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Tachas 679 • Obsesiones románticas y cuartos ocultos • Fernando Cuevas

"...la película consigue momentos envolventes y de shock ante el cada vez más errático y terrorífico comportamiento de la novia, atentando incluso contra ella misma."

Backrooms - Foto de Bill Magritz
Backrooms - Foto de Bill Magritz
Tachas 679 • Obsesiones románticas y cuartos ocultos • Fernando Cuevas

Un par de películas ubicadas en el boyante género de terror que se desarrollan a partir de la distorsión extrema de sentimientos y expectativas que no encuentran respuesta en la realidad experimentada, y que terminan por trastocar la propia vida desde sus cimientos afectivos, conduciendo a sus protagonistas por caminos tan inesperados como siniestros. Un par de directores veinteañeros surgidos del ecosistema de las redes digitales, que saltan al cine con un buen sustento financiero, sin perder su esencia independiente y que cumplen, a pesar de algunas decisiones argumentales discutibles y cierta ausencia de justificaciones, con la confianza depositada en su talento, convirtiéndose, de paso, en promesas para el futuro del género que vive una de sus expansiones temáticas y estilísticas más interesantes de los últimos años.

AMOR ENCANTADOR

Curry Barker, conocido por los sketches cómicos youtuberos de That's a Bad Idea, junto con Cooper Tomlinson, y después director de Milk & Serial (2024), cinta de terror realizada por ellos mismos a partir de la vertiente del metraje encontrado, dio un salto cualitativo al ponerse detrás de cámaras para entregar Obsesión (EU, 2026) en la que un joven que trabaja en una tienda de música (Michael Johnson, rebasado) tiene un crush -dirían ahora- con una de sus compañeras (Inde Navarrete, volátil al extremo), mientras conviven con otros dos jóvenes empleados (Megan Lawless y el propio Tomlinson), y nomás por convivir, tras dejarla en su casa, rompe una varita mágica de sauce de un deseo, que le había comprado de regalo, pidiendo que la susodicha lo ame más que a nada en el mundo: aquí entramos al terreno clásico de que se debe tener cuidado con lo que se desea porque se te puede cumplir.

A partir de aquí, el relato entra en un espiral de patología extrema en la que se construye una alegoría sobre el amor enfermizo que irremediablemente termina en destrucción. El proceso de transformación de la joven parece brusco y se echa de menos un mayor desarrollo para entender cómo una relación se va volviendo patológica sin que los involucrados sean conscientes de ello: de buenas a primeras la enamorada hace un altar del gato muerto por tomar pastillas de manera inverosímil y después lo cocina para el lunch de la chamba, acciones más que suficientes para salir corriendo de ahí, buscar romper el hechizo con otra varita y no mirar atrás, a pesar de los momentos felices y lo mucho que se hubiera alcanzado el oscuro objeto del deseo.

No obstante, la película consigue momentos envolventes y de shock ante el cada vez más errático y terrorífico comportamiento de la novia, atentando incluso contra ella misma. Los encuadres nocturnos en el departamento, enfatizados por una iluminación claramente intencionada, resultan espeluznantes y de alcance pesadillesco, así como los poderosos efectos de sonido -esos gritos amplificados- y las logradas actuaciones, con todo y ese brillo en los ojos de quien está completamente extraviado. Entonces será mejor la grisura de la realidad con todo y el cariño no correspondido a que los deseos se cumplan y después no se sepa qué hacer con tanto amor encantador.

LA HABITACIÓN DEL PÁNICO

Surgida como creepypasta y escalando hasta las pantallas fílmicas con presupuesto considerable y sólida producción, Backrooms: sin salida (EU, 2026) se centra en un arquitecto frustrado que tiene una tienda de muebles y que vive un momento difícil en su vida (Chiwetel Ejiofor, descolocado), dado que se está separando de su esposa y de su pequeña hija, aunado a su problema con el alcohol. Asiste con una terapeuta (Renata Reinsve, dubitativa) de infancia difícil que escucha y cuestiona, hasta que su paciente le cuenta que descubrió una puerta misteriosa que conduce a una serie de pasillos y cuartos amplios e iluminados -de ahí el problema del gasto de luz- con algunos muebles amontonados y que parecen estar interconectados de manera infinita. El dueño, junto con su empleada (Lukita Maxwell) y un camarógrafo, empieza a explorar con mayor detalle el misterioso y amplísimo espacio escondido, mismo que parece ser monitoreado por un hombre misterioso (Mark Duplass).

Si la idea subyacente de estos espacios, popularizados en internet a partir del 2019 y surgidos, entre otras imágenes, de una fotografía de un local donde había una mueblería en Oshkosh, Wisconsin, se refiere a la liminalidad, en cuanto a vivir un estado transicional de manera surreal, enigmática y sin claridad acerca del destino y de cómo se llegó ahí, habría que identificar a los dos personajes principales en cuanto a su situación actual de vida y su pasado como origen detonador de angustias, dudas y, finalmente, soledades: si bien a través de flashbacks conocemos ciertos episodios de la terapeuta y las dificultades presentes del paciente por lo que le comparte a la primera, queda la sensación de cierto desaprovechamiento de las posibilidades que la premisa implicaba para ahondar en ambos, sobre todo en términos psicológicos y particularmente en ella.

Dirigida por el apenas veinteañero Kane Parsons, realizador debutante que se dio a conocer en redes desde el 2022 por retomar esta idea de las habitaciones ocultas y crear una serie que lo llevó, a través de una invitación del estudio A24, a liderar este proyecto con el apoyo de productores como James Wan, Shawn Levy y Osgood Perkins, denotando buen potencial para el armado de historias, la puesta en escena, la dirección actoral con figuras reconocidas, la edición y la creación de escenarios -varios acomodos del mobiliario parecerían inspirarse en alguna vertiente del arte contemporáneo como el ready made, el ensamblaje o el arte objetual-, si bien todavía con algunos hilos narrativos y argumentales que afianzar, como los relativos a esa especie de abominación en forma de pirata mercadológico y los habitantes mudos de esa especie de limbo emocional.






 

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