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Vida en la morgue

Fernando Cuevas de la Garza

Vida en la morgue

Es el lugar de espera para dar el paso final, entre artefactos punzocortantes, planchas deslizables y extraños matraces. La única compañía son otros cadáveres en vías de autopsia, cremación o entierro, y unas personas que discurren acerca de las causas de la muerte seccionan y analizan, llenan papeles y, en algunos casos, se vinculan con una funeraria tipo Six Feet Under para ponerle buena cara a la despedida. Un par de películas en las que estos lugares se convierten en el escenario central de sus tétricos desarrollos, transitando con soltura entre una realidad viscosa que se escapa por la coladera y un halo de sobrenaturalidad que sobrevuela por las grisáceas atmósferas de coloridos líquidos.

Cadáver impoluto o el sonido de la campanilla

Padre e hijo atienden su morgue que ya es toda una tradición familiar. Cerca de terminar el día, justo cuando el joven se dispone a salir con la novia, el sheriff del poblado les lleva un misterioso cuerpo que apareció en la escena de un crimen múltiple un tanto incomprensible: lo más extraño del asunto es que este cadáver de una mujer que no rebasa los 20 años se mantiene intacto, sin evidencia alguna que permita conocer la causa de la muerte a simple vista; ni siquiera hay rasgos de rigor mortis o descomposición.

Tras disculparse con la novia, el joven decide quedarse con su papá para ayudarlo a deducir, metódicamente y con toda la experiencia a cuestas, las causas de la muerte de la recién llegada, objetivo central de su trabajo. El proceso de indagación llevará a ambos por territorios insospechados y pondrá a prueba la capacidad de deducción de los forenses, enfrentados a una situación inédita que inicia con sucesos en apariencia naturales en los que se involucran el gato y la grabadora, al tiempo que se refiere el recuerdo de la esposa y madre ausente.

Enclavada en un horror clásico que va subiendo en intensidad y con una secuenciación justa que no requiere mayores detalles, la cinta aprovecha con malicia el espacio cerrado, como si constantemente se estuviera, paradójicamente, debajo de la tierra. El manejo de la cámara consigue husmear tanto la sala de autopsia como esos pasillos apenas alumbrados que parecen llevar décadas como testigos de los descubrimientos mortíferos, con todo y el antiguo elevador, muy a tono, que funciona casi con voluntad propia: en tanto, el cuerpo inerme de la mujer se mantiene tal cual.

Con resolutiva actuación de Brian Cox, que en ciertos momentos recuerda al también viudo y famoso médico forense Quirke, creado por John Banville (firmando como Benjamin Black), y de Emile Hirsch como el solidario vástago, La morgue (The Autopsy of Jane Doe, RU-EU, 2016) está dirigida con astucia y sentido del miedo por André Øvredal, bien conocido por Trollhunter (2010), empleando con habilidad recursos quirúrgicos, incluyendo logrados maquillajes y sutiles efectos visuales, para que nos sintamos atrapados en esta vieja instalación habitada por más muertos que vivos, atravesando esa frontera en la que aún puede sonar la campanilla.

Los demonios internos

Con base en la novela de Dan Wells, trasladada a la pantalla junto con Christopher Hyde y dirigida por Billy O’Brien, I Am Not a Serial Killer (Irlanda-RU, 2016) sigue los pasos de un joven con necesidad de atención psicológica dadas sus tendencias homicidas (Max Records), en tanto ayuda a su madre (Laura Fraser) en la morgue y asiste a la escuela de algún poblado de Minnesota, que irremediablemente remite a Fargo. Como vecinos tiene a un afectuoso anciano (Christopher Lloyd) y su esposa, a quienes que apoya; esporádicamente ve a su terapeuta y se encuentra con su hermana, algún amigo y una pretendiente: pero su atención pronto será ocupada por completo.

The Killer in Me is the Killer in You, cantaban los Smashing Pumpkins en Disarm, como si fuera una tonada que el joven protagonista se repitiera constantemente para controlar y trabajar sobre sus instintos asesinos, mientras sigue la indagación para descubrir quién y para qué comete estos crímenes que tienen atemorizada a la comunidad. La cámara se instala con una perspectiva frecuentemente subjetiva, como parte de las labores de seguimiento que realiza el adolescente, llamado enfáticamente John Wayne Cleaver, en tanto se insertan secuencias producidas por la imaginación que parecen más reales que lo que en efecto alcanza a descubrir.

Postdata: Terror iraní

En Under the Shadow (RU-Jordania-Qatar-Irán, 2016), una madre y su hija tienen que sobrevivir a la partida del esposo y padre respectivamente en Teherán, poco después de la guerra entre Irán e Irak y después a una serie de ataques en tiempos de la revolución cultural iraní, con todo y las consecuencias para el estilo de vida permitido a las mujeres (ahí está la intrusión del video de ejercicios de Jane Fonda). Además del sello de origen y la pertinente combinación entre el horror de la guerra y el sobrenatural, el filme dirigido por Babak Anvari centra su atención en las relaciones familiares y su inherente complejidad en contextos de vigilancia constante.

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