Martes. 24.09.2019
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Jóvenes al filo: batallas

Fernando Cuevas

La extraña vida de Timothy Green, 2012, foto: Cameron J.C. Adams
La extraña vida de Timothy Green, 2012, foto: Cameron J.C. Adams
Jóvenes al filo: batallas

Personajes que buscan resolver sus conflictos y seguir adelante, cayendo y levantando para encontrarle sentido a su existencia. Luchando contra las drogas, las rutinas asfixiantes o las limitaciones para alcanzar propósitos más allá de lo que se vislumbra como plausible. Todas las cintas se encuentran a la mano en las plataformas de confianza o físicamente en el formato de DVD o Blue Ray.

Batalla contra la adicción

Un par de películas que plantean la lucha que sostienen sendos jóvenes contra la dependencia a las drogas, no obstante contar con padre o madre cercanos y tener cualidades más allá de la mayoría. Interpretados por dos brillantes actores que ya despuntan en el mundo fílmico (nominados al Oscar), bien arropados por un reparto de experiencia asumiendo el rol de sus padres, los personajes encarnados muestran la fragilidad ante la dependencia aún cuando no se observan de manera nítida las causas para caer en estas terribles garras. En ambos casos cuentan con progenitores razonables que están en su segundo matrimonio, con hermanos menores que los aprecian y extrañan, y que se mantienen emocionalmente cerca de ellos.

Dirigida por Peter Hedges (Momentos de perdón, 2003; Dan en la vida real, 2007; La extraña vida de Timothy Green, 2012), Regresa a mí (Ben is Back, EU, 2018) es una mirada en 24 horas de cómo una madre (Julia Roberts, siempre al pendiente), confía y busca convencerse de que su hijo adicto (Lucas Hedges, ansioso), sorpresivamente recién llegado para la navidad, puede mantenerse sobrio para el festejo, conviviendo con su hermana distante (Kathryn Newton, conocida por su papel en Big Little Lies) y sus dos pequeños medio hermanos afroamericanos, producto del nuevo matrimonio de su madre con Neal (Courtney B. Vance), también incrédulo frente a la visita inesperada.

En un poblado bañado por la nieve de carácter premeditadamente conservador, con todo y discretos apuntes raciales (“si fuera negro, estaría en la cárcel”), se revisan, a partir de una puesta en escena funcional y ciertos pasajes fotográficos que enfatizan la soledad interna del personaje, a pesar de buscar el hogar como refugio, mascota inlcuida, las diferentes tentaciones que los contextos presentan para las recaídas o para la ruptura, una vez más, de la confianza que siempre una madre mantiene como estandarte: esta vez sí va a ser diferente, contra lo que el resto de los allegados pudiera pensar. Así el amor materno.

Dirigida por el belga Felix van Groeningen (Bélgica, 2016; El círculo roto, 2012), Beautiful Boy: siempre serás mi hijo (EU, 2018), se basa en el texto autobiográfico del periodista independiente David Sheff y de su hijo (Nic Timothée Chalamet, frágil y huidizo a la vez) , quienes narran los difíciles momentos de adicción del joven y el doloroso acompañamiento de su padre (Steve Carell, sensible), soportado por su actual esposa (Maura Tierney, comprensiva) y de la madre del susodicho (Amy Ryan, estoica), sosteniendo la esperanza de recuperación del extraviado vástago, no obstante las evidencias contundentes en contra, caracterizadas por las recaídas, las mentiras y los robos con tal de evitar la abstinencia.

Lejos de señalar culpables, víctimas o victimarios, la historia se enfoca en la manera en la que los distintos sujetos involucrados van buscando alternativas para la resolución de los problemas, inevitablemente generando conflictos entre ellos, rendiciones, dudas y esperanzas frente a la posible recuperación de un joven talentoso que no sabe, ni él mismo, porqué terminó cayendo en el infierno de la adicción. Con canciones exactas, flashbacks oportunos que enfatizan la relación padre-hijo y notables actuaciones, somos testigos de los esfuerzos y retrocesos, parte del proceso curativo, para escaparse de este problema cuyo origen, por incierto, se convierte en más difícil de solucionar.

Batalla contra la rutina

Dos filmes que retoman casos reales en los que se plantean ciertas condiciones de jóvenes acomodados en Europa, lidiando con la relación parental y la búsqueda de satisfactores que se presentan al alcance de la mano pero no terminan por llenar las expectativas, sobre todo porque puede no saberse, en el fondo, qué es lo que se quiere de la vida; mientras tanto, seguir el curso de los acontecimientos y acogerse a la procrastinación como fórmula para irla llevando en lo que algo del espacio exterior manda señales para reaccionar en algún sentido, cualquiera que éste sea.

Realizada con el acostumbrado tono directo por Fien Troch (Kid, 2012; Unspoken, 2008), Hogar (Bélgica, 2016) retoma un caso real para centrarse en el contexto de un grupo de jóvenes en torno a un centro escolar que pasa el tiempo entre patinetas, algo de droga y acercamientos sexuales, en un contexto donde los padres o están desaparecidos o, en un caso, abusan del hijo en cuestión; el regreso de un joven que había estado detenido por conductas violentas, suma un elemento disonante al ambiente que parece estar bajo un letargo generalizado, entre las rutinas de las labores y las escapadas juveniles de rigor.

La tensión va creciendo dados los conflictos particulares y la supuesta normalidad, siempre escondiendo perversiones, se romperá frente a un hecho previsiblemente violento, en el que se involucran algunos de los jóvenes, que además de lidiar con sus propias dificultades existenciales, ahora se enfrentan a un hecho que los rebasa. Con fotografía dirigida a capturar los interiores de las casas, como para develar lo que sucede tras la fachada de la cotidianidad, la historia se va convirtiendo en una olla de presión que tarde o temprano tendrá que explotar en un entorno donde, en apariencia, nada sucede.

Dirigida y escrita por la debutante en largometrajes Eva Husson, Bang Gang (Una moderna historia de amor) (Francia, 2015), retoma un caso real de un grupo de adolescentes clasemedieros de Biarritz, Francia, que ven la vida pasar entre encuentros sexuales y drogas. George (Marilyn Lima) muestra interés por Alex (Finnegan Oldfield) después de un encuentro y junto con otros amigos de la escuela, como una forma de generar celos, empieza a promover una actividad grupal, que da título al filme, en el que se involucran ideas orgiásticas: poco a poco se van sumando más estudiantes gracias a la novedad del “ejercicio” (retomado del famoso juego de la botella), que irrumpe dentro de sus rutinarias vidas, aunque a fin de cuentas también se vuelva parte de la cotidianidad.

En consonancia con el guion, la cámara recorre pasillos y espacios sin detenerse demasiado en los diversos eventos que experimenta este grupo de jóvenes que viven sin pensar demasiado en las consecuencias vinculadas a los embarazos no deseados, a la invasión de la privacidad y a la afectación de la salud tanto sexual como relacionada con el consumo de sustancias. Pareciera que al tener todo resuelto, se busca la manera de pasar el tiempo de la forma más ausente –como los padres- y disfrutable posible, sin entrar en demasiados conflictos, al igual que el filme, quedándose en la epidermis descriptiva, a diferencia de otras aproximaciones como las de Larry Clark, que si bien no juzga, sí profundiza en los contextos sociofamiliares y de condición económica.

 

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