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Tachas 574 • Ben Vautier: La creación textual desde el anti-arte • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas

Ben Vautier
Ben Vautier
Tachas 574 • Ben Vautier: La creación textual desde el anti-arte • Fernando Cuevas

Cuestionaba al arte desde dentro, preguntándose sobre qué era y qué no era: si se piensa que todo es arte, se puede concluir que nada lo es. Con Hay que comer. Hay que dormir (1953), iniciaba a poner las cosas en orden de prioridad;  Yo lo firmo todo (1960), una de sus obras emblemáticas, colocaba justo el énfasis ya no en la concreción o en la autoría, sino en la posibilidad de romper con las lógicas imperantes en el mundo del arte y sus instituciones, como cuando creó también la proclama de El arte es inútil, nada es arte, abajo el arte (1963), provocando y cuestionando las formas de relación entre el arte y la vida cotidiana, por momentos caracterizadas por el snobismo y la exclusión: El arte es inútil, vete a casa (1971), volviendo a lo expresado por Oscar Wilde y muchos más.

Nacido en Nápoles en 1935 dentro de una familia de origen francés que después de un periplo se asentó en Niza, Ben Vautier traía el arte como herencia, en particular de su bisabuelo, el pintor suizo de quien llevaba su nombre. En los cincuenta entró en contacto con Yves Klein, quien se movía por la innovación de las artes escénicas, influyó en movimientos como el art pop y fue uno de los cabecillas del Nuevo Realismo de la Escuela de Niza, ciudad a la que Ben “enmarcó” como si fuera una obra de arte firmada por él; sus intereses se empezaron a inclinar por experimentadores y rupturistas como Marcel Duchamp y John Cage, además de movimientos de vanguardia como el letrismo y el dadaísmo, así como el llamado Mail Art.

Algunas de sus obras más visibles se plasmaron a través de pinturas con mensajes estilizados o de carácter infantil que funcionaban también como declaración de principios, combatiendo el ego, el peso de la autoría y el elitismo, dando relevancia al etnicismo y a ideas avanzadas sobre la inclusión y la diversidad. Ahora podemos encontrar múltiples objetos como camisetas, tazas, estuches, gorras y cuadernos con sus cuestionadoras sentencias acerca del arte, un mundo que es capaz incluso de preguntarse sobre sí mismo y da la bienvenida a la duda como aproximación y reflexión fenomenológica.

Después de fundar la revista Ben Dieu, consolidó Rien et Tout, su primera exposición de carácter individual realizada en Laboratoire 32. Se encargó también de una tienda de discos llamada Magazine, entre 1958 y 1973; con George Maciunas, se integró a principios de los sesenta al famoso movimiento interdisciplinario Fluxus, integrado por artistas de diversas disciplinas y áreas que enfatizaban el fenómeno de la representación y del proceso, más que del resultado o producto. El arte es superfluo (1972), anunciaba en una exposición de Harald Szeeman en el museo Fridericianum de Kassel, y Dios (1974) parecía un intento de apropiación visto en una portezuela oscura con un círculo blanco al centro.

A principios de los ochenta bautizó la tendencia de incorporar elementos del graffiti, el cómic y las caricaturas en la pintura como Figuración Libre, y durante los siguientes años continuó replanteando sus ideas como denota No tengo nada qué decir el tiempo pasa (1985), en la que una harapienta figura humana observa un espejo dentro de una carreta, así como Bienvenidos a la sociedad de consumo (1989), representada por muñecos de bebés colgando en una estructura como de carnicería, y To change art destroy ego (1991), tema recurrente en sus nociones no sólo sobre la obra en sí, sino en todos los sistemas de producción y distribución artísticas.

En el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Ciudad de México se presentó una amplia exposición en el 2022 titulada La muerte no existe, curada por el bonaerense Ferran Barenblit, quien expresó sobre el artista: “es un testigo de excepción del paso de la modernidad a la contemporaneidad. Vio el fin de los grandes relatos… y fue testigo de la llegada de la duda. Uno de los temas centrales en el trabajo de Ben es el ego, él mismo como artista… qué es realmente ser el autor de una obra cuando las ideas pertenecen a todos…” (en Hernández Barrera, Ben Vautier, arte sin límites, Revista Correo del Maestro). 

Algunas de sus obras puede encontrarse en el MoMa de Nueva York, el Reina Sofía de Madrid, el Centro Art Walker en Minneapolis, la Galería Nacional de Victoria en Melbourne y el Centro Pompidou, donde permanece El Magasin, una especie de puesto de diversos objetos que bien pudiera estar en alguna de las anchas aceras de las ciudades o dentro de algún mercado de alcance surrealista. Decidió quitarse la vida el 5 de junio del 2024, a los 88 años en Niza, un par de días después de la muerte de su esposa. 


 

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