Es lo Cotidiano

Homenaje a Míster Barrett

Javier Morales i García

Javier Morales - Homenaje a Míster Barrett
Javier Morales - Homenaje a Míster Barrett
Homenaje a Míster Barrett

 

Jueves, 13 de julio, 2006

Pink Floyd's Barrett dies aged 60.
«He died very peacefully a couple of days ago,» the band's spokeswoman said.
"There will be a private family funeral.

Viernes, 14 de julio, 2006

Hablando de ácidos...

Todas esas cosas las recuerdo perfectamente. No se olvidan.

Yo nunca fui un hippie de los años 60 y 70, así que no tomaba ácido en terrones de azúcar, ni participé de ninguna comuna en donde por las mañanas al levantarse tomaban su vasito de jugo de naranja para camuflar el sabor de la droga y después bailaban todos juntos dándose la mano en un círculo que quería ser eterno pero que terminó por romperse de alguna manera, como se rompió el sueño…

Los ácidos, también conocidos como tripis, por aquello del viaje, el Trip, eran una de las drogas que había en la calle a finales de los 70 y durante los 80. El líquido solía venir en unas bolsas de plástico y era de un color amarillento claro que, diluido con agua, se volvía aún más claro. Los vendedores, llámalos Camellos si quieres, los ponían en unas placas de papel muy fino, en donde había diferentes diseños de todo tipo. Más o menos lo mismo que ahora las pastillas donde se pueden ver diferentes figuras y marcas. Así que el líquido se ponía en estas placas y se extendía cuidadosamente de una manera uniforme. Entre los consumidores se tenía la idea de que siempre en el centro de la placa había más cantidad de ácido. La otra forma de presentarlo era en una especie de puntos, algo así como la cabeza de un lápiz, de diferentes colores.

La ceremonia de tomar ácido era especial. Se tenía conciencia de que podía haber malos viajes, así que se tenía que hacer todo lo posible para que esto no sucediera. ¿Cómo? Pues intentar rodearte de gente como tú, en tu onda, sin malos rollos y que buscase lo mismo. En cualquiera de los casos, el mal viaje se podía presentar sin avisar. Lo ideal era tomártelo de día y el algún sitio alejado de las ciudades. Ácido en la ciudad no. Por ejemplo, en una playa perdida o en una montaña. Un mal viaje en la ciudad podía ser horroroso, todo se te caía encima.

La dosis podía variar. Hay gente que se tomaba un ácido entero, otros lo partían en dos partes o en cuatro, o simplemente en cachitos. Había ácidos que estaban más fuertes que otros. Cuando te lo tomabas, tardaba entre 40 minutos y hora y media en causar efecto. Y más de una vez te encontrabas diciendo "¡Esto no me sube, esto no me sube!" Pero una risa tonta era la primera prueba de que sí, sí estaba subiendo.

Según el ácido que fuese, los efectos podían ser distintos, claro está. Algunos ácidos los podías controlar, me refiero a que podías decir: estoy colocado, lo noto y lo disfruto. Otros te controlaban a ti. De repente, una flor te parecía lo más bonito del mundo o tus manos no parecían pertenecer a tu cuerpo y las mirabas extrañado. De repente, un rugido interior te lanzaba a reír, gritar, temblar... realmente el cuerpo se separaba del mundo. Tu voz sonaba separada de ti, y tu piel era como una brasa ardiente. Tengo recuerdos de diferentes ácidos y de diferentes viajes: había unos ácidos con forma de punta de lápiz que se solían llamar "Micropuntos". Los había de diferentes colores. El Micropunto Marrón, por ejemplo, hacía que notases un agujero en el cuerpo y, a borbotones, surgía la risa y unas ganas locas de moverte y de bailar. El Micropunto Verde era uno de los mejores, con un efecto más fuerte. Recuerdo tener una especie de sabor a jabón en la boca y quedarme quieto, fumando, pero por dentro todo se movía... Era como estar en un precipicio todo el rato. No te podías mover porque te caías, las piernas te temblaban, no podías fijar la mirada, todo se movía, todo daba vueltas... Y si, por ejemplo, cantabas o escuchabas música, eras el mejor del mundo. Las vibraciones se te metían muy dentro de tu cuerpo y solo eras uno con el mundo.

Los ácidos en placas de papel solían ser más flojos, pero los había de diferentes tipos. Por ejemplo, estaban los llamados "Ventanas Abiertas" u "Open Windows", que venían de la tradición mas hippie de los 70. La gota de ácido había sido puesta en papel transparente y durante un buen número de horas todo tu cuerpo estaba en otro mundo. Por un lado, solo atendías a las necesidades más primarias... pero por otro lado eras capaz de cualquier cosa. Recuerdo estar en una montaña alejado de la ciudad, con varios "viajeros" más, tocando los bongos y la armónica y la música nos sabía a gloria. Risas, bromas, paseos, saltos, conversaciones extrañas.

Hubo una vez que ya nos habíamos tomado una de estas ventanas abiertas (bonito nombre) y quisimos tomarnos un poco más. Ya nos había subido. Abrimos el papel de platina donde lo teníamos guardado. Estábamos en una especie de barranco con un puente de unos 20 metros y, de repente, uno de esos movimientos medio torpes hizo que uno de los minúsculos ácidos se cayera por el puente hacia abajo. Recuerdo perfectamente que, mientras el ácido caía, mi visión no perdió de vista ese pedazo de papel transparente. Cuando bajamos el barranco y buscamos el ácido, lo encontramos, lo cortamos en tres partes y nos lo comimos. Aquel fue un buen viaje.

Otro ácido en papel fue uno que llamamos "Seta Sonriente"... Tal cual, el diseño era una seta sonriente. Aquel tripi era para reír y fumar. Había bastante líquido y la boca se te quedaba como acartonada con sabor a moras, pero durante 6 horas te reías. Te reías de todo. No parabas. Cualquier cosa te parecía cómica. De lo demás no te enterabas. Estando de viaje de ácido te podías hacer una herida, hacerte sangre y solo te enterabas al día siguiente, cuando el efecto había pasado. Era como una pequeña montaña rusa, con sus subidas y sus bajadas. Los buenos momentos eran cuando nos tomábamos los ácidos de día y nos íbamos a la playa escuchando las canciones de los Rolling Stones, los Wailers, los Specials, Toots and The Maytals, los Ramones...

El agua del mar, la arena negra, el sol, todo aquello favorecía el buen viaje. Por supuesto, la música.

La psicodelia bebía de todo esto. Todas aquellas músicas de mediados/finales de los 60 se entendían mucho mejor si estabas en ácido. Todas aquellas notas extrañas, aquellos instrumentos, aquellas voces, aquellos títulos y letras que hablaban de juegos y de personajes de Alicia en el País de las Maravillas se pueden entender y disfrutar sin haber probado un ácido en tu vida... pero si los has probado entras en un nivel diferente de disfrute y aceptación. También hay sonidos que te son insoportables, así que creo que esa es la verdadera causa de la psicodelia norteamericana y británica. Música para escuchar en ácido. Largas canciones de 12 minutos llenas de efectos y solos de guitarra que en tu cabeza solo duraban unos instantes.

Y los Malos Viajes. Era como si todo se te cayese encima. Era como si te estuvieran persiguiendo, espiando, comentando a tus espaldas, maldiciéndote. Todo tu cuerpo te picaba. Todos los problemas te venían encima y eras el peor tipo del mundo o, por lo menos, nadie te entendía. Era como si todos los insectos del mundo pasearan por tu cuerpo. Una posible solución era estar solo. Alejarte de todo y de todos y dejar que el efecto fuese calmándose, dejar que el odio al mundo se fuera convirtiendo en eso, en un mal viaje. Que el mal viaje fuera remitiendo tenía que ver con la dosis que te habías tomado, pero también con tu mente. Uno no se podía tomar un ácido y pensar en tus problemas, en el mundo real, en tu familia. Uno no podía arrepentirse de haberse tomado el ácido. Una cabeza bien amueblada, unas ideas claras, una seguridad en sí mismo, un afán de diversión y de conocimiento eran la clave para que no existieran los malos viajes. Pero, para cualquiera que haya tomado un ácido, el mal viaje llegaba alguna vez. Y de la misma forma llegaba ese momento es que delante de ti aparecía una barrera.

Esa barrera invisible que significaba entrar para siempre en el País de Los Sueños o volver a la realidad. Hoy puedo decir que yo no salté esa barrera (creo...), pero que pude haberla saltado fácilmente y que entiendo a la gente que la ha saltado. Entiendo a los que han viajado en ácido y se han quedado en el País de Los Sueños. El Mundo puede ser maravilloso, pero también sabemos que somos más realistas si decimos que El Mundo es bastante triste, ridículo, injusto, y que son dos días los que estamos aquí, así que entiendo perfectamente al Señor Barrett.

Ahora lo entiendo más que nunca. Espero que por fin este en su País de Los Sueños particular. Espero que sea feliz como él ha hecho feliz a mucha gente.

La Vieja Ola le quiere.

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Javier Morales i García
(Tenerife, España) es editor del fanzine Ecos de Sociedad, la publicación mod más longeva en Europa. Desde inicios de los 80, escribe, reseña y edita; hoy, Ecos puede leerse aquí. Es obseso de la música y el cine.

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