Jueves. 20.02.2020
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POESÍA

Comedia para una tarde solitaria

Leonardo H. Biente Berman

Leonardo H. Biente Berman
Leonardo H. Biente Berman
Comedia para una tarde solitaria


 

Un hombre que no es 
particularmente apuesto se 
encuentra completamente solo y a sus anchas 
en una enorme ciudad capital 
Se siente feliz, aunque 
desea que haya alguien con quien compartir
Aquí, el espectador se enfrentará a una terrible 
paradoja, pues ¿cómo puede ser alguien 
feliz solo 
y, 
además, 
querer compartir esa felicidad, 
siendo esa, 
de raíz, 
una contradicción 
pues el sujeto es feliz 
y solo 
y sin embargo 
se ve en 
la necesidad de 
compartir 
¿y eso significaría que entonces no es feliz solo o tal vez todo lo contrario? 
las escenas consecuentes 
son ligeras y casi transitorias, 
el espectador estará tan enfrascado en 
sus pensamientos 
acerca de lo que llamamos 
la gran paradoja de la obra
que es lo que le da también ese aire 
de 
grandeza 
que sólo los grandes clásicos tienen 
El hombre que no es apuesto 
entonces 
verá cumplido su deseo de estar con alguien más 
cuando millones de personas 
salen a las calles a saludarlo 
y a desearle un feliz cumpleaños porque, 
esto es un 
detalle 
importante 
que habíamos olvidado mencionar, 
es el día del onomástico de nuestro 
personaje. Pero se siente abrumado por 
tanta gente y desea 
volver 

estar solo 
O al menos estar con pocas personas 
que él aprecia. Así que cuando 
llega a su casa se encuentra con 
una fiesta de cumpleaños cálida 
que termina con un anuncio por parte 
del festejado: en un momento dado se levanta a dar su discurso y revela, al fin, su nombre: (¡/&%$# 
Aquí termina la obra como la planteamos, 
aunque el director puede agregar algún final que le parezca adecuado
(si llama al 9 67 42 00 planteamos algunas sugerencias). 
El objetivo de terminar la obra así es 
no 
defraudar 
las expectativas 
del público, quien, ¡seguro!, estará 
comiéndose los dedos por conocer 
el nombre del personaje con quien, 
se supone, 
debe identificarse a lo largo de la obra. 
Esto sirve, además, 
como una macabra broma 
(eso depende del punto de vista de cada individuo) 
pues al dar a conocer el nombre, puede 
haber una ruptura en esta mencionada 
identificación audiencia-personaje principal. 
Como sea, este final también quiere 
plantear 
la eterna duda existencial 
del género 
humano: ¿qué pasará después, 
en el futuro? ¿Qué sigue después del hoy? 
El tiempo, ¿transcurre?
Sin ahondar en más explicaciones 
presentamos el texto de la obra llamada 
Comedia para una tarde solitaria que
puede ser un alivio para todos 
aquellos cuya alma acongojada llora 
por tener que pasar una tarde en compañía 
de 
nadie. 
También puede ser montada 
y representada en una tarde solitaria 
(o sólo leída, según las inclinaciones 
artísticas, 
estéticas, 
prácticas 
y existenciales, 
además de las posibilidades económicas d
e cada persona que, 
de una u otra manera, 
se ha acercado a este texto)

ACTO UNO
Una ciudad desolada, tal vez por la guerra, tal vez por un huracán, tal vez por la crisis económica. 
Un HOMBRE, nuestro personaje principal, pasea por la ciudad en una bicicleta, o tal vez en un monopatín. 
Tararea, o tal vez silba, una canción, que bien podría ser una canción de moda, o tal vez una canción tradicional folclórica (eso depende del país o la región). Se detiene en cierto punto en un extremo del escenario (realmente importa poco si es en el extremo derecho o en el izquierdo) y se baja de su bicicleta o monopatín, según sea el caso. Se recuesta sobre una pila de escombros a tomar el sol (aunque está nublado, o eso debe simular la iluminación, pero nunca, léase jamás, debe el director resolver de una manera tan barata y dañina como el hielo seco) y un rayo de sol cae sobre él (para efectos prácticos puede ser un reflector)
Justo en este momento, 
el actor se levantará y 
comenzará 

cantar. 
Hemos olvidado mencionar que esta obra 
¡es una comedia musical!, 
aunque no se advierta en el título 
(existió en un principio la posibilidad 
de que se llamara Comedia musical 
para una tarde solitaria pero 
era demasiado largo y rebuscado) 
Caerán reflectores sobre él y 
habrá juegos de luces. El 
actor canta la canción que 
exponemos a continuación:
La ciudad es muy solitaria 
cuando salgo así 
completamente solitario
Es obsceno como
Las lámparas están apagadas 
a medio día
Y no hay tráfico ni luces 
ni bocinas de auto ni gritos
Ni limosneros
Ni millonarios
Con todo esto desaparecido 
solo quedo yo en el mundo
y sólo quedo yo en el mundo.

El sujeto entonces ejecuta 
una coreografía pero nadie lo 
secunda. Debe dar la impresión de 
que en cualquier momento pueden 
salir de los escombros 
o de los edificios abandonados 
miles de bailarines con sombrero de copa 
con sus cuerpos muy esbeltos 
bien formados. 
Por supuesto que no debe de salir nadie, 
aunque al director estalle porque 
quiere que su cuerpo de baile se luzca. 
Ya habrá una escena para ello.

HOMBRE.- Estoy muy solo en esta ciudad. 
Es algo que siempre he deseado: 
estar solo en esta ciudad. Solo, 
completamente solo. Nadie está alrededor.

Mira alrededor.
HOMBRE.- Y cuando digo nadie me refiero a nadie. 
(Al público) En realidad están ustedes 
pero hay una cuarta pared, el autor 
de esta obra lo ha decidido así. 
De hecho, si él viese la obra haría una rabieta 
porque estoy hablándoles... pero 
no debería de hacerlo. Soy un personaje. 
Aquí hay una cuarta pared 
y ustedes no existen para mi, 
aunque yo existo para ustedes. Qué decir: soy TODO 
para ustedes en este momento. Han pagado 
su boleto para verme. Eso me da una ventaja 
sobre ustedes.

Se apagan las luces.
HOMBRE.- (voz) Ahora no pueden verme. 
Sin embargo saben que existo, están 
seguros. No sólo oyen mi voz, sino que 
vieron mi imagen hace unos momentos y saben 
(lo saben, tienen el presentimiento al menos) que 
sigo aquí, en algún lugar 
de la oscuridad.

Se encienden las luces.
HOMBRE.- (escondido tras los escombros) ¿Ven? 
¿Estaban muy seguros? Ahora incluso 
contradigo su seguridad porque piensan que 
no estoy, pero sí estoy 
(sale de los escombros) 
justo detrás de los escombros 
de esta ciudad. Oh, por cierto, tengo que 
volver a todo este asunto de la ciudad. Para que 
la obra no pierda encanto. 
(Vuelve sobre sus pasos; la luz es tenue)
No hay nadie en la ciudad. Justo como 
lo había deseado. Estar solo, aunque sea 
unas horas, sin el tráfico diario, sin la tensión, 
sin los semáforos, sin el ruido, sin terceras 
personas que interrumpan mis pensamientos. 
Qué bien se está así.

Se apagan las luces.
HOMBRE.- Aunque cuando...
Se encienden las luces.
HOMBRE.- ...uno desea cosas...
Se apagan las luces.
HOMBRE.- ...se vuelve peligroso...
Se encienden las luces.
HOMBRE.- ...si quiera pensar en las consecuencias.
Música. Telón.
Para el ACTO 2 el director puede inventarse lo que quiera. Yo ya me cansé.





***
Leonardo Biente es escritor y poeta. También es empleado de día.
 

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