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POESÍA

Tachas 660 • Bucólica I • Calpurnio Sículo

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Tachas 660 • Bucólica I • Calpurnio Sículo

Coridón y Órnito, su hermano, deciden resguardarse del calor a la sombra de un haya, en cuya corteza ven grabado un largo vaticinio de Fauno que anuncia la vuelta de la edad de oro, presagiada ya por el brillo continuado de un cometa. Órnito, que ha leído la profecía, invita a su hermano a cantarla con acompañamiento de flauta en la esperanza de que llegue a oídos del emperador.

CORIDÓN, ÓRNITO [1]

C. — Todavía el verano, que va de caída, no aplaca a los caballos del Sol,[2] aunque las prensas caigan sobre los zumosos racimos y los mostos, al fermentar, espumeen en sordo susurro.[3] ¿Ves, Órnito, cómo allí las vacas que padre nos ha confiado han recostado sus muelles ijares bajo la hirsuta hiniesta? ¿Por qué no nos metemos también nosotros bajo la sombra vecina? ¿Por qué protegemos con sólo un gorro[4] nuestros rostros quemados?

Ó. — Vayamos, más bien, Coridón, hermano mío, a este bosque, a ese refugio del padre Fauno,[5] donde el pinar espesa su grácil cabellera y alza la cabeza enfrentándose al ímpetu del sol, donde el haya protege las aguas, a su mismo pie bullentes, y con ramas oscilantes trenza sombras.

C. — Adondequiera que me invites te acompaño, Órnito; pues mi Leuce,[6] al negarme abrazos y nocturnos goces, me ha hecho accesible el santuario del cornígero Fauno.[7] Saca entonces la siringe, y tus cantos, si alguno guardas en secreto. No te faltará mi flauta, que, poco ha, me ha construido de caña seca el mañoso Ladón.[8]

Ó. — Ya nos hemos metido los dos en la sombra que buscábamos. Pero ¿qué son esas líneas escritas en la sagrada haya que alguien ha marcado, poco ha, con nerviosa podadera? ¿Ves cómo todavía las letras conservan los trazos verdes sin abrirse aún en seca hendidura?

C. — Órnito, acerca tus ojos: tú puedes examinar más deprisa los versos grabados en lo alto del tronco, pues padre te dio generosamente unas buenas zancas y madre, sin mezquindad, un esbelto cuerpo.

Ó. — No son estos versos de pastor o caminante a modo vulgar, sino que un dios en persona los canta, no suenan a vacada ni gritos montañeses interrumpen los versos sagrados.

C. — Extraño es lo que dices, pero venga ya y léeme con ojo atento, cuanto antes, todo el divino poema.[9]

Ó. — «Yo, Fauno, nacido del éter,[10] protector de montes y bosques, este porvenir profetizo a los pueblos. Es grato grabar en un árbol sagrado versos de júbilo para revelar los hados. Vosotros, sobre todo, habitantes de los bosques, alegraos, alegraos vosotros, pueblo mío. Aunque el ganado todo ande errante sin que se preocupe el guarda y no quiera el pastor cerrar de noche los establos con la cancilla de fresno, no acechará, sin embargo, el ladrón al redil ni desatará los ronzales de los bueyes para llevárselos. Renace la edad de oro en medio de serena paz, vuelve a la tierra el alma Temis, dejando al fin su duelo y abandono,[11] y acompañan tiempos de felicidad al joven que ha ganado la causa en defensa de los descendientes de Julo, parientes de su madre.[12]

»Mientras este dios en persona gobierne a los pueblos, la impía Belona[13] entregará, rendidas a la espalda, sus manos y, despojada de armas, lanzará locas dentelladas contra sus propias entrañas, y la que, poco ha, sembró el orbe todo de guerra intestina se la hará a sí misma. No plañirá ya Roma por un Filipos[14] ni encabezará, cautiva, su mismo cortejo triunfal. Todas las guerras serán reducidas en la cárcel del Tártaro y hundirán su cabeza en las tinieblas, temerosas de la luz.[15] Resplandeciente se presentará la Paz,[16] resplandeciente no sólo en el rostro como tantas veces lo fue, cuando, sin guerra declarada, cuando, dominado el lejano enemigo a pesar de la indisciplina militar,[17] sembró la discordia ciudadana con silencioso hierro. La Clemencia ha proscrito todas las lacras de una paz fingida y mellado la locura de las espadas. Ni el cortejo fúnebre del senado en cadenas fatigará en su tarea a los verdugos ni, mientras la cárcel está colmada, la desgraciada curia contará con unos cuantos senadores.[18] Habrá una tranquilidad completa que, ignorando el desenvainar de las espadas, volverá a traer al Lacio otro reinado de Saturno,[19] otro reinado de Numa, el primero que a los ejércitos, exultantes por las matanzas y enardecidos aún con las campañas de Rómulo, les enseñó las tareas de la paz, ordenando que, acalladas las armas, en los sacrificios, no en la guerra, sonaran las trompetas.[20] No recibirá ya el cónsul la apariencia de la sombra de un cargo que ha comprado o, sumido en silencio, unos haces sin valor[21] y una tribuna inútil, sino que, restaurada la ley, presente estará el derecho en su plenitud, haciendo volver el prístino y acostumbrado rostro del foro, y un dios mejor se llevará la época de opresión.

»Alégrense los pueblos todos que viven en las bajas tierras del hundido Noto o en las altas del Bóreas,[22] los que se extienden a oriente u occidente y los que hierven de calor bajo el centro del éter. ¿Veis cómo ya, por vigésima vez, resplandece de noche el cielo sereno, desplegando un cometa que irradia plácida luz?[23] ¿Con qué pureza brilla sin mengua el astro?[24] ¿Acaso esparce, como suele, de cruento fuego ambos cielos y centellea su antorcha de ardiente sangre? Mas no fue así en tiempos cuando, desaparecido bruscamente César, a los desdichados ciudadanos anunció fatal guerra.[25] No hay duda de que un auténtico dios con sus fuertes brazos recogerá la pesada carga de Roma tan sin sacudidas, que ni en el cambio retumbará el orbe con fragoso estruendo ni Roma considerará al difunto merecidamente entre sus Penates antes de que la aurora vuelva su mirada al ocaso».[26]

C. — Órnito, hace ya rato que, como lleno de la propia divinidad, una mezcla de terror y gozo me inquieta penetrando en mí. Veneremos, pues, el bondadoso numen del profético Fauno.

Ó. — Recitemos los versos que el propio dios nos ha invitado a cantar, acompañándolos con el sonido de redondeada caña. Tal vez los lleve Melibeo[27] a los oídos augústeos.

Traducción de José A. Correa Rodríguez.  




 

***
Calpurnio Sículo (Siglo I d.C.) fue un poeta romano, autor de siete poemas pastorales. églogas, probablemente escritas cuando Nerón era emperador






 

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[1]     Para la personalidad de Coridón y Ónito, véase Introd.

[2]     Eran éstos, Pirunte, Eoo, Aetón y Flegonte.

[3]     La acción se sitúa, literariamente, a finales de verano en época de vendimia. Como de la profecía de Fauno (vv. 33-88) se deduce la inminencia de la muerte de Claudio y el acceso al trono de Nerón, e, igualmente, en ella se alude a un cometa que brilló esos días (véase n. 23), parece fuera de duda que se trata de poco antes del 13 de octubre del año 54.

[4]     Hecho de piel (galerus).

[5]     Dios latino, habitante de los bosques y protector de rebaños y pastores, confundido a menudo con Pan, pero no siempre en nuestro poeta (cf. IV 133), que tampoco conoce su multiplicación en faunos, divinidades campestres, mitad hombres, mitad cabras, amigos de los pastores (sí aparecen, en cambio, en II 13, los sátiros helénicos, su modelo). El carácter oracular de Fauno, fundamental en esta bucólica, es sin embargo ocasional (presente ya en VIRGILIO, Eneida VII 45 ss., 81 ss., donde Fauno es padre del rey Latino).

[6]     Este nombre, que significa «blanca», se emparenta por el sentido con la tradicional Galatea, desconocida de Calpurnio y que evoca la blancura de la leche.

[7]     Sólo se alude aquí a la exigencia de una abstinencia sexual (debe entenderse que inmediata), pero no a la realización de un rito determinado de purificación (como en TIBULO, II 1, 11-14, si bien aquí se trata de participar en un sacrificio).

[8]     Como es habitual en la poesía latina, Calpurnio utiliza diversos nombres para referirse al instrumento pastoril por excelencia, la siringe. Para reflejar esta variedad, en la traducción se ha recurrido al empleo sistemático de otros tantos términos españoles a lo largo de todos los poemas. — La siringe o flauta de Pan consta de varios tubos de longitud desigual unidos paralelamente y recibe su nombre de la náyade Siringe, que, perseguida por este dios, se lanzó a las aguas del Ladón, río de Arcadia, en tanto que Pan, que creía tener ya sujeta a la ninfa, se agarraba a unas cañas de la ribera en que aquélla se transformó; el suspiro que el dios exhaló produjo un sonido dulce en las cañas, inspirándole la construcción del instrumento (OVIDIO, Metam. I 689-712). Parece claro que aquí el poeta ha querido evocar esta metamorfosis, al llamar con el nombre del río al constructor de la flauta de Coridón.

[9]     La profecía de Fauno, que se refiere a algo que ya se inicia, se articula sobre la idea de una vuelta de la edad de oro, lo que supone ausencia de guerras, sobre todo civiles, y presencia de la paz bajo el imperio, tan específicamente romano, del derecho; la alegría debe ser universal y el brillo continuado de un cometa en el cielo refuerza esta venturosa profecía.

[10]   Es decir, de origen celestial, divino. Pero como entre los diversos orígenes atribuidos a Pan, a quien a menudo se confunde con Fauno (véase n. 5), está el ser hijo de Éter y la ninfa Énoe, no puede excluirse por completo una traducción como «hijo de Éter».

[11]   Calpurnio identifica a Temis, personificación de la ley eterna, con su hija Astrea. Esta fue la última de las divinidades que abandonó la tierra, empapada en sangre, en la Edad de Hierro (OVIDIO, Metam. I 149-150), siendo «catasterizada» en la constelación Virgo; su regreso caracteriza a la edad de oro (Buc. Eins. II 23). Hay aquí una clara alusión a las irregularidades jurídicas del reinado de Claudio, como se desarrolla en los versos siguientes.

[12]   Según SUETONIO, Nerón VII 2, y TÁCITO, Anales XII 58, el futuro emperador pronunció, en presencia de Claudio, un discurso en griego en defensa de los habitantes de Troya, que consiguieron con ello la exención de toda carga pública. Pero el texto admite otra traducción: «al joven que ha ganado su causa con el apoyo de su madre, de la familia de Julo». En efecto, la ascensión al trono del joven Nerón fue favorecida por Agripina, su madre, que, por pertenecer a la familia Julia, descendía en último término, según la tradición, de Julo, hijo del troyano Eneas. — Los versos siguientes, que constituyen el núcleo de la profecía de Fauno, presentan una cierta coincidencia con el discurso pronunciado ante el senado por el nuevo emperador Nerón (cf. TÁCITO, Anales XIII 4, 2-4).

[13]   Diosa de la guerra.

[14]   La batalla de Filipos (42 a. C.), en la que Octaviano y Marco Antonio derrotaron a Bruto y Casio, asesinos de César, pasó a simbolizar las guerras civiles.

[15]   Aunque terminó considerado como la región de los Infiernos en que se atormentaba a los criminales, sin embargo, el Tártaro, en Homero y Hesíodo, está situado a mucha mayor profundidad y es independiente de los Infiernos. Es un lugar temido por los propios dioses y en el que encerraban a sus enemigos derrotados.

[16]   Como la Clemencia, líneas más abajo, también aquí la Paz está personificada, como lo muestra su oposición a Belona; pero tal personificación es fluctuante, pues se habla, igualmente, de una paz fingida. Clemencia y paz son dos conceptos íntimamente unidos a la figura del emperador, y en honor de la Paz alzó Augusto un altar en Roma (Ara Pacis, a. 9 a. C.).

[17]   Parece aludir a hechos como la incruenta expedición realizada a Britania por Claudio en el año 43 (SUETONIO, Claudio XVII) y el levantamiento frustrado del legado de Dalmacia, Furio Camilo Escriboniano (ibid. XIII 2).

[18]   Según SUETONIO, ibid. XXIX 2, este emperador ordenó ejecutar a la ligera a treinta y cinco senadores y a más de trescientos caballeros; y en SÉNECA, Apocoloc. XIV 1, se le acusa, en los Infiernos ante el tribunal de Éaco, del asesinato de igual número de senadores, de doscientos veintiún caballeros y, en cuanto a otros ciudadanos, de «un número igual al de la arena o el polvo».

[19]   La edad de oro coincidía con el reinado olímpico de Crono; pero, identificado Saturno con éste, entre los latinos se precisó el mito en el sentido de que, al ser desterrado Saturno por su hijo Júpiter, emigró al Lacio, donde aparece como dios civilizador, siendo ésta la edad de oro (cf. Buc. Eins. II 23).

[20]   Es habitual destacar el carácter belicoso del reinado del fundador de Roma, Rómulo, frente al pacífico de su sucesor, Numa (VIRGILIO, Eneida IV 808-811, T. LIVIO, I 18-21). Éste echó los cimientos jurídicos y religiosos de la ciudad, convirtiendo en verdaderos ciudadanos a quienes más bien fomaban partidas o bandas. —La trompeta (tuba) era un instrumento de uso múltiple, mucho más en el ejército que en actos religiosos. Se utilizaba también en los comicios, entierros y ejecuciones capitales.

[21]   El haz de varas era símbolo del supremo poder administrativo y a cada cónsul le correspondían doce, llevados por otros tantos lictores.

[22]   La creencia de que las tierras del Sur, de donde sopla el Noto, están hundidas respecto a las del Norte o boreales se basaba en el hecho de que, conforme se viaja hacia el Sur, la estrela polar se va acercando al horizonte. También puede estar aquí presente la creencia, parcialmente extendida, en la existencia de los antípodas.

[23]   Según SUETONIO, Claudio XLVI, y PLINIO, Hist. Nat. II 92, un cometa presagió la muerte de Claudio.

[24]   En vez de «sin mengua» (sine uulnere), podría también traducirse «sin provocar daños».

[25]   Durante los primeros juegos que Octaviano dio en honor de Julio César divinizado (44 a. C.), durante siete días brilló un cometa, lo que fue interpretado como un catasterismo (SUETONIO, Julio César LXXXVIII).

[26]   Evidentemente, el poeta ha cerrado la profecía con una frase oscura, no tanto que no se entienda, pero sí lo suficiente como para que, al menos su parte final, admita varias interpretaciones, ninguna plenamente satisfactoria. De acuerdo con la traducción presentada, Fauno profetiza que el cambio de poderes (de Claudio a Nerón) se hará suavemente, sin que se sienta (y esto viene apoyado por SUETONIO, Claudio XLV); y que el emperador difunto no será divinizado (convertido en dios Penate) hasta que haya un nuevo emperador y tome tal decisión, simbolizado esto por una aurora que sigue inmediatamente a un ocaso y al que vuelve su mirada (en efecto, SUETONIO, Nerón IX, cita entre los primeros actos de Nerón la divinización de Claudio). Otras interpretaciones de esto último pueden verse en las ediciones de Keene, Verdière y Korzeniewski.

[27]   Sobre la identificación de Melibeo, véase Introd., págs. 71-72.