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Tachas 396 •Discos 2020 [I]: El año que vivimos en pandemia • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

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Tachas 396 •Discos 2020 [I]: El año que vivimos en pandemia • Fernando Cuevas

Empezamos el recorrido por algunas de las grabaciones que rodaron durante este complejo año, considerando que el concepto mismo de álbum se ha modificado pero que se mantiene como una forma de entender el legado musical de los artistas en cuestión.

Cartas de presentación

Desde Melbourne, Bananagun se sinceró, y a través de una florida mezcla de sicodelia sacada del garage, rock y rítmicas latinas se presentó con True Story of Bananagun, mientras que los canadienses Kiwi Jr. abrieron su trayectoria con Football Money, enclavado en un rock indie de aliento noventero que ha generado evidentes comparaciones con Pavement, en tanto Working Men’s Club nos invitó a saltar a la pista en penumbras, con una apuesta electrónica de concisa presentación vía el ídem Working Men’s Club.

Por su parte, el baterista asentado en Londres Moses Boyd, se introdujo en ese espacio que integra la electrónica con la acústica en el jazzero Dark Matter, y Sorry incorporó con sorprendente capacidad influencias del rock británico para presentar 925, uno de los más prometedores inicios de carrera. Después de varias colaboraciones y de andar muy metida en el medio del avant-garde y la electrónica, Beatrice Dillon firmó el intrigante y por completo absorbente Workaround, disco del año para la revista The Wire.

Con escritura prístina se dejó escuchar Land of No Junction, de la asentada en Dublín Aoife Nessa Frances, y desde Londres se publicó Forever Blue, poderoso primer largo de la compositora y multiinstrumentsta A. A. Williams, en el que el postrock se desplaza entre ambientes oscuros, como de manera más electrónica lo hiciera la artista asentada en Berlín Lyra Pramuk con su electrónico álbum Fountain, como buscando orígenes y al mismo tiempo consecuencias expresadas en las sentidas vocalizaciones de alcance doliente. KeiyaA apuntó a organizar el caos afectivo a través de Forever, Ya Girl con todas sus aristas de los sonidos negros.

Un quinteto de jóvenes con orígenes dobles: de la colombiana-canadiense Jessie Reyez nos llegó Before Love Came to Kill, bañado de R&B con tintes de advertencia premonitoria, mientras que de la japonesa-inglesa Rina Sawayama, después de varios años haciendo música, por fin se consolidó Sawayama, debut cargado de pop con alcances arty; la filipino-británica conocida como Beabadoobee generó Fake It Flowers, canto con la necesaria candidez y efusividad para resultar honesto. La coreana-estadounidense Yajie presentó el pop electrónico dibujado en What We Drew, después de varios sencillos premonitorios y la ghanesa-americana Amaarae se reveló cual criatura alada con The Angel Yo Don´t Now, entre sutil rítmica africana y pop de avanzada.

La rapera Megan Thee Stallion presentó Good News, acompañada de varios invitados ya con cierto kilometraje, mientras que la saxofonista londinense Nubya Garcia le entró al jazz con toda confianza en Source, firmando una de las mejores sorpresas del fatídico 2020. Jay Electronica, desde una perspectiva islamista, rapeó en A Written Testimony, mientras que el surgido en Washington D. C. Bartess Strange se desgranó y ahondó en la vieja idea de trascendencia en Live Forever, indagando acerca de la permanencia y explorando géneros varios para compartir sus ideas musicales, tal como 070 Shake y su Modus Vivandi, envolviendo su rap de aditamentos prestados de otros géneros, tal como lo hizo el veinteañero británico Pa Salieu mandando mensajes claros en Send Them to Coventry.

EN SOLITARIO

Hayley Williams (Paramore) debutó de manera individual con Petals for Armor, buscando respuestas personales frente a eventos difíciles como su divorcio: un álbum catártico y al mismo tiempo confesional. Maria McKee (Lone Justice) expuso para señalar su regreso La Vita Nuova con todo y sus referencias literarias, en tanto Frances Quinlan (Hop Along) se presentó en solitario con el pausado y a la vez penetrante Likewise, en tanto Brigid Dawson & The Mothers Network (Thee Oh Sees) nos invitó a su mundo en clave neosicodélica con Ballet of Apes, demostrando que en ciertas circunstancias, los primos se pueden imbuir en gráciles bailables.

La oriunda de Minneapolis Adrianne Lenker (Big Thief) entregó el reposado Songs and Instrumentals, destilando una sensibilidad contagiante asentada en el folk de su tierra y Róisín Murphy (Moloko) nos llevó otra vez a la pista para seguirse proclamando la reina indiscutida de los finales, poniendo toda la estructura a trabajar en Róisín Machine. Ripley Johnson (Wooden Shijps/Moon Duo) se armó como Rose City Band y nos obsequió Summerlong, entre parajes country salidos del campo alemán.

Vamos con los experimentados: Paul Weller (The Jam) continuó con su notable carrera individual con el enfáticamente crepuscular On Sunset, derramando ironía y sapiencia compositiva, mientras que Thurston Moore (Sonic Youth) compartió su vívido By the Fire, rasgando cuerdas para encender el ánimo y Coriky (Fugazi, The Evens y Massthetics), liderado por Ian MacKaye, sumó aprendizajes pasados entre sus integrantes vividas con otras agrupaciones y entregó el homónimo Coriky, ya con la solvencia que dan los años para bajarle al decibel y mantener la intensidad. Moviéndose entre las penumbras de la electrónica, Tricky (Massive Attack) produjo Fall To Pieces, buscando un bálsamo constructivo ante la muerte de su hija. Nick Mason’s Saucerful of Secrets (Pink Floyd) entregó Live At the Roundhouse, capturado en vivo durante el verano con todo el enfoque de reconocida progre-sicodelia.

Jarvis Cocker (Pulp), regresó bajo el nombre de Jarv Is… para enviarnos de gozoso y épico viaje más allá de lo esperado con Beyond the Pale, confirmando porqué es de los más agudos compositores de los últimos treinta años, como Stephen Malkmus (Pavement), quien ahora presenta Traditional Techniques, octavo álbum que abreva del folk inglés infectado por sonidos postmilenarios que responden a la evolución de las tradiciones. Jason Isbell & The 400 Unit (Drive-by Truckers) convocó a partir de su depurado y renovado country a mantener la fogata encendida en Reunions, mientras que Mark Lanegan (Screaming Trees, Queens of Stone Age, The Gutter Twins) continuó con su brillante carrera por su cuenta a través de Straight Songs of Sorrow, insertado en un rockblues con tintes folk que van directo al sentimiento.

CAMINOS CONTINUOS

Roger & Brian Eno sumaron talentos familiares para grabar Mixing Colours, ambient de colores por aparecer, en tanto el jefe Bruce Springsteen nos envió el sensible y energético Letter To You, cuya parte del proceso de creación quedó capturado en un documental. El viejo Bob Dylan lo volvió a hacer: Rough and Rowdy Ways se convirtió para muchos en el álbum del año, de una vitalidad y al mismo tiempo tranquilidad para el acostumbrado despliegue de las letras. Ya con el año por terminar, Paul McCartney nos sorprendió muy gratamente con McCartney III, con clara intención continuista.

Bill Fay compartió su sapiencia compositiva a través de Countless Branches, después de 8 años de silencio y Jon Anderson se puso evocativo en Years, teñido de country clásico, en tanto Steve Earle & The Dukes hicieron lo propio husmeando en el más allá con Ghosts or West Virginia. El gran Elvis Costello se dio gusto con Hey Clock Face, en el que igual se deja escuchar un rock directo que piezas en tono de crooner con sabores jazzeros y Baxter Dury profundizó vocales y relatos en The Night Chancers, recorrido nocturno por la presencia de posibilidades listas para ser aprovechadas. The Magnetic Fields produjo Quickies en su vertiente de pequeñas joyas y The Waterboys entregó Good Luck, Seeker, buscando seguir la ruta del folkrock con influjos celtas.

Pearl Jam, esa institución de congruencia rockera ya cumpliendo tres décadas, volvió con Gigaton y Wire, otra agrupación legendaria en el mundo del art-punk enarbolando banderas desde los setentas, entregó el igualmente decisivo 10:20. The Psychedelic Furs regaló el regreso del año con Made of Rain, primer álbum en 29 años con su sello de oscuridad pop, en tanto Sparks compartió A Steady Drip, Drip, Drip, para que no quede duda de que siguen cayendo las gotas en su bailarina milpa. Por su parte, The Flaming Lips entregaron el pronto reconocible American Head, de lograda accesibilidad y Missing Persons propuso su artpop en Dreaming, con la presencia de Dale Bozzio como invitado.

AC/DC siguió adelante después de la pérdida de Malcolm Young y a manera de tributo grabó Power Up, manteniendo en efecto la energía intacta y apuntando hacia arriba para lanzar disparos en la oscuridad, a la manera de Deep Purple roqueando sin problemas de edad en Whoosh, y Ozzy Osbourne se confesó con Ordinary Man, incluyendo varios invitados notables e inesperados; por su parte, Kansas se puso ontológico con The Absence of Presence y Erasure volvió a iluminar el recinto con The Neon. Recordando los sonidos setenteros, Rick Wakeman & The English Rock Ensemble nos llevó a conocer The Red Planet, de indudable aliento progresivo.




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