domingo. 21.04.2024
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Tachas 564 • Nariz • Karla Gasca

Karla Gasca

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Tachas 564 • Nariz • Karla Gasca

Las narices son cosa seria. Las hay pequeñas, alargadas, aguileñas, chatas y un largo etcétera. Barbra Streisand y Adrien Brody se distinguen por su nariz. Cyrano de Bergerac es más recordado por su nariz que por su obra literaria. Thomas Wedders, inglés miembro de un circo ambulante por allá de 1770, inspiró relatos históricos gracias a su nariz de 19 centímetros. Gonzo, de los Muppets, no sería tan entrañable si le faltase esa gran nariz que lo distingue. Las narices pues, son cosa seria. También las hay rectas y completamente funcionales o curvas y medio inútiles, como la mía.

Una de las partes del cuerpo que me creció enloquecidamente durante la adolescencia fue la nariz. Tomó su propio rumbo luego de que, en una de mis fiestas de cumpleaños (la número nueve si no mal recuerdo), mis primos y amiguitos del colegio se encargaran de magullarme el hueso de la nariz al aplastarme la cara contra el pastel, con tal fuerza, que golpeé con ella el plato del fondo y el betún adoptó el color rojo intenso de mi sangre. El golpe provocó que el tabique nasal se desviara, lo que más tarde me traería problemas para respirar y otras complicaciones. 

Nunca vi a mi nariz como víctima colateral de un atentado contra mi integridad, y llegué a odiarla sin compasión. Me hacía sentir fea y la inseguridad creció en mí casi tan rápido como mi nariz. Me urgía llegar a la mayoría de edad para entrar al quirófano y enderezarla, algo que ocurrió hasta que cumplí 20 años. La cirugía la llevó a cabo el que fue mi otorrinolaringólogo desde la infancia. En la cirugía ambulatoria logró enderezar el tabique, pero me advirtió que las narices, al igual que las personas, tienen memoria, por lo que existía la posibilidad de que siguiera el camino que había marcado, y así ocurrió. 

El hueso de mi nariz, la gran parte que lo conforma, ahora está recto, pero la falta de cartílago en la punta hace que se curve hacia la derecha. Nadie sospecha que me operé la nariz justamente porque está chueca; un toque que la hace ver muy natural. Antes de morir Mauro, mi otorrino, me propuso una nueva operación, pero yo me rehusé; no quería volver a pasar por la experiencia de guarecer gasas enrolladas dentro de cada fosa nasal hasta la garganta. Le agradecí la buena intención y seguí con mi vida y con mi nariz. 

Con el paso del tiempo descubrí que la autopercepción es engañosa. Existe la posibilidad de que mi nariz no fuera tan horrible como yo pensaba, y de que en la actualidad no esté tan torcida como creo. Ahora, cuando me veo en el espejo y me estaciono un rato en mis defectos, procuro verlos desde otro enfoque, uno más afectuoso. Pienso en Barbra Streisand, Adrien Brody y en Gonzo, también en la belleza poco convencional, como la de Cleopatra y Rossy de Palma. Pienso en la aceptación. Al fin de cuentas, el sex appeal se esconde en los lugares menos pensados.






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Karla E. Gasca (León, Guanajuato, 1988). Autora del libro de relatos breves: Turismo de Casas Imposibles (Los Otros Libros, 2023), (Ediciones Liliputienses, 2023). Algunos de sus cuentos figuran en las antologías: Para leerlos todos(2009), Poquito porque es bendito (2012), y Presencial, memoria del encuentro entre colectivos literarios del Seminario Amparán (2021). Becaria del PECDA Guanajuato (2022) en la categoría Jóvenes Creadores, dentro de la disciplina de Crónica. Becaria del programa Impulso a la Producción y Desarrollo Artístico y Cultural del ICL (2023) en la categoría de Literatura con el libro de crónicas: Nemi. Historias de una ciudad. Obtuvo el primer lugar en el Tercer Certamen de Cuento Corto de la Casa de la Cultura Efrén Hernández. Finalista del Premio Latex 2023 de microficción urbana (Editorial MOHO). 


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