miércoles. 28.09.2022
El Tiempo

Paz a la mexicana • Maricruz Romero Ugalde

“La paz no es una palabra; es una forma de vida…”

En el desfile del 16 de septiembre, 1 - Foto, Maricruz Romero
En el desfile del 16 de septiembre, 1 - Foto, Maricruz Romero
Paz a la mexicana • Maricruz Romero Ugalde




A Vero, quien decidió confirmarse

 

 

El día 21 de septiembre se designó como Día Internacional de la Paz por las Naciones Unidas en su sesión plenaria del 2001, dando seguimiento a lo que en 1981 la Asociación Internacional de Presidentes de Universidades promovió en San José, Costa Rica, de celebrar un año, un mes y un día de la paz. En ese entonces se había decidido que se celebrara el día de la paz el tercer martes de septiembre. 

Este 2022 el tema es “Pon fin al racismo. Construye la paz” que incluye respetar el acuerdo de 24 horas de no violencia y alto al fuego. La pregunta, de respuesta obvia: ¿Rusia y Ucrania cumplieron con ese compromiso? Recordemos que el 7 de abril del presente año las Naciones Unidas suspendieron del Consejo de Derechos Humanos a Rusia. Para la misma institución internacional lo importante es promover la cultura de paz que entiende como “…valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de abordar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones”. ¿Dónde quedan las instituciones? ¿Cómo grupos? Mmm...

¿Es posible vivir la cultura de paz en la vida cotidiana? Analicemos tres hechos, durante la exhibición militar (desfile) en la Ciudad de México en un pequeño tramo de la avenida Reforma el que va de la Embajada de Estados Unidos de Norteamérica y la Estela de luz. 

Primer hecho

Alrededor de las 9 de la mañana se terminó de instalar la infraestructura para bloquear las calles que conducen a la avenida de referencia. La gente se acercaba a pie en pequeños grupos: parejas, familias, grupos de conocidos portando diferentes distintivos desde los sombreros de ala ancha con detalles en los colores: verde, blanco y rojo, hasta gente vestida con playeras con frases como ¡Viva México! o algunas con refranes, pasando por niñas con vestidos floreados o niños con bigotes postizos. La algarabía comercial era inaudita: desde la venta de bancos portátiles de aluminio con tela, otros de plástico y muchos de madera, pasando por los silbatos de laminillas que se pierden en los labios -ingenio mexicano, tanto por la producción del juguete como el arte de tocarlo-  hasta los puestos de tostadas verdes ovaladas, acomodadas de pie en el fondo de un gran canasto. El vendedor ofrecía el preciado alimento, uno a la vez. Colocaba la tostada sobre un papel de estraza, luego colocaba nopalitos a la mexicana coronados con queso fresco.

En el desfile del 16 de septiembre, 2 - Foto, Maricruz Romero
En el desfile del 16 de septiembre, 2 - Foto, Maricruz Romero

Unos hacían fila para ser despachados; otros, ubicados alrededor del gran canasto que descansaba en unas patas de madera, se veían cautivados por el estilo de la preparación. Matracas, paliacates, frituras, aguas frescas, nieves, eran el tianguis caminante que enmarcaba la exposición “Mujeres que mueven a México”, con 60 fotografías de gran formato de la documentalista Yara Cavazos. Mujeres como la astrónoma Julieta Fierro, la ingeniera Katya Echazarreta, primera mujer en ir al espacio, o la raquetbolista Paola Longoria. 

Segundo hecho

Grandes y pequeños buscaban el mejor lugar sombreado y a la orilla de la calle, usando la banqueta de asiento, o bien un espacio un poco más lejos en las bancas de piedra que forman el límite entre el paso peatonal y los jardines. Quien se sentaba ya no se movía, a menos que intercambiara el espacio con algún conocido de manera momentánea. Así, poco a poco la banqueta ancha arbolada -el paseo Reforma- se iba haciendo angosta. En los cruceros de las avenidas principales, como en la glorieta del Ángel de la Independencia, o donde está la fuente de la Diana cazadora, estaban los pabellones del Ejército, la Fuerza Aérea o la Guardia Nacional promoviendo sus instalaciones, historia o escuelas. En el de la Fuerza Aérea destacaba la hélice Anáhuac que diseñó y manufacturó el Ing. Juan Guillermo Villasaña López en 1915 y patentó en 1918. Este invento permitió elevarse más y mejor a los aviones, lo que dio un giro a la aeronáutica mundial de la época. Los obsequios y el trato a las infancias en todas las instalaciones de las diferentes dependencias del ejército contrastaban con el de la Guardia Nacional. Apenas 3 espacios: uno con pequeñas computadoras con juegos interactivos, otro con pantallas para mostrar las actividades o bien, el equipo de seguridad corporal que utilizan, y la exposición canina con 4 razas diferentes, la clásica de Pastor Alemán y un Xoloitzcuincle raza estándar de entre 45 y 60 centímetros (una de las tres que existen de este perro endémico de América, particularmente de nuestro territorio. El vocablo es náhuatl y significa: xólotl esclavo, deforme o extraño; e itzcuintli, perro. Se encuentra en peligro de extinción y se caracteriza por no tener pelo o de haberlo, es muy escaso). Entre obsequios, participación en juegos o tomarse la fotografía, las niñas y los niños acompañadas/os de adultos participaban de la “feria” militar. En el cielo se escuchaban los helicópteros que en formación de 7, parecían armar un rombo con 4 vehículos más grandes y una punta, con 3 pequeños. Estos volaban sobre el monumento conocido como “Estela de Luz” de manera oficial, o la “Galleta de nieve” o “Monumento a la corrupción” denominaciones populares que se escuchan con frecuencia. 

En el desfile del 16 de septiembre, 3 - Foto, Maricruz Romero
En el desfile del 16 de septiembre, 3 - Foto, Maricruz Romero

Tercer hecho

Ahí, en el “Monumento a la corrupción”, “La gran suavicrema”, “La estafa de luz”, monumento que en ningún momento fue el Arco Bicentenario que solicitaba la convocatoria. En la ahora “Estela de Luz.  Monumento del Bicentenario de la Independencia”, proyecto ganador en 2009 encabezado por César Pérez Becerril, financiado por diferentes niveles del gobierno en la época de Felipe Calderón. Aunque se autorizó una inversión aproximada de 200 millones de pesos para que se entregara en septiembre de 2010, la realidad es que se le invirtieron más de 1000 millones y se inauguró en enero de 2012, sin los jardines ni la plaza que conectaría a los diferentes espacios de la zona. Sus 104 metros de alto se ven opacados en primer lugar por la Torre Mayor, edificio que está cerca y cuenta con una altura de 220 metros, y otros dos que se sumarían poco después. Así, el espectáculo que se quiso ofrecer con los cristales y focos led ni en la noche se pueden apreciar bien. En ese espacio, a plena luz del día, la luz que significa la búsqueda de la paz se hizo presente.  Quienes estábamos en el lugar sólo percibíamos una gran tela colgando pequeñas figuras humanas sobre la estela. Lo que sucedía del lado de las famosas rejas de Chapultepec, verdes, era diferente del lado de la Torre Mayor. Fue por el radio, la televisión, las redes sociales tecnológicas, la prensa, que se apreció el mensaje del colectivo “Hasta encontrarte”, que denunciaba la ineficacia para encontrar a las personas desaparecidas en nuestro país, y puso el énfasis del riesgo, primero de escalar y burlar la vigilancia, para evidenciar el riesgo de la militarización nacional. No es lo mismo ser militar que policía: la diferencia está en el entrenamiento y las prioridades, defender a la patria de amenazas externas o resguardar la seguridad del ciudadano requiere de estrategias, legislación, capacitación, presupuesto por mencionar algunos de los grandes detalles cuya base está en la protección de los derechos humanos de quienes vivimos en este país. 

Colofón

La luz de la lucha de quienes han tenido que actuar más allá de la denuncia y volverse profesionales de la búsqueda de sus seres queridos ante la falta de respuesta oportuna, eficaz y eficiente de las instituciones al cargo. Hoy la luz está en la gente que desde la cultura de paz, busca el diálogo para resolver conflictos. Vivir sin violencia significa escuchar y atender los reclamos sociales por menos discursos y más resultados. Hay quien llevó escaleras para disfrutar del desfile, hay quien debió hacer rapel para denunciar; ojalá haya más ciudadanas y ciudadanos que, haciendo patria, evitemos la discriminación, el racismo y el clasismo que nos fragmentan y hacen víctimas del poder político, el narcotráfico y la corrupción. La paz no es un palabra; es una forma de vida.  




***
La autora es etnóloga, profesora de la Universidad de Guanajuato adscrita al Departamento de Estudios Sociales, División de Ciencias Sociales y Humanidades, Campus León e integrante del Cuerpo Académico: Agua, Energía y Cambio climático.

Comentarios