lunes. 26.09.2022
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Las hojas de la personalidad

"Sucede que ninguna hoja por sí sola proporciona una imagen completa e intensa del retrato, se necesitan todas, y además así empalmadas, una sobre otra y consecutivas. Y sucede además que ese retrato no está acabado, cada día se le encima otra hoja con más y con menos detallitos, matices de color, en fin. He usado esa imagen para dar una idea de la forma en que parece estar constituida la personalidad."

Las hojas de la personalidad

Elíjase una imagen, la que se quiera. Hay que procurar mirarla no como pintura aplicada sobre una superficie. Mírese como una unidad. Hágase ahora el esfuerzo de verla construida a base de este plástico de acetato sobre el cual se puede imprimir y se va superponiendo. Digamos que se trata de un retrato, y que uno mira esa cara en tres cuartos de perfil, los ojos cafés, la nariz respingada, la boca de labios delgados, el color encarnado de la camisa. Entonces uno, al darse cuenta de que trata de hojas superpuestas, comienza a despegar acetatos y se da cuenta que en el de más arriba está impreso un poco del color de la piel, pero casi no se ve, sólo tiene valor cuando está encima de los otros, en que se vuelve color firme. Y ese acetato tiene también algo de la silueta de la boca, y unos detalles como puntitos del iris de los ojos, y unas líneas que definen el cabello del retratado. Y el siguiente acetato, por completo diferente, atiende a otros rasgos de la fisonomía y aún del vestir. Y así sucesivamente.

Sucede que ninguna hoja por sí sola proporciona una imagen completa e intensa del retrato, se necesitan todas, y además así empalmadas, una sobre otra y consecutivas. Y sucede además que ese retrato no está acabado, cada día se le encima otra hoja con más y con menos detallitos, matices de color, en fin. He usado esa imagen para dar una idea de la forma en que parece estar constituida la personalidad. Ésta se ha ido formando con el paso del tiempo, desde el nacimiento. Cada día se añade una hojita nueva que hace ver el retrato como una sola imagen, pero en realidad está compuesto de hojas y hojas sobrepuestas.

¿Qué pasa si observamos el retrato y decidimos intervenir en la siguiente hoja que añadiremos? ¿Qué ocurre si sacamos una de las primeras hojas o de las de en medio y la retocamos, por ejemplo le matizamos el color fuego que allí había? La imagen del retrato va a cambiar o va a empezar a verse algo diferente, pues los detalles van a ofrecer tonalidades distintas. Como suele decirse en la calle: “no sé qué te pasa, pero sí noto algo diferente en ti”. Esta es la idea de la consulta: la persona no va a dejar de ser ella, sólo va a empezar a introducir matices, va a delinear áreas, quizá va a eliminar datos que ya no hacen falta o que ya no van con la fisonomía de esa cara.

Puede empezar a ser visible por ejemplo una leve sonrisa, comienza a mostrarse un destello en los ojos, el color pálido del vestido aparece como si fuera un grado previo de una intensidad no conocida antes, la frente exhibe la ausencia de arrugas y el ceño parece distenderse. ¿No es esta una oportunidad formidable? ¿Darse cuenta de que si se interviene el retrato cambia? Lo más probable es que la persona quiera seguir modificando de este modo la figura final del retrato. Y puede suceder, tal vez, que al sumar intervenciones, de pronto perciba que ya no son necesarias unas cuantas decenas de hojas de acetato que no tenían impresos sino unos rasgos insignificantes. O que otras son decisivas porque allí se condensa mucho, y entonces se afane en conservarlas y, mejor aún, en situarlas en un sitio estratégico.

Por este camino, como se ve, se aligera la carga o se pone la atención en lo determinante. Y como ya se aprendió el procedimiento, seguramente la persona no dejará ya de intervenir en la figuración de ese retrato, que nunca estará terminado, el cual sin embargo será más consonante y menos estridente cada vez.

¿Y qué pasa si una persona sólo interviene de vez en cuando y no de manera sistemática? Cuestión de ver. Es que todas las personas somos diferentes, y hay algunas que con una sola acción son capaces de renovar al completo su mundo, otras que requieren se les lleve paso a paso hasta que generen experiencia para andar solas, algunas más operan a su propio ritmo y ocupan ayuda intermitente. En realidad todas lo hacen de la mejor manera, y todas están en lo correcto. Pues conocen la imagen del retrato, saben cómo está, cómo podría ser más consonante, dónde se nos fue la mano de color o de intensidad en la línea del perfil. Así que a su tiempo y a su modo, confiando en sus propias fortalezas y conocimiento interiores, así como en su intuición, deciden hacer algo con los acetatos que forman la figura o con el retrato mismo. 

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