Es lo Cotidiano

El empleo como bien escaso

Fernando Cuevas de la Garza

Tachas 361
Tachas 361
El empleo como bien escaso


Uno de los grandes desafíos para la humanidad, acentuado por la situación de confinamiento que estamos viviendo, se relaciona con el trabajo en general y el empleo en particular no solo como fuente de sobrevivencia para las personas, sino también como una de las actividades que pueden generar satisfacción, desarrollo personal y crecimiento profesional: el trabajo decente le llama la Organización Internacional del Trabajo, cada vez menos frecuente dadas las condiciones de precariedad en la que se desenvuelven la mayor parte de los seres humanos con actividades productivas. Los empleos para toda la vida, con seguridad social y posibilidades de ascenso van quedando de lado convirtiéndose en la excepción, para dar paso a trabajos por tiempo determinado y con prestaciones limitadas, en el mejor de los casos.

Fenómenos como la disminución de seguridad y certidumbre laboral; el achatamiento de oportunidades para conseguir un empleo digno; la intervención (o falta de) gubernamental en relación con la vida empresarial; las disputas entre dueños y sindicatos; la ausencia de responsabilidades contractuales por parte de las empresas; la globalización en cuanto a la presencia efímera de empresas apostando al estado-mejor postor; la introducción de nuevas tecnologías que desplazan a los humanos en múltiples actividades; la devastación del medio ambiente derivada de procesos industriales y ahora, en esta coyuntura de crisis sanitaria, la pérdida de millones de fuentes de trabajo, se convierten, en efecto, en varios de los temas centrales para el futuro inmediato de nuestra especie.

Desde realizadores como Capellani (Germinal, 1913), Eisenstein (La huelga, 1925), Lang (Metrópolis, 1927), Chaplin (Tiempos modernos, 1936), Curtiz (Black Legion, 1937), Kurosawa (La más bella, 1944), de Sica (Ladrón de bicicletas, 1948), Franju (Le sang des bêtes, 1949), Germi (El camino de la esperanza, 1950), Biberman (La sal de la tierra, 1954), Wylder (El apartamento, 1960), Visconti (Rocco y sus hermanos, 1960), Olmi (El empleo, 1960), Monicelli (Los camaradas, 1963), Petri (La clase obrera va al paraíso, 1971), Wajda (El hombre de mármol, 1977), Kieślowski (El aficionado, 1979) y Sayles (Matewan, 1987), por mencionar a algunos, hasta directores que desde hace algunos años han desarrollado el tema como Ken Loach, los hermanos Dardenne, Aki Kaurismäki y Laurent Cantet, el tema laboral con sus ramificaciones y vertientes ha sido constante en la pantalla, incluyendo la gran cantidad de documentales al respecto que, por fortuna, cada vez se encuentran más a la disposición de las audiencias.

El conflicto laboral como moneda de cambio: dentro de la industria automotriz

Un par de cintas que abordan el mundo del trabajo y del empleo, coinciden en ubicarse dentro del giro automotriz y su extensa proveeduría, donde ocurrían Un film comme les autres (Godard, 1968) y Blue Collar (Schrader, 1978), uno de los de mayor dinamismo y mundialización de los años recientes; abordan conflictos laborales relacionados con la interculturalidad, la relación sindical y patronal, la presencia gubernamental y las repercusiones de las decisiones empresariales y políticas hacia los trabajadores: ahí está la necesaria rentabilidad que en extremos se sobrepone a las necesidades de empleo de la llamada clase trabajadora. Un documental de gran manufactura y una cinta que recrea con vigoroso verismo un conflicto común en los mercados laborales contemporáneos: el cierre y traslados de fábricas a conveniencia, librando regulaciones a veces muy laxas o de plano inexistentes.

American Factory (EU, 2019), documental largo ganador del Oscar, plantea de manera cercana, analítica y precisa, diversas aristas acerca de las condiciones y rasgos de las empresas hoy en día, en torno a la reconversión productiva, la transnacionalización de las industrias, su impacto en las comunidades y en los trabajadores con todo y los significados que se construyen alrededor de una fuente de trabajo, desde un ángulo intercultural, siempre presente y analizado enfáticamente en tres niveles: el macro, que involucra las concepciones y leyes laborales de los dos países, con toda su carga diferencial; el propiamente empresarial, que contrasta en métodos y formas de interacción y, finalmente, el personal y las implicaciones tanto para los trabajadores estadounidenses como para los chinos, cambiando de estilo de vida.

En tiempos postindustriales y del arribo de la llamada cuarta revolución industrial (4.0), una planta abandonada de General Motors en Ohio, que empleaba a dos millares de trabajadores, es adquirida por una empresa china dedicada a la fabricación de cristales para automóviles. Con el regreso de una fuente de empleo, el ánimo de los habitantes vuelve a encenderse y se muestran optimistas hacia los extranjeros recién llegados; con el paso del tiempo, las diferencias culturales, las distintas prácticas laborales y de ejercicio de la autoridad y, finalmente, la creciente automatización, el ánimo va cambiando de tono y las expectativas se van ajustando a una realidad laboral siempre conflictiva, sobre todo por las profundas diferencias culturales que se reflejan en la forma de concebir y darle sentido al trabajo.

Los experimentados documentalistas Steven Bognar y Julia Reichert (Making Morning Star, 2015; A Lion in the House, 2006) equilibran con notable fluidez las diferentes enfoques aproximativos y se inmiscuyen hasta en los procesos más internos de la empresa, así como en los pensamientos y sentimientos de varios de los involucrados, incluyendo tanto a los jefes en Estados Unidos como a los responsables chinos, liderados por el mandamás vicepresidente de la compañía. A partir de una edición precisa y una fotografía entrometida e intimista a la vez, nos vamos a las juntas de unos y otros, a los viajes de capacitación y a los mecanismos de supervisión ejercidos de manera distinta y asumidos en forma contrastante: de gran valor resulta el seguimiento personal que se presenta de algunos de los empleados, compartiendo su visión y la repercusiones de estos cambios en su vida personal.

Por su parte, el realizador francés Stéphane Brizé (Una vida, una mujer, 2016; El precio de un hombre, 2015; Mademoiselle Chambon, 2009) plantea un conflicto laboral con su acostumbrado olfato social en La guerra (Francia, 2018), historia en la que una empresa alemana de la cadena automotriz asentada en tierras galas, toma de la decisión de cerrar por razones vinculadas a los costos de operación y a que ha dejado de ser rentable: ante ello, el sindicato se opone determinantemente y exige a los directivos que cumplan con su palabra de sostener la organización al menos cinco años. La disputa se eleva a niveles políticos con un destino incierto en las negociaciones. Vincent Lindon encabeza con brío un reparto no profesional mientras que la cámara sigue con decisión y aliento documentalista las juntas, discusiones, protestas y esos acuerdos que se niegan a cerrarse. Muy oportuna para el análisis de las relaciones laborales hoy en día.

El documental se encuentra en NETFLIX y la cinta francesa en Cine Caníbal.


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