domingo. 21.04.2024
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El nuevo cine de horror (según yo) [I]

Oscar Luviano

Possessor Uncut (2020)
Possessor Uncut (2020)
El nuevo cine de horror (según yo) [I]


Este año pandémico, me decidí a honrar la tradición de Halloween con un maratón a lo largo de todo octubre. Una de las cosas que más me emociona de estas fechas, además de las infinitas variedades del pan de muerto, es la posibilidad de formarme una perspectiva de las tendencias del cine de subgénero, y en este caso pude tomarle el pulso al cine de horror en el final de la segunda década del siglo XX.

A contrapelo de los títulos que en los últimos años han dominado la taquilla, el cine de horror del extrarradio no banaliza el abuso infantil (It, partes I y II), no se centra en el susto gratuito (The conjuring), no se consume en el cinismo paródico (Midsommar), no destaza clásicos para pergeñar versiones descafeinadas en nombre de los nuevos públicos (Child´s play, Nightmare of Elm Street, y similares rebooteados), y sabe hacer uso del humor y la referencialidad sin caer en la autoparodia (Dr. Sleep).

El cine de terror del extrarradio hollywoodense muestra una mirada vigorosa y saludable. Ha sabido adoptar a la perspectiva de género, el discurso racial y las políticas del cuerpo y de los cuidados, con una naturalidad que el cine militante realista haría bien en estudiar. Es un cine comprometido, que sabe discutir su realidad sin olvidarse de que está dirigido a un público ávido de los placeres del horror y la sangre.

O es un cine que sabe valerse del horror y la sangre de su realidad, para abrir una discusión sin dejar de ser divertido y sin ser (nunca) panfletario.

De manera que aquí están algunas de las películas que vi durante este País de Octubre, agrupadas por temáticas y afinidades, con algunas notas que resumen las razones por las que el lector debería verlas.


El horror del cuerpo

El temor al otro, al contacto y al contagio, y a nuestra pérdida de la dimensión social que nos ha traído la pandemia, son temáticas urgentes que han revitalizado el género inaugurado por David Cronenberg, el Body Horror. De la mano de su hijo, Brandon Cronenberg, Possessor Uncut (2020) es un estimable relato sobre una asesina a sueldo, Tasya Vos (Andrea Riseborough), que es inoculada en los cuerpos de huéspedes inocentes, a los que obliga a cometer magnicidios, de manera tan espantosa como gráfica (banqueros, líderes políticos y millonarios). La cosa va bien hasta que uno de sus receptores (un diseñador de juegos de realidad virtual) se rebela. Aunque alejado de la inquietante estética de Cronenberg padre, el filme ofrece apuntes interesantes sobre nuestras motivaciones primarias, sobre el acto de habitar el cuerpo, y es una oportunidad de ver, de nuevo, a Jennifer Jason Leigh, y disfrutar de otra muerte a cuadro de Sean Bean.

El terror feminista

Con esto no me refiero al rechazo que provocan las reivindicaciones feministas en el círculo del segundo mejor presidente del mundo, sino en un cine que discute los roles de género y las imposiciones a los que someter al cuerpo y a la vida de las mujeres.

Sweetheart (2019), escrita y dirigida por J. D. Dillard, narra el enfrentamiento de Jenn (Kiersey Clemons) y el tritón que asola la isla desierta donde ha caído tras el hundimiento del yate en el que viajaba con su pareja y amigos. Tras sobrevivir al acoso del monstruo, Jenn debe entrarse a la incredulidad de su pareja, que cae en la isla poco después. El “corazón” del título es el cansino mantra con el que Lucas (Emory Cohen) desestima sus advertencias, achacándolas al abuso de las drogas que Jenn cometió en el pasado. Todo sale mal, como era de esperarse, en un relato que se vale de sutiles señales para apuntar que, ni siquiera en una isla desierta, una mujer se libra de las demandas de perfección y rectitud que el mandato social le impone. 

The Wind (2018), poderosa ópera prima de Emma Tammi, presenta a Lizzy (Caitlin Gerard), que tiene una vida dura pero satisfactoria con su esposo Isaac en la pradera norteamericana del siglo XVIII. Su quietud se rompe cuando otra pareja se instala en una casa cercana. Pronto se revela que Emma (Julia Goldan) padece esquizofrenia y ataques de ira. Los dos hombres dejan todo su cuidado en manos de Lizzy. Emma abunda en fantasías sobre demonios de la pradera, y se suicida tras sugerir que está embarazada de Isaac. La película nunca deja claro si el viento que persigue y tortura a Lizzy (en imágenes de una perturbadora belleza) es el fantasma de Emma o la psique de Lizzy, quebrantada por la culpa.


 

Continuará…

 

Óscar Luviano (Ciudad de México, 1968). Narrador y poeta. Cuentos suyos se incluyen en Nuevas voces de la narrativa mexicana (Planeta, 2003) y en Así se acaba el mundo (SM, 2012). Colabora en diversos medios y publicaciones.

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