Martes. 15.10.2019
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Marco Batta
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27/07/17

Juan Carlos Osorio, nuestro chivo expiatorio

¿Por qué tanto encono como para recibirlo con insultos después de la descalificación de la Copa Oro, algo que nunca había sucedido con otros entrenadores? 

Juan Carlos Osorio, nuestro chivo expiatorio

Los judíos de la Biblia solían realizar un ritual en el que el pueblo “depositaba” todos sus pecados en un chivo. Después enviaban al animal al desierto, al demonio Azazel, para purificar así a la comunidad. 

Algo semejante parece estarle ocurriendo al actual director técnico de la Selección Mexicana. Se le critica su “mal desempeño”, aunque en general sus resultados parecen ser mejores que los de procesos anteriores. A cada paso se le echa en cara la goleada contra Chile (7-0) o contra Alemania (4-1). 

Se dice que el equipo va mejor que en procesos anteriores; pero no por mérito del entrenador, sino porque los jugadores son mejores que en el pasado. Se dice que lleva muchos partidos “moleros” ganados y que por eso sale bien parado en las estadísticas. Por último, se dice que sus rotaciones hacen que el equipo nunca termine de asentarse. 

Sin duda, es algo complejo y probablemente hay algo de verdad en todas esas afirmaciones. Pero entonces, ¿por qué tanto encono como para recibirlo con insultos después de la descalificación de la Copa Oro, algo que nunca había sucedido con otros entrenadores? 

Quizás el entrenador colombiano, que a cada paso nos da muestra de su calidad humana, no es más que el blanco de nuestra frustración como país. Estamos cansados de no ser nada (o de ser muy poco). Siempre sacamos los primeros lugares en corrupción, en falta de confianza en las instituciones, en analfabetismo y destacamos en poquísimos deportes, sobre todo, si se consideran nuestros recursos materiales —porque somos un país rico— y el tamaño y edad de nuestra población. 

Sin embargo, el “fenómeno Osorio” es algo positivo. Muy positivo. Quiere decir que nos estamos volviendo más exigentes, que esa cultura de la mediocridad y el conformismo, tan eficazmente inculcada por cierta cadena
televisiva, se está acabando. Ojalá que, sin descuidar las formas, sigamos exigiéndole a la Selección lo que debe ser y de paso también a los políticos y, sobre todo, a nosotros mismos. 

Estamos cansados de nuestra mediocridad y al pobre Osorio le está tocando pagar el pato. 

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