Riqueza del vocabulario

"...los más obligados a buscar y usar nuevos vocablos somos los adultos..."
Riqueza del vocabulario

La mayoría de las personas coinciden en reconocer la importancia de enriquecer el vocabulario. Escucho a muchos adultos insistir que a los jóvenes y niños les hace mucha falta.

Pero las anteriores generaciones hacemos poco para que las nuevas lo enriquezcan. Recordemos que la socialización (proceso de integración social del individuo) la realizan por imitación. Los adultos si sabemos de una palabra novedosa (por poco usual), extrañamente la aplicamos en nuestra comunicación cotidiana. A veces, la registramos como un caso curioso o anecdótico y hasta ahí llega el esfuerzo. Ninguna palabra podrá arraigar en las nuevas generaciones si no la escuchan con regularidad y la oportunidad de oírla solo puede venir de los mayores cercanos.

Somos los adultos los responsables que los muchachos tengan un vocabulario pobre. Si un niño ve al padre, tío, abuelo, hermano mayor, maestro, etc. leer, será probable que considere importante la lectura. Por supuesto, si lo ve consultar el diccionario, el adulto también propicia que se habitúe a usar el diccionario. Y por extensión, si no escucha nuevas palabras, tampoco el menor tendrá oportunidad de enriquecer su vocabulario. Por ello, los más obligados a buscar y usar nuevos vocablos somos los adultos. Antes de recomendar una actividad a las nuevas generaciones, los adultos debemos rodearla de importancia con nuestra propia acción.

Un ejemplo representativo es la palabra pandemia. Hace un año, no era vocablo entre niños o adultos lejanos a aspectos de salud. No obste, hoy, por ser tema de charlas formas e informales, es comprensible para cualquiera. Una palabra no usada, es un vocablo extraño; término en la boca de todo, es expresión genérica.

Las palabras extrañas, llamadas popularmente domingueras en México, dejarían de serlo si fueran de uso común. Y sólo pueden ser comunes si todos nos habituamos a usarlas. El diccionario oficial (el de las academias de la Lengua) tiene cerca de cien mil entradas (palabras ordenadas alfabéticamente y con definición). Seguramente contendrá la palabra requerida para expresar la idea que nos ronda la cabeza. Evidentemente, si no conocemos, ni usamos alguna palabra nueva o recién conocida, se olvida y será difícil expresar con exactitud. A todos nos ha pasado. En ocasiones cuando intentamos explicar algo, nos faltan las palabras precisas. Y, a pesar que la idea es clara en nuestra mente, nos resulta difícil exponerla porque no tenemos el vocablo a la mano.

Buena parte del problema de un vocabulario pobre se debe a que, en términos generales, recurrimos a palabras comodín. Somos perezosos, pocas veces meditamos sobre el término preciso o no buscamos en el Diccionario. Incluso, a pesar de conocerlas, recurrimos a palabras que las sustituyen sin mucho esfuerzo.

Es el caso dela voz cosa o de los pronombres ese, esa, este, esta, etc.  Es regular usar o escuchar a alguien decir “pásame esa cosa” o “pásame la esa, la que está junto al ese”. Estos casos reflejan que los adultos poco nos esforzamos por encontrar la palabra precisa para definir lo requerido. Y con ello se va perdiendo el uso regular de algún vocablo. Así hacemos propicio que a las nuevas generaciones les resulten cada día más extrañas y difícil lograr la riqueza de vocabulario, tan reclamada a las generaciones menores… como si fura su única responsabilidad.

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