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Tachas 565 • Algo que se evapora • Jeanne Karen

Jeanne Karen

Imagen generada con IA
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Tachas 565 • Algo que se evapora • Jeanne Karen

Para alguien como yo, que constantemente está observando y preguntándose cómo funcionan las cosas, ¿cómo es que da vuelta el mundo? ¿Cómo hacemos cada uno de nosotros para seguir existiendo, para mantenerlo todo, y para vivir en una realidad, que quizá no lo es, ni siquiera merece ese nombre de Realidad? 

Pienso en el casi infinito número de veces al día en que encuentro algo relacionado con los corazones rotos, pero extrañamente en este momento, ninguna me sirve.

Desde dos tazas de un té blanco, una botella de vino, un postre raro y delicioso que lo calma todo, pero no, no me ayuda. Tampoco un gran libro, un buen libro, cientos de miles de citas literarias impresionantes que dejarían a cualquiera boquiabierto. No, nada me llega.

No puedo hablar todavía de mi dolor, no sé cómo se llama, no sé en qué parte de mi cuerpo puedo colocarlo. ¿A dónde se le lleva a vivir o a morir?

Tan fuerte, tan profundo, que hizo que mi corazón se evaporara. No se apagó, no se rompió, más bien se volvió parte de lo etéreo, de lo inexistente. En ese cuerpo sensible, en esa habitación de las emociones, no hay nada más, un vacío sin nombre. Repaso todo lo que he leído sobre un corazón roto, sobre la desdicha, sobre la melancolía, la nostalgia, la devastación; nada me queda. 

Cuando alguien que amamos se va, las palabras aparecen exangües y sabemos que su debilidad para conformar una definición es real. Ya no brillan, permanecen casi silenciosas en su opacidad, en esas formas, son como objetos que ya no significan. Una letra A con una letra M, dejan de ser próximas, ya no alteran el ritmo cardiaco, no hay forma de volverlas a juntar para extraer una idea.

Los recuerdos también lastiman, también contienen pequeñas cápsulas, un dolor intermitente como las luces en el semáforo, una señalética de la pérdida.

Intuimos que no volverá, que no veremos de nuevo los mismos ojos. Lo que más pesa es la idea de no haberlo dicho todo, de no lograr cumplir las promesas, tal vez pequeñas, tal vez las más grandes, pero lastiman igual. 

Luego siento que no pude volver a tiempo, no pude dedicarle una tarde, leerle mis poemas, mis libros, los terminados, los que vieron la luz. No pude tampoco hacerle un café descafeinado. Sin embargo me queda el reino del anhelo, solamente para mí, como un lugar deshabitado que he visto en sueños, y donde me reconozco.    



 

***
Jeanne Karen 
(San Luis Potosí, México, 14 mayo 1975). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Temas como la muerte, la introspección y la complejidad semántica en la comunicación en relación con el autismo y las ciencias exactas como las matemáticas y la física, influyen su trabajo en un debate casi ético. Premio estatal de poesía Viene la muerte cantando (1998) Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos (1999), de Poesía Manuel José Othón (2002 y 2006) Premio de Periodismo Francisco de la Maza por Publicación o Programa de Difusión Cultural (2009).

Ha publicado los libros: Simulación dinámica (Bitácora de Vuelos, 2015), Cementerio de elefantes (Múltiples editoriales). Hollywood (Ponciano Arriaga), Menta (Ponciano Arriaga).

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