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GUÍA DE LECTURA 638

Tachas 676 • El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza • Jaime Panqueva

El secreto de la modelo extraviada, portada del libro
El secreto de la modelo extraviada, portada del libro
Tachas 676 • El secreto de la modelo extraviada, de Eduardo Mendoza • Jaime Panqueva

Por allá a comienzos de los dos miles viví unos meses en la ciudad de Barcelona. Ya era la Barcelona olímpica que había mutado de ciudad marginal a orgullosa capital portuaria de una provincia con ínfulas de país. Experimenté en carne propia el antiguo dicho catalán que algunos extraen del lejano siglo XVIII, Barcelona és bona si la bossa sona. Como por entonces mi bolsa era un nido de polillas, conocí en varias formas la Barcelona dura, mercantil y desigual, y casualmente me encontré también con la literatura de Eduardo Mendoza, una desternillante sátira alienígena, Sin noticias de Gurb (1990).

El secreto de la modelo extraviada, publicada en 2015, hace parte de su serie de novelas negras del detective anónimo, un chisgarabís verbalmente excesivo, pobre, astuto, desclasado y sobreviviente, cuya primera entrega se remonta a El misterio de la cripta embrujada (1978).

Dividida en dos secciones, retrata la ciudad previa a la transformación en los años ochenta, para brincar treinta y cinco años en la segunda parte, donde se narran las consecuencias de la primera en la cual ya se ha advertido: “Barcelona se ha puesto en marcha, eso se nota. Y cuando Barcelona se pone en marcha, los ricos ganan y los pobres pagan”.

Mendoza usa el humor para desnudar los mecanismos de la sociedad, la solemnidad institucional, la hipocresía política y las trampas del lenguaje. En la primera parte, las grandes familias conforman una mafia absurda, dotada en igual medida de grandes recursos e inigualable torpeza, a punto de entrar en el “clásico ciclo catalán pobre-rico-preso [que según Mendoza] favorece la movilidad social y previene la sobrecarga de la tradición.”

Décadas después, el poder está en los especuladores financieros, herederos de la crisis del 2008: “Para que unos ganen otros han de perder. Tanto como les gusta el fútbol y luego no saben aplicar el reglamento a sus ahorros. Las guerras las pierden los militares, los enfermos se les mueren a los médicos y los pufos los hacemos los que manejamos el dinero. Mejor así que dejar la circulación fiduciaria y, en definitiva, la economía mundial en manos de los aficionados.”

Para Mendoza, la Barcelona moderna donde “la novia de un torero y santa Teresa de Jesús valen lo mismo en el mercado de la frivolidad”, sólo ha cambiado de cara para disimular la hipocresía política y las trampas del lenguaje. La novela está lejos de buscar la tensión solemne del relato policial clásico, sino el placer de la investigación torcida, el equívoco y la crítica social disfrazada de disparate, a través del absurdo, la digresión y la comicidad verbal.

“Alguien tiene que alzar su voz ante tanto dislate y tanta modernidad. ¡Nunca debimos abandonar la Edad Media! España se desmorona y nadie mueve un dedo para defenderla…”. Si esto les recuerda al discurso de la ultraderecha española, de gira hace unos días por México, no sorprenda hallarlo en este delicioso dislate paródico que sabe reírse de todo y de todos para desnudar, como lo hace el buen humor, los más solemnes caracteres humanos. 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

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