En diabetes, cualquier extremo puede llevarnos a la muerte • Maricruz Romero Ugalde

“¿Cómo diferenciar los signos y síntomas de esos momentos de crisis..?”
Maricruz Romero 110821
En diabetes, cualquier extremo puede llevarnos a la muerte • Maricruz Romero Ugalde

Dos prefijos hipo.- debajo de… o escasez de…  e hiper.- exceso o grado superior a lo normal relacionados con la hipoglucemia, ausencia o hiperglucemia, presencia de glucosa en sangre y su manejo pueden ser una cuestión de vida o muerte.

La hipoglucemia se refiere a tener valores menores a los 70 mg/dl; mientras la hiperglucemia a que los valores sean mayores a 240 mg/dl. Es decir, una persona sana o que no viva con ninguno de los más de 6 tipos de diabetes mellitus tendría valores normales que oscilan entre 70 a 100 mg/del para la población mexicana en ayuno.

En la entrega de la semana pasada ahondamos en la importancia del registro de nuestras principales conductas en un diario de vida para relacionarlas con los datos obtenidos con el glucómetro y así brindar información objetiva a nuestro equipo de salud que le permita atendernos mejor para vivir con calidad de vida[1]. Hoy siguiendo con las conductas del autocuidado hablaremos de la sexta para la Australian Diabetes Educators Association (ADEA)Resolución de problemas para los niveles elevados y bajos de glucosa en la sangre y para los días de enfermedad”.

Si bien el tema se liga directamente con el aspecto biomédico -mismo que expondremos someramente- el énfasis siempre es en el aspecto social, nuestras interacciones humanas en entornos específicos. ¿Cómo diferenciar los signos y síntomas de esos momentos de crisis?, ¿Qué podemos hacer cuando nosotros o alguna persona cercana vive un episodio de hipoglucemia o hiperglucemia? y ¿Por qué la hipoglucemia o la hiperglucemia son factores de riesgo? Son las preguntas que nos orientan en esta ocasión.

Conocer nuestro cuerpo es el principio de salud básico. En esta sociedad el estrés que implica aspirar a tantas, variadas y exigentes expectativas sociales y las condiciones de vida en las que nos desarrollamos generan una contradicción permanente donde lo aparentemente básico como el hecho de nacer, crecer y multiplicarnos ligado a subsanar los requisitos indispensables de “casa, vestido y sustento” se han vuelto una aspiración sociohistórica inalcanzable. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluacion de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) para el 2020 la medición de la pobreza muldimensional en el país tan solo en los indicadores de habitantes que viven en pobreza y pobreza extrema, representan el 43.9% y el 8.5%, respectivamente; en número de personas son 55.7 y 10.8 millones, respectivamente, en total 66.5 millones de personas sin incluir aquellos que se incorporan en otros indicadores relacionados a las carencias sociales.[2] ¿Quiénes atienden a estos seres humanos en salud? ¿Cuentan con servicio de salud estas personas? ¿Podrían cambiar a conductas de autocuidado saludables para atender la DM? Para la mayor parte de las y los mexicanos la salud es más un lujo que un derecho humano básico.

En tiempos del padecimiento de COVID-19, donde además de las sugerencias sanitarias para evitar la propagación exponencial del SARS-CoV-2 en sus diferentes variantes está el conservar la salud. Esto se liga a fortalecer nuestro sistema inmunológico con prácticas saludables como son: comer más frutas y verduras, menos alimentos procesados; tomar el sol por lo menos 10 minutos diarios, lo que implica exposición directa en horario adecuado; descansar con calidad el número de horas de acuerdo con nuestra edad, género, actividad cotidiana entre otras; realizar actividad física, de preferencia en espacios abiertos y/o naturales; convivir sanamente con seres vivos y congéneres; manejar nuestras emociones de tal suerte que las identifiquemos, nos conectemos y las dejemos pasar sin afectarnos o afectar a terceros; por mencionar algunas de las acciones básicas accesibles para quienes contamos con educación, solvencia económica, disposición, y en tiempos de pandemia, conectividad efectiva, electricidad, equipo de cómputo y alfabetización tecnológica mínima, entre otros.

Vivir saludablemente es una decisión cotidiana, donde el factor individual es social y como vimos en párrafos anteriores, no necesariamente es accesible de manera universal. Sin embargo, la convivencia directa o ahora virtual es frecuente. Somos seres sociales y por ello, es importante reconocer la diferencia entre signos y síntomas de la hipoglucemia y la hiperglucemia. Tanto la persona que vive con diabetes necesita reconocer en su cuerpo estos cambios ya que en cada persona se presentan de manera específica; así como la gente con quien convive esa persona también requiere ser sensible a los posibles cambios de la persona. Esto muchas veces no es factible porque quien vive con diabetes lo oculta, o bien, las personas cercanas son indiferentes a la situación de vida de los demás. Visto así, el principal factor de riesgo para vivir una complicación consecuencia de una baja o una subida de azúcar en la sangre es la indiferencia y la negación. Otro elemento importante es tener o identificar quién tiene un glucómetro y saberlo usar.

En la hipoglucemia y la hiperglucemia algunos de los signos y síntomas se parecen como la presencia de náuseas o debilidad; otros, en cambio son muy específicos, pero para quienes no estamos familiarizados con ellos nos puede costar trabajo identificarlos. En caso de que alguien cercano presente cualquiera de los signos y síntomas de los que hablaremos más adelante la primera acción es estar con la persona y acceder a un glucómetro, es decir, vigilar la evolución del paciente y registrar de manera objetiva su nivel de lucosa en sangre, sin ese dato, cualquier acción puede llevar a consecuencias mortales.

La hipoglucemia se presenta con más frecuencia en las personas que viven con diabetes Tipo 1, es decir, la autoinmune, la que puede no tener un origen identificado y que antes se le relacionaba con los jóvenes y por ello, le llamaron también diabetes juvenil. En ésta el uso de la aplicación de insulina para imitar la producción que en un cuerpo sano se genera es una característica, por ello a las personas que viven con diabetes mellitus Tipo 1 (DM-T1) muchas veces se les refiere como insulinodependientes. Estas personas son más propensas a padecer hipoglucemia por una probable respuesta al tipo de insulina o bien, a la cantidad suministrada. Sin embargo, no es exclusivo, también pueden presentar hipoglucemia las personas con diabetes mellitus Tipo 2 (DM-T2). El riesgo de la hipoglucemia es que puede generar accidentes, lesiones, llegar a un coma o incluso la muerte. Entre los signos y síntomas que se presentan de manera rápida se identifican por lo menos 17: inestabilidad, nerviosismo o ansiedad; sudoración, escalofríos y humedades; irritabilidad e impaciencia; confusión incluyendo el delirio; latidos cardiacos rápidos; mareo o vértigo; hambre y náusea; somnolencia; visión borrosa; dolores de cabeza; debilidad o fatiga;  ira, terquedad o tristeza; falta de coordiación, pesadillas o gritos durante el sueño; convulsiones, y estar inconciente o perder el conocimiento[3]. Ante estos malestares es importante revisar con un glucómetro el índice de glucosa en sangre y actuar. Si el número es menor a 70 mg/dl, registrar el dato y la hora en que se obtuvo y consumir entre 15 a 20 gramos de carbohidratos o glucosa, por ejemplo, esto puede ser el equivalente a 2 cucharadas de pasas, media taza de jugo o refresco, en ningún caso de dieta, o una cucharada de azúcar, miel o jarabe de maíz. Después de ello, volver a medir la glucosa a los 15 minutos, si sigue el nivel bajo, repetir la ingesta, en caso de alcanzar el nivel óptimo de glucosa entre 70 a 100 mg/dl comer algo en pequeña cantidad si el próximo alimento fuera entre una hora u hora y media y hablar con su asesor médico de inmediato para recibir información sobre cómo evitar y/o manejar este tipo de episodios.

La hiperglucemia, el nivel alto de glucosa en sangre, es decir, mayor a 240 mg/dl se presenta en las personas que viven con DM-T1 por un suministro deficiente de insulina y en la personas con DM-T2 las causas pueden ser desde haber comido más con menos actividad física, o el estrés producto del inicio de un resfrío o gripe, conflictos familiares, problemas en la escuela o trabajo, o situaciones con la pareja. Además, es importante mencionar que es frecuente la presencia de la hiperglucemia en el horario de 4 a 5 de la mañana cuando nuestro cuerpo produce más hormonas. Entre los signos y síntomas más fáciles de reconocer se encuentran el aliento con olor a fruta, necesidad frecuente de orinar, náuseas o vómitos, falta de aire, sequedad de la boca, debilidad, desorientación, dolor abdominal y coma. Este último, debido a una “cetoacidosis”, nivel de cetonas elevado en sangre. Siempre la primera acción para atender a una persona que presente alguna o algunas de esas manifestaciones es hacer la prueba con el glucómetro para verificar sus niveles de azúcar en sangre, si estos son mayores a 240 mg/dl una forma de bajar el nivel es realizar actividad física, pero cuidado, si en la orina hay presencia de cetonas está contraindicado hacer dicha actividad. Como puede ser difícil hacer una pruebra de orina, mejor acudir a asesoría médica de inmediato.

La persona que vive con diabetes mellitus siempre está en riesgo de sufrir un episodio de hipoglucemia o hiperglucemia. Conocer su cuerpo, mejorar sus conductas con las herramientas del diario de vida, el uso del glucómetro y el seguimiento del tratamiento terapeútico recomendado por su equipo de salud para lograr vivir con marcadores normales de glucosa en sangre es la manera en que se podrá evitar la llegada de las complicaciones, para ello es importante, tener presente que la diabetes mellitus no se cura -no existen pruebas científicas de ello- y que, haste el momento, es un padecimiento crónico, degenerativo y mortal. El propósito para seguir viviendo con calidad de vida es mantenerse con un nivel de glucosa normal mayor de 70 y menor de 100 mg/dl resultado de las conductas saludables incorporadas en su vida cotidiana. Es posible tomando acción individualmente y más alentador cuando se cuenta con la solidaridad del entorno social próximo, llámense: abuel@s, madres y padres, herman@s, hij@s, amig@s, parej@s, coleg@s, conocid@s. Junt@s es mejor.

En la próxima entrega abordaremos la 7ma. conducta del autocuidado “Reducción de los riesgos de las complicaciones crónicas.” Hasta entonces…

 

[1] Agradezco a la egresada de Antropología Social María Elizabeth Navarro Jerónimos el haber compartido bibliografía que utilice en la contribución titulada “El pinchazo para el glucómetro sirve pero no es suficiente.”

[2]https://www.coneval.org.mx/SalaPrensa/Comunicadosprensa/Documents/2021/COMUNICADO_009_MEDICION_POBREZA_2020.pdf

[3] www.diabetes.org

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