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Tachas 395 • Soul: la confusa vida de las almas • Oscar Luviano

Oscar Luviano

Óscar Luviano
Soul (2020)
Tachas 395 • Soul: la confusa vida de las almas • Oscar Luviano

Joe, un músico de jazz atrapado en un trabajo de maestro de secundaria, ve llegar la oportunidad siempre negada al audicionar para una legendaria figura de la escena local, Dorothea. Por desgracia, muere ese mismo día.  

Ante la injusticia de la que se cree víctima, se niega a dejarse llevar por la banda rodante que lleva a las almas a lo que parece una gran masa cuántica, y cae en el sitio donde las almas son diseñadas y entrenadas para la vida por grandes figuras de la historia (desde Platón hasta los últimos premios Nobel). Se hace pasar por uno de estos mentores, con la idea de encontrar el modo de bajar de regreso a la Tierra, reocupar su cuerpo y acudir a su noche de debut como pianista del cuarteto de Dorothea.

Trato de sintetizar los primeros diez minutos de Soul (2020), la primera cinta Pixar de la era Disney+, el nuevo buque insignia que toma el relevo de la fracasada versión “realista” de Mulan (2019). De hecho, más adelante, las cosas se van a complicar todavía más para Joe. Hacia el tercio medio de la película, los extraños seres cuadrimensionales (todos llamados “Jerry”) encargados de las almas sin contenido, le enjaretan a 22, quien ha derrotado a todos los mentores a cuyo cuidado ha quedado (incluyendo la Madre Teresa de Calcuta, a la que se jacta de haber hecho llorar).

22 no tiene interés en ser el alma de nadie, y acuerda con Joe que, una vez que pase el curso de inducción y se convierta en un alma certificada, el músico se apropiará del sello que le permita bajar a la Tierra y recuperar su cuerpo.

Soul es, pues, tan rocambolesca y surreal como Up (2009), también dirigida por Peter Docter: si aquella comenzaba como una historia de amor y terminaba como una aventura a lo Julio Verne en la profunda Amazonia, la historia de Joe comienza como una comedia musical y termina en una pieza existencial sobre la aceptación del sinsentido de la vida en aras de vivirla a fondo.

Contada así, esta producción no parece el tipo de diversión para un domingo por la tarde con niños que padecen el noveno mes de encierro pandémico, pero hay que decir que, con todo y su complejidad, al igual que con Up y con Inside Out (2015), el relato es efectivo e incluyente, y puede ser disfrutado por aquellos que no comprendan o no les interesen los cuestionamientos metafísicos que el filme plantea.

De hecho, Soul se puede ver como el reverso de Inside Out (no en balde comparten director), y se antoja para hacer con ambas un programa doble, de ese modo que se pueden combinar Lost Highway (1997) con Mullholland Drive (2001) de David Lynch, y The Westler (2008) con Black Swan (2010) de Darren Aronofsky.

No se trata de filmes que se complementen en una dicotomía de masculino/femenino, sino de obras que se contradicen abiertamente, que dialogan desde posturas abiertamente opuestas, pues al final de cuentas hacen preguntas que no tienen respuesta definitiva, y sólo pueden aspirase a verse reflejadas en la diversidad de la experiencia humana.

Así, mientras que Inside Out tiene como protagonista a Riley, una niña cuyas emociones se tornan incontrolables sin que pueda explicarse la razón, Soul se centra en un adulto que ya se ha resignado a una vida que considera mediocre. Y mientras que, dentro de Riley hay una serie de emociones encarnadas en personajes que la manejan como a una gigantesca maquinaria (lo que puede bastar en termino cientificistas para explicar y justificar la existencia), Joe ignora que posee un alma hasta que muere, sin que esa alma parezca haber tenido una relevancia en su derrotero vital.

La oposición entre ambas animaciones es más notable cuando cada una entra a explicar la mecánica de su mundo: mientras que las emociones de una adolescente habitan en una especie de vasta fábrica de la psique, con recuerdos clasificados, ordenados y desechados, Joe descubre que el sitio del que provienen las almas carece del sentido del que se supone que están hechas las almas.

Los Jerry adjudican el carácter de cada alma al capricho, y cada alma desarrolla aspectos positivos y negativos sin que eso parezca importar (una de ellas se presenta como la de un “megálomano manipulador”). A diferencia de la fábrica de las emociones, esta escuela de las almas no imprime un propósito a sus creaciones, que van a la Tierra sin saber, en realidad, qué hacer con sus vidas humanas.

Este sinsentido hace de Soul más confusa que filosófica, da mayor realce y hace más entrañable a una historia que termina por ser muy sencilla y a la vez profunda, en su definición de los instantes como aquello por lo que vale pena vivir. Una conclusión acerca de la vida y su carencia de respuestas me hace recordar una frase de Neal Cassady, el héroe de “On the road” de Jack Kerouac: “Para moverte no requieres de un lugar a dónde ir; sólo necesitas gasolina”.

Soul se puede ver en Disney+.

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