one hit wonder que retrata doce días en una isla imaginaria entre discusiones morales. Cual homenaje al mundo de los libros y sus promotores, Christopher Morley entregó La librería ambulante (Parnassus on Wheels).

El noruego Knut Hamsun publicó en este año su obra cumbre, La bendición de la tierra, por la que recibió el premio Nobel cuando se entregaba a escritores sin tan evidentes motivaciones políticas: quizá hoy sería discutida por ecologistas dada la mirada orientada a considerar a la especie humana como dueña de los recursos naturales, pero las cualidades narrativas se mantienen intactas. Y por si no bastara, H. P. Lovecraft se estrenó con su siniestra cosmología fantástica con Dagón, cuento  que nos sumerge en la angustia del narrador, ya denotando la capacidad del autor para crear mundos más allá de nuestras pesadillas.

Libros 1967

Obra fundamental del siglo XX, Cien años de soledad conserva su peculiar fuerza para atraparnos en un pueblo que sobrevive entre la fantasía y la realidad, donde las generaciones se van sucediendo con múltiples cargas heredadas. Puntal del llamado realismo mágico latinoamericano, la novela cumbre de Gabriel García Márquez se convirtió pronto en un referente de las posibilidades literarias de la imaginación. Cuatro personajes se van develando entre recuerdos y misticismo piramidal en Cambio de piel, una de las obras centrales de Carlos Fuentes en la que aparece la idea de la transformación como única alternativa para seguir adelante.

Philip Roth publicó Cuando ella era buena, su segunda novela ya en pleno proceso de construir un universo propio que se consolidaría en sus obras posteriores. Miramar, también traducida al español muchos años después, mostraba las cualidades del Nobel Naghuib Mahfuz para la construcción de personajes y sus perspectivas acerca de la bella Zohra en el contexto de una pensión. Kenzaburō Ōe nos obsequió Un grito silencioso, una de sus novelas capitales con dos hermanos viviendo sendos infiernos y Jean Benet centró Volverás a Región en la conversación que sostienen un médico y una mujer.

De Milan Kundera se publicó La broma, si bien acá la conocimos tiempo después: magistral relato crítico acerca de los absurdos de los totalitarismos en donde una simple misiva con un toque de humor te puede cambiar radicalmente la vida. Retomando esta perspectiva contestataria, el clásico El Maestro y Margarita, largamente escrita y revisada novela de Mijaíl Bulgákov (Alianza Editorial la reeditó en el 2016), integró a Satanás en un país ateo poblado por seres reales y fantásticos, satirizando a la sociedad soviética; en contraste, con absoluto tono descriptivo, apareció Pabellón del cáncer de Aleksandr Solzhenitsyn, a partir de un aterrador aliento autobiográfico.

Causando conmoción y furor, El bebé de Rosemary de Ira Levin encontró muy pronto su referente fílmico en la cinta de Polanski, con todo y la siniestra secta satánica que espera recibir a la criatura; por su parte, Agatha Christie perpetró Noche eterna, maldición gitana incluida que bien se puede acompañar con Muertes poco naturales de P. D. James, en la que el famoso Adam Dalgliesh tiene que modificar ligeramente sus planes vacacionales. El sueco Maj Sjöwall se internó en la difícil realidad de la pedofilia con El hombre del balcón, en la que Martin Beck encabeza un equipo investigador mientras su vida personal tiende al desastre.

En el terreno de la ciencia ficción, Roger Zelazny ganó el premio Hugo con El señor de la luz, alegoría sobre el colonialismo y el sistema de castas, acá desarrollado en un planeta distante, mientras que Samuel R. Delany contribuyó con La intersección de Einstein, inspirada en ciertos elementos de la cinta Orfeo Negro. Philip K. Dick escribió La pistola de rayos, muy a tono con la fiebre armamentista de aquellos años. Libros de no ficción destacaron los ahora famosos El mono desnudo de Desmond Morris y El medio es el mensaje de Marshall McLuhan.

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