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Norteamérica 2026: Día uno • Fernando Cuevas

“Después de un espectáculo no muy memorable, con una secuencia anodina de canciones y números más bien desangelados…”

Foto por 442 Mundial 2026
Foto por 442 Mundial 2026
Norteamérica 2026: Día uno • Fernando Cuevas

Por fin rodó la pelota, atravesando conflictos políticos y económicos entre los tres países anfitriones, además de los problemas internos, sobre todo de dos de ellos. Así, iniciaron las acciones en el grupo A con resultados más o menos esperados, en los que ganaron los favoritos, con más o menos dificultades.

GANAR SIN CONVENCER

Después de un espectáculo no muy memorable, con una secuencia anodina de canciones y números más bien desangelados, la innovación fue al momento de cantar los himnos, en el que salieron al campo los 26 jugadores de cada conjunto. El partido inaugural, que significó la coincidencia hasta ahora inédita de que se repitiera un mismo enfrentamiento para abrir las acciones de una copa del mundo -como sucedió en el certamen del 2010-, se presentaba como una buena oportunidad para que uno de los anfitriones arrancara con un buen resultado y animara a una ciudad convulsa entre disputas por el espacio público a través de marchas y bloqueos, como sucedió en Brasil 2014, y a un país necesitado de alegrías.

Con una formación de 4-1-4, la selección de México saltó al campo impulsada por la tribuna del estadio Azteca (o como le llamen ahora), recinto que ve por tercera ocasión la inauguración de una copa del mundo. El cuadro de Sudáfrica, comandado por el belga Hugo Broos, trataba de asentarse en el escenario con una formación conservadora de línea de 5 y tres medios que parecían estar, de inicio, más pendientes de su propio arco. Los de verde arrancaron con la idea de presionar desde la salida, aprovechando un visible nerviosismo de los de amarillo que desde muy temprano empezaron a recurrir a las faltas. Muy pronto llegó la primera llegada en buena jugada que Jiménez finiquitó, pero el arquero Williams alcanzó a meter manotazo milagroso para evitar un prematuro gol.

La presión rindió frutos: una pérdida de balón provocada por Lira que alcanzó a puntear para que Quiñones, brindando una astuta y sólida presentación, la controlara y lanzara un disparo raso al cuerpo del arquero que no alcanzó a detener con las piernas: la tribuna festeja al 9’ el primer gol del torneo y el milésimo en la historia de la selección mexicana. Un remate de Jiménez, otros disparo cercano del propio Quiñones y el juego entró en un episodio plagado de faltas con un bajón en la intensidad del equipo anfitrión, dejando de tratar de retener la pelota y ganarla lo antes posible, y pases fallidos en zona alta por parte de los sudafricanos, a quienes se les dificultaba elaborar un tipo de juego medianamente propositivo. Tras la pausa, por fin apareció el primer remate de los visitantes al 36’, ni siquiera con dirección a puerta, y para despedir la primera parte, Quiñones la dejó en el poste.

Al iniciar el segundo tiempo, Fidalgo desperdició un regalo del portero y, dada la presión con la que arrancó la segunda mitad el equipo mexicano, los sudafricanos se veían acorralados, al grado de que en una descolgada, Sithole cometió falta como último hombre y vio la tarjeta roja al 49’. Parecería que ahora sí los de casa podrían finiquitar el trámite, pero no se notó el hambre ni el hombre de más durante los minutos posteriores, en los que el partido cayó en un marasmo sin demasiada claridad: incluso los Bafana Bafana, al ver cierta parsimonia del rival, se empezaban a animar con avances que, ciertamente, no generaban ningún atisbo de peligro. No sucedía gran cosa y vinieron los cambios: Aguirre movió a Fidalgo y Gutierrez, participativos pero con poca fortuna, y mandó al campo a Chávez y al joven Mora, mostrando el talento de inmediato.

Prácticamente en la siguiente jugada, el Piojo Alvarado, de gran partido, le puso un centro preciso a Raúl Jiménez para que metiera certero cabezazo y anotara el segundo para el equipo, y el primero para él en copas del mundo, al 67’: las lágrimas del ahora delantero, una vez más, del Wolverhampton, brotaron como si llevaran contenidas muchos años. Pero en lugar de seguir al frente, el Tri pareció tomarse las cosas con demasiada calma, realizó otros cambios y se dedicó básicamente a una labor administrativa, incomprensible ante la oportunidad de ampliar la ventaja. Todavía se quedaron con otro hombre menos los de amarillo por la expulsión de Zwane al 84’, tras revisión en el VAR y traducción críptica del árbitro Sampaio, y ni así se animaron al frente: incluso Montes vio la roja hacia el final del partido al tener que contener un ataque peligroso, montado con dos hombres menos en el campo.

Lo más importante era ganar, pero no lo único, considerando además que el rival estuvo por debajo de lo esperado. El funcionamiento deja ciertas dudas sobre todo en cuanto a varias inconsistencias que derivaron en episodios de grisura y desconexión entre líneas ante un rival que ofrecía muy poco riesgo; exceso de confianza y displicencia cuando se tenía superioridad numérica; escasa idea y poca capacidad de aventura al frente para buscar el tercero, dada la importancia que puede tener la diferencia de goles; se entiende que no todos los jugadores estén en un mismo nivel, pero se observaron diferencias en cuanto a disposición. Y en un descuido, una expulsión que obliga a realizar ajustes para el siguiente encuentro, cuando la línea de cuatro se vio bastante sólida. Habrá que revisar para aprender.

VOLTERETA MERECIDA

Con líneas de cinco hombres en defensa, Corea del Sur y Chequia se vieron las caras en el Akron de la ciudad de Guadalajara. Las primeras llegadas aparecieron pasados los diez minutos por parte de los coreanos: primero un disparo desviado por la defensa, e inmediatamente después un remate en el tiro de esquina que pasó relativamente cerca. Volvieron a avisar con tiro desde fuera del área, bien resuelto por el gigantón arquero Kovář, y por fin los checos se asomaron al cuarto de hora de juego. Pelotas largas en general imprecisas, balones parados desperdiciados, más disputa que creación y defensivas bien paradas ante la falta de imaginación ofensiva, hasta que Son, cerca de los 40 minutos, lanzó un par de disparos que al menos lograron animar al respetable, entre quienes se encontraba un nutrido contingente coreano. Trató de empujar el equipo centroeuropeo pero el cierre fue para los asiáticos, si bien no consiguieron inquietar lo suficiente al arco de enfrente.

Para la segunda mitad, los checos intentaron de igual forma presionar arriba, aunque la primera gran oportunidad llegó pronto en sendos remates de Lee y Sung, que el portero acabó rechazando en emergencia, como un mano a mano que resolvió frente a Son. Los de rojo parecían, ahora sí, ejercer un dominio más propositivo sobre los de blanco, todos con el distintivo en su brazo que indica que son debutantes. Pero este juego es impredecible: en un saque de banda, Krejčí conectó de cabeza para romper el cero al 59’ y la lógica del partido, que se orientaba en favor de los Guerreros de Taegeuk, quienes sacaron ese espíritu para recuperarse y pronto Lee, el jugador del PSG, entregó gran servicio a Hwang, quien tras un gran recorte mandó la pelota al fondo de la portería para emparejar el partido al 67’.

Vendría después otro gol a balón parado conseguido por los checos, anulado por fuera de lugar, mientras que los coreanos seguían buscando hilar fino al frente, en una segunda parte muy distinta a la primera. Fue en el 80’ cuando el propio In-beom puso la pelota en el área para que Hyeon-gyu se anticipara al primer palo y consiguiera el segundo tanto para su equipo, sentenciando una merecida voltereta. Tuvo dos oportunidades para el empate del cuadro también conocido como Národák, pero el portero Seung-gyu estuvo atento para evitar la caída de su puerta y asegurar los tres puntos para la causa coreana, quedando en segundo de grupo por diferencia de goles tras la primera jornada. Contrastantes los dos tiempos del juego.