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POESÍA

Tachas 660 • Bucólica I • Marco Aurelio Nemesiano Olimpio

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Tachas 660 • Bucólica I • Marco Aurelio Nemesiano Olimpio

Ante la negativa del anciano Títiro a cantar, e invitado a su vez por éste, entona Timetas un epicedio en honor de Melibeo. Títiro le presagia la difusión de su incipiente fama poética.

TIMETAS, TÍTIRO[1]

TIM. — Mientras con junco del río te tejes, Títiro, una cestilla y los campos están libres de las roncas chicharras, comienza, si es que has compuesto algún canto al son de grácil caña;[2] pues te ha enseñado Pan[3] a soplar en la siringe con tus delicados labios y te ha favorecido en la poesía la bondad de Apolo.[4] Comienza, mientras los cabritos ramonean en los sauces y las vacas en la hierba, y mientras el rocío y la clemencia del sol primero invitan a soltar los rebaños en la verde campiña.

TÍT. — ¿A estos años y a estas canas tú, vecino Timetas, joven y caro a los dioses, les fuerzas a cantar? He recitado y cantado versos con la siringe en otros tiempos, mientras mi edad despreocupada jugaba con risueños amores. Ahora mi cabeza está blanca y las pasiones se han entibiado con los años, ya mi flauta está colgada en honor de Fauno, morador de los campos.[5] A ti suenan ahora los campos, pues ha poco, al vencer en el canto bajo mi arbitraje, te has reído de los desentonados resoplidos de la siringe de Mopso.[6] En mi compañía Melibeo,[7] ya de edad, os oyó a ambos y te exaltaba con sus alabanzas. Ahora a él, tras haber recorrido las etapas de una vida completa, lo posee una apartada región del orbe, el mundo de los justos.[8] Por eso, venga, si en ti vive agradecimiento alguno a Melibeo, que tu suavísima flauta[9] hable en honor de sus manes.

TIM. — Honroso es obedecer tus órdenes y agradable es el mandato. Pues este anciano mereció que Febo con cantos, Pan con la siringe. Lino u Orfeo, hijo de Eagro, con la lira[10] lo celebraran juntos y cantasen las numerosas y gloriosas acciones de este hombre. Mas como a mi caña le exiges tú las alabanzas, oye lo que sobre esto encierra el cerezo que ves junto al río, que guarda mis cantos en su corteza grabada.[11]

TÍT. — Ea, di. Mas para que el gárrulo pino no nos atruene con el viento, vayámonos, más bien, hacia estos olmos y hayas.[12]

TIM. — Me gusta cantar aquí, pues el campo despliega muellemente verde césped y la espesura calla en toda su extensión; mira cómo tranquilos, allá a lo lejos, muerden la grama los toros.

Éter, padre de todo, y líquidos elementos, causa de las cosas, tierra, madre del cuerpo, y aire vital,[13] acoged mis cantos y llevadlos a nuestro Melibeo, si a los que reposan, cumplido su destino, se les concede sentir.[14] Pues si las almas sublimes habitan las regiones celestiales y las mansiones sidéreas, y disfrutan de su mundo, atiende tú a mis melodías que tú en persona fomentaste con corazón benigno, que tú, Melibeo, aprobaste. Tuviste una prolongada vejez largo tiempo estimada por todos, y años felices y el último círculo de nuestra vida, cerraron las etapas de una existencia intachable.[15] Y, no por eso, hubo en nosotros menos gemidos y lágrimas que si la muerte envidiosa te hubiera arrebatado la flor de los años, ni lo común de tu fortuna ha impedido tales lamentos.

¡Ay, Melibeo! Por condición humana yaces inmóvil por el frío de la muerte, merecedora tu canosa vejez del cielo y la asamblea de los dioses. Lleno estaba tu pecho del peso de la justicia; tú solías dirimir los pleitos de los campesinos, aplacando pacientemente[16] quejas diversas. Bajo ti el amor al campo, bajo ti floreció[17] el respeto al derecho, un mojón marcó las tierras en litigio. Seductora era la gravedad de tu semblante y apacible, bajo la frente serena, el arco de tus cejas, pero más apacible tu corazón que tu rostro. Tú, animándome a aplicar las cañas a los labios y a pegarlas con cera,[18] me enseñaste a engañar a las duras preocupaciones y, no permitiendo que se marchitara en la indolencia mi juventud, muchas veces a mi musa, por sus méritos, le diste premios no despreciables. Muchas veces, incluso, ya bastante anciano, para que no me diera pereza cantar, tocaste alegre una canción en la caña de Febo[19].

¡Oh feliz Melibeo, adiós! El rústico Apolo, arrancando laureles, te da el regalo de perfumada fronda; te dan los faunos[20] lo que cada uno puede: de la vid racimos, de la mies espigas y de todo árbol frutos; te da la longeva Pales[21] cuencos espumeantes de leche, mieles te traen las ninfas, polícromas coronas te da Flora[22]; tal es el último tributo a tus manes. Te ofrecen cantos las musas, cantos te ofrecen las musas y yo entono en mi caña. En el bosque tu nombre, Melibeo, susurra ahora el plátano, tu nombre el pino; tu nombre resuena en todos los cantos con que Eco responde al bosque[23]; de ti habla nuestro ganado[24]. Pues antes pastarán las focas en tierra seca[25] y, contra su costumbre, el león vivirá en el mar, dulces mieles sudarán los tejos[26], alteradas las leyes del año el triste invierno producirá las mies y el verano la aceituna, antes dará flores el otoño, uvas dará la primavera, que mi flauta; Melibeo, cese de alabarte.

TÍT. — Continúa, muchacho, no abandones el canto por ti iniciado; pues tu son es tan dulce que Apolo, ablandado, te impulsará adelante y te conducirá propicio hasta la ciudad reina[27]. Y ya la Fama, presente aquí en los bosques, te ha hecho acogedor camino, rompiendo con sus alas las nubes de la envidia. Mas ya el sol hace bajar a sus caballos de la cima del mundo, invitando a ofrecer a los rebaños la corriente del río[28].

Traducción de José A. Correa Rodríguez.  

***
Marco Aurelio Nemesiano Olimpio (Siglo III d.C.) fue un poeta romano nacido en Cartago que escribió poesía pastoral y didáctica.






 

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[1]     En Nemesiano todos los nombres de pastores, excepto Timetas, están tomados de Calpurnio: es lógico pensar entonces que Timetas representa al propio poeta (véase también, Introducción, pág. 146); pero sería vano buscar en los otros nombres una coherencia con los homónimos calpurnianos (véanse nn. 29, 48, y 67). Así, el Títiro de esta bucólica no puede ser ni el esclavo de la bucól. II de Calpurnio ni la máscara pastoril de Virgilio, como en la bucól. IV del mismo; sí es, en cambio, esto último en NEMESIANO, II 84. La situación es, por tanto, similar a la de Calpurnio; el mismo nombre para dos personas bucólicas distintas. — Korzeniewski, en su edición, sigue la lectura de los mss.: Timetas, y no la conjetura de Haupt: Thymoetas, que es lo aceptado, poniendo este nombre en relación con el gr. timân «honrar».

[2]     Como se ha indicado para Calpurnio (véase n. 8 a su traducción), también Nemesiano utiliza diversos términos para denominar la flauta pastoril, lo que se intenta reflejar en la traducción.

[3]     No se ve claro si Nemesiano en esta bucólica distingue Pan de Fauno (v. 14; véase también n. 5 a la traducción de Calpurnio). En cambio, en III aparece el dios griego mejor individualizado.

[4]     Llama Nemesiano a Apolo no sólo bondadoso, sino también rústico (I 65), pastoral (II 55) y hermoso (II 72).

[5]     Para Fauno, véase n. 5 a la traducción de Calpurnio. — Cuando una persona se retiraba de una actividad, era costumbre consagrar a la divinidad protectora de la profesión los instrumentos de ésta (cf., por ejemplo, HORACIO, Odas III 26, 4).

[6]     Concuerda esto con el Mopso calpurniano (cf. CALPURNIO, III 59-60), pero en Nemesiano tiene una personalidad definida como protagonista de la bucólica IV.

[7]     Para Melibeo, véase Introducción, págs. 146-147.

[8]     Se trata del Elisio (también, Campos Elisios), situado en principio en los confines de la tierra y más tarde en los Infiernos.

[9]     El poeta emplea aquí tibia (sobre sus características técnicas, véanse nn. 29 y 2 a la traducción de las Buc. Einsidlenses), instrumento usado en las ceremonias fúnebres.

[10]   Con el transcurso del tiempo se fueron asimilando, cada vez más, las míticas figuras de los músicos Lino y Orfeo, mucho más célebre éste que aquél, hasta el punto de hacer también a Lino hijo de Eagro, rey de Tracia, con lo que resultan ser hermanos ambos cantores. El uso de la conjunción disyuntiva para unir los dos nombres revela claramente esta indiferencia.

[11]   Cf. CALPURNIO, III 43-44 y n. 61 al mismo.

[12]   Hay una cierta inconsecuencia en no acercarse expresamente al cerezo. Lo mismo cabe decir de esta búsqueda de la tranquilidad y el silencio (son las primeras horas de la mañana), y la posterior afirmación (vv. 73-75) de que toda la naturaleza repite el nombre de Melibeo.

[13]   Comienza el epicedio con la invocación a los cuatro elementos: fuego (representado por el éter, que se contrapone por su pura luminosidad al aire, más denso), agua, tierra y aire. Algunas tradiciones hacen a Éter, en unión del Día (femenino en griego), padre del Mar, la Tierra y el Cielo.

[14]   Se trata de una idea estoica.

[15]   Todo este pasaje está impregnado de estoicismo. De acuerdo con la descripción de SENECA, Epístolas I 12, 6, la vida consta de una serie de círculos concéntricos, de los que el mayor de todos se extiende desde el día del nacimiento hasta el de la muerte.

[16]   Se ha seguido la lectura de los códices (patiens) frente a la conjetura aceptada por Giarratano (pacans).

[17]   Hay, tal vez, aquí un eco de las difíciles condiciones económicas y sociales de la época de Nemesiano.

[18]   Hay una histerología: antes de tocar la siringe hay que construirla (sobre esto último, véanse nn. 8 y 57 a la traducción de Calpurnio). — Dada la ambigüedad de uso del pronombre nos en la poesía latina (véase n. 75 a la traducción de Calpurnio), los vv. 58-63 podrían referirse no sólo a Timetas sino a los pastores en general, máxime si, como parece, en el v. 61 se alude al arbitraje en composiciones poéticas.

[19]   Véase n. 176 a la traducción de Calpurnio.

[20]   Al contrario de Calpurnio (véase n. 5 a su traducción), Nemesiano sí conoce la multiplicación en faunos del dios homónimo (cf. II 73 y III 25).

[21]   El calificativo dado a Pales (véase n. 38 a la traducción de Calpurnio) alude a su carácter ancestral.

[22]   Véase n. 36 a la traducción de Calpurnio.

[23]   También podría entenderse «con que el eco del bosque responde», no tratándose en este caso de la ninfa Eco: así parece entenderlo Giarratano, pues no usa mayúscula. Para la ninfa, véase n. 29 a la traducción de la Cinegética de Nemesiano.

[24]   Se sigue aquí la lectura unánime de los códices (armenta) y no la conjetura aceptada por Giarratano (arbusta).

[25]   Se inicia aquí un «adínato», del que hay un buen modelo en VIRGILIO, Buc. I 59-63.

[26]   El carácter venenoso de estos árboles era ya proverbial en la Antigüedad (cf. Buc. IV y n. 77).

[27]   Se trata, evidentemente, de Roma (cf. CALPURNIO, IV 161).

[28]   Final tradicional: han pasado ya las horas de mayor calor, pero no ha llegado aún el crépusculo (cf., en cambio, II 89-90 y III 66-67).