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CUENTO

Arquitectura orgánica

Kareve Gasca

Arquitectura orgánica, Kareve Gasca
Arquitectura orgánica, Kareve Gasca
Arquitectura orgánica

A veces olvido por completo el valor de la tranquilidad. Poco a poco me acostumbré al horrible sonido de la bomba de agua destartalada. Aquí las paredes parecen de papel, no me sorprendería que en cualquier momento alguien se recargue y caiga de bruces dentro de la habitación. El tufo de algunas cebollas hace llorar al resto de los inquilinos. Cuando atacan los problemas de ansiedad, las cosas se agravan. Procuro familiarizarme con algunos sonidos con humilde resignación, incluso he logrado ignorar aquellos ruidos imprescindibles: taladros, martilleos, llantos de niños, hasta discusiones. La cosa esta en aislarse dentro de tus propios sonidos y molestar de igual manera al resto de los vecinos. Podría haber seguido así, inmerso en mi propio silencio inventado, si no hubiera llegado un mayor distractor. El increíble rechinar de la cama por encima de mi cabeza supera por mucho el ruido de la bomba de agua destartalada. El techo desprende pequeños trozos de yeso que comienzan a caer sobre mi frente y nariz. No puedo negar que se trata de un sonido rítmico, casi musical. Me entretengo prendiendo y fumando un cigarro tras otro mientras continúa la feroz odisea jazzística. No deja de sorprenderme la vigorosidad con la que mis colindantes relatan sus historias amorosas. Una feroz y surtida acción melódica acompañada con matices de gemidos y gritos en horas en las que los oídos son poco tolerantes, incluso a los ruidos propios. En otras circunstancias, aquella barahúnda me hubieran resultado cómica o hasta estimulante, pero la apatía acumulada y el recuerdo distante del sueño profundo me hacen arrullar el cigarro entre los dedos y merodear  los cansados ojos que flotan en bolsas negras e hinchadas. Creía ingenuamente que aquello no duraría para siempre; sin embargo, la exactitud cronológica de los acontecimientos me ha llevado a despreocuparme de los sonidos y sus causas, dejando que el yeso se acumule sobre mi frente, formando una pequeña montaña nevada.





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Karla Evelia Gasca Macías (León, 1988). Licenciada en Cultura y Arte por la UG. Ha tomado cursos de escritura creativa con Guillermo Samperio y Alberto Laiseca, este último en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Ha publicado en varios medios digitales e impresos. Forma parte de las antologías ‘Para leerlos todos’ (2009) y ‘Poquito porque es bendito’ (2012).

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