miércoles. 28.09.2022
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Tachas 484 • Alain Tanner: Retornar para buscar el centro • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Alain Tanner
Alain Tanner
Tachas 484 • Alain Tanner: Retornar para buscar el centro • Fernando Cuevas

Nacido el 06/12/1929 en Ginebra, Suiza, estudió Economía en la universidad de su ciudad natal y se desempeñó como marino mercante. Fundó un cineclub universitario y a partir de una estancia en Londres durante mediados de los cincuentas, terminó por motivar su inclinación vocacional hacia el mundo del cine; ahí colaboró con el prestigioso British Film Institute donde fue aprendiendo el oficio, potenciando la sensibilidad por las imágenes inherentes a su mirada, frecuentemente transitando de un tono realista con críticas a la sociedad de clases, a ciertos apuntes experimentales, con influencias de la Nueva Ola francesa y de la corriente conocida como free cinema inglés.

Inició su labor como realizador con los cortos documentales Nice Time (1957), capturando unos momentos de sábado por la noche en Piccadilly Circus; Ramuz; Pasage d’un poète (1957), de corte biográfico; la mirada a los alumnos, los materiales y el edificio en School (1962), complementado por el largo Les apprentis (1964), en donde se presentan varios adolescentes de distintas partes de Suiza; A City at Chandigarh (1966), de enfoque arquitectónico; Doctor B. Field Doctor (1968), sobre la vida del médico Bugnon y la comunidad rural donde ejercía. Además participó en aquellos años en un programa televisivo dirigiendo un capítulo y junto con Claude Goretta formó el colectivo Grupo 5, cuyas ideas de formato puso en acción de inmediato.

Presentada cuando las revueltas del 68 seguían transformando la estructuras sociales en varios países, incluyendo el mayo francés que retomó en su documental previo Power in the Streets (1968), debutó en ámbito de la ficción con el largometraje Charles, vivo o muerto (1969), en el que se presenta al dueño de una fábrica de relojes (François Simon) que toma la decisión de darle un vuelco a su vida y se va a vivir con una joven pareja que recién conoció, dándole un sentido más libertario a sus días: con esa cámara de movimientos rígidos y encuadres que esperan la aparición abrupta de los personajes, el realizador cuestiona las formas burguesas de la acomodada sociedad suiza. 

Arrancó la siguiente década con Les Internés Administratifs (1970), dirigida a cuatro ojos junto con Guy Ackermann, al que le siguió el documental La Vie Comme Ça (1970) acerca de las dificultades de una pareja de artistas; continuó en el mundo de la ficción con La salamandra (1971), thriller con tintes de comedia en donde una joven (Bulle Ogier) es sospechosa de intentar matar a su tío con quien vive y con El retorno de África (1972), insertando un fuerte aliento poético en la que una pareja suiza está decidiendo irse a Argelia. Vendría después la mirada política sobre la inmigración y sus contradicciones, con todo y componente íntimo, en El centro del mundo (1974), coescrita junto a John Berger, colaborador habitual del cineasta.

Continuó con Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000 (1976), filme que sigue a ocho personas vinculadas con el recién nacido el título y que estaban juntas en los conflictos de 1968; el filme mereció una secuela llamada Jonás y Lila (1999), en la que vemos al ya joven que recién terminó sus estudios de cine y formando pareja con una africana. En Messidor (1979), mientras tanto, siguió a un par de mujeres de distinto origen en busca de un cambio de vida tras un cúmulo de insatisfacciones, temática frecuente del director, con todo lo que implica quemar las naves y enfrentar un destino incierto.

Años luz para iluminar el réquiem de la sombra extraviada

Los ochentas marcaron una ampliación de fronteras, como se advierte en la ganadora del premio del jurado en Cannes, A años Luz (1981), filmada en Irlanda y bordando la relación entre un hombre y un anciano que dice tener el don de volar, cual Ícaro y Dédalo posmodernos; de ahí se fue a Lisboa y con Bruno Ganz en el protagónico, filmó En la ciudad blanca (1983), sobre un marino suizo que decide ya no regresar a su tierra y desde la distancia escribe cartas a su enamorada y graba videos, mientras observa el pálpito urbano y los nexos románticos se van modificando ante la aparición de una mucama. 

Durante el resto de esta década produjo en clave policiaca Tierra de nadie (1985), siguiendo a unos contrabandistas en momento de definiciones frente a la monotonía predominante dentro de la zona entre Francia y Suiza; Una llama en mi corazón (1987), donde una treintona (Myriam Mézières, convertida en colaboradora permanente) entiende el amor como un fuego que se enciende y se consume en un ciclo que parece inevitable, mientras que en La vallée fantôme (1987), Jean-Louis Trintignant es un cineasta que busca integrar a una mujer en su producción y con Marie Gaydu en el papel principal, La mujer de Rose Hill (1989), centra su atención en los conflictos entre el matrimonio convenido y el amor emergente.

Inició los noventas en Almería con la presencia de Ángela Molina, Francisco Rabal y Dominic Gould, elenco de El hombre que perdió su sombra (1991), relato del regreso de un hombre que se quiere reencontrar con su padre y que es buscado por su esposa y su amante, en tanto abordó un romance lésbico en El diario de Lady M (1993) con su respectiva cuota de drama. Tras el documental Dockworkers (1995), revisión crítica de las condiciones cambiantes en la seguridad laboral de los trabajadores del puerto en Ginebra, entregó Fourbi (1996), contando con la colaboración de Bernard Comment que lo acompañaría el resto de su carrera, en la que Karin Viard interpreta a una mujer que vende su historia de crimen por defensa propia a un canal televisivo con los condicionantes del caso.

En su etapa final como creador, adaptó con versatilidad al gran Tabucchi en Réquiem (1998), cual revisión del pasado de un autor recuperado a través de otras voces; dirigió con Myriam Mézières, quien escribió el guion, Flores de sangre (2002), reflexión de una adolescente cuando pasó su infancia con su madre, una cabaretera de vida tan disipada como intensa. Paul s’en va (2004) fue su último largometraje y revisó, en forma naturalista, la reacción de un grupo de estudiantes ante la desaparición de su profesor, tomando diversas responsabilidades. 

Su última contribución fue en el 2012 con un episodio para la serie televisiva Le faute à Rousseau, en honor al pensador francés por su aniversario 300. Murió el 11 de septiembre de 2022 a los 92 años de edad, dejando un legado susceptible de ser redescubierto y quizá encontrar que la neutralidad habitual de su país, no pasó por su incisiva propuesta cinematográfica, cuestionadora de las estructuras sociales y su influencia en la inmovilización de las relaciones y decisiones personales, por momentos dando signos de rebeldía en el contexto próximo.


 

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