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Tachas 470 • El castillo de la Apolo • Ivonne Ortiz

Ivonne Ortiz

El castillo de la Apolo - Foto, Ivonne Ortiz
El castillo de la Apolo - Foto, Ivonne Ortiz
Tachas 470 • El castillo de la Apolo • Ivonne Ortiz

Como en la mayoría de las ciudades de México, en León también es fácil identificar construcciones irregulares que rompen con todas las reglas impuestas por arquitectos e ingenieros. Incluso la construcción ganadora del “Feitzker Prize” se encuentra orgullosamente en la ciudad de León. La llamada “Mansión Foster o Walt Delta”, popularmente conocida como “El Castillo Disney” ubicado en la colonia Valle Delta, se hizo famoso gracias a este galardón. Ivonne Ortiz habla sobre otro singular edificio, “el castillo de la Apolo” que se encuentra sobre el bulevar López Mateos, una joya de la arquitectura informal que despierta la imaginación de quien la observa.

Karla Gasca

El castillo sobresale por encima de los árboles, frente al paradero de la oruga de la calle Apolo, en el bulevar Adolfo López Mateos. A lo lejos parece ser solo una torre que se sostiene sobre la nada, una de cuatro pisos. El primero no tiene balcón, los últimos tres sí. Como un angosto callejón hacia el cielo, como una tripa sobre el aire, así es el castillo de la Apolo.

El número 718-A marca la curiosa construcción que mide cerca de dos metros de frente por unos veinte de fondo en cada piso. Para mayor referencia, el castillo se encuentra muy cerca del centro de la ciudad de León, a unos pasos del parque Hidalgo. Un portón de herrería color negro y garigoleado da la bienvenida al castillo.

Su historia es misteriosa aunque ahí no viva ninguna princesa en busca de ser rescatada y ningún príncipe tendrá que luchar contra un dragón para llegar hasta ahí.  Los propietarios son personas como tú y como yo:  una joven enfermera y su padre.

Ambos habitan el castillo de arriba a abajo, suben los escalones y en ocasiones se asoman por los ventanales. De día es difícil encontrarlos, pero los vecinos aseguran que son personas amables que ofrecen los buenos días a quien pase por ahí. Quien sabe cuántas escaleras deberán subir para llegar a su cama o incluso al comedor. 

El segundo piso aún está en obra negra. Tapizado de tabiques grises y sin ventanas, parece ser el área más sofocante de la casa.  

Cada piso cuenta con su propio acceso al frente. Me pregunto ¿cuál será la puerta secreta para entrar desapercibida como en un castillo encantado? Una serie de arcos en la parte más alta del castillo me recuerdan una iglesia cristiana.

Me sorprende que esta torre-castillo sea habitable, así de estrecha y profunda, y que se mantenga con el paso de los años.  A un costado hay un terreno grafiteado y del otro una propiedad con un portón de color marrón. Desconozco si pertenece a los dueños del castillo. Me parece que ambas construcciones son de la misma familia y sólo se dividieron los terrenos, como suele ocurrir.

El castillo de la Apolo se encuentra en una zona muy transitada. Todos los días circula gente en coche, caminando, en bici o en la oruga. Muchos voltean a verlo con curiosidad, otros con admiración y algunos con extrañeza. Cada quién imagina una historia distinta para el castillo mientras sus habitantes protagonizan su propio cuento de hadas.

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Ivonne Ortiz. Redactora y reportera en medios digitales. Aficionada de la fotografía, los lugares extraños y el color azul. Versátil siempre. Interesada en temas de violencia con perspectiva de género.
 

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