POESÍA
Tachas 679 • Marina • Raymond Queneau
"Las medusas mismas no son nunca pescadas, un nuevo corazón las impulsa mucho mayor que el primero,
mucho más bello y mucho más verde y mucho más duro."
Los peces tienen tan bonitas cabezas
que hay que desplazarlos con frecuencia
a causa de los destrozos que hacen en el corazón de las medusas
Los corazones de medusa destrozados varan en los puertos
bajo forma de buques carboneros o petroleros
Las medusas mismas no son nunca pescadas
un nuevo corazón las impulsa mucho mayor que el primero
mucho más bello y mucho más verde y mucho más duro
pues las medusas han dejado de amar a los peces de aletas filudas y
agallas blancas
tan sólo aman el centro de gravedad de cada cosa
en el cielo y en la tierra
Los tiburones no se aburren
con la funda de un colchón
fabrican hermosas sábanas
para los ahogados astutos
que han acudido hasta ellos
masticando hoja de verbena
para perfumarse las venas
no los tiburones no se aburren
ellos también tienen bonitas cabezas
para destrozar el corazón de las medusas inquietas
Traducción de Pablo Moíño Sánchez.
***
Raymond Queneau (Francia, 1903 - 1976). Narrador, poeta, autor teatral, ensayista, autor de canciones, pintor, actor, guionista, traductor, periodista, matemático y editor en Gallimard, donde llegó a dirigir su mítica colección La Pléiade. Pero sobre todo fue, como se suele decir en este tipo de biografías esta vez con toda la razón, uno de los autores más singulares de la literatura universal del siglo XX. Entró y salió del grupo surrealista en los años veinte, y empezó su trayectoria como autor en 1933 con la publicación de Le Chiendent, pero no conoció el éxito hasta la publicación en 1942 de Mi amigo Pierrot. Políglota y apasionado por las lenguas, sentó las bases del neofrancés, con una sintaxis y un vocabulario típicos del lenguaje oral y una ortografía más o menos fonética. No triunfó. Escribió los famosos Ejercicios de estilo (1949) bajo el influjo de El arte de la fuga de Johann Sebastian Bach. Loco de las ciencias, entró a formar parte de la Sociedad Matemática de Francia en 1948 y decidió aplicar reglas aritméticas a la construcción de sus obras. A finales de los cuarenta coincidió en el mítico Saint-Germain-des-Prés con un editor que le convenció de publicar novelas con seudónimo, cosa que haría con las tres obras firmadas por la maravillosa Sally Mara. Por esa época fue nombrado sátrapa del Colegio de Patafísica sociedad de investigaciones eruditas e inútiles y a principios de los cincuenta accedió a la Academia Goncourt que otorga el premio del mismo nombre. En 1959 publicó la novela que lo convertiría, para sorpresa suya, en un autor popular, Zazie en el metro, llevada al cine magistralmente por Louis Malle. En 1960 fundó con François Le Lionnais un grupo de investigación literaria llamado Seminario de Literatura Experimental, semilla del célebre e influyente Oulipo o Taller de Literatura Potencial, que reuniría a autores y matemáticos que se autodefinían como «ratas que se construyen ellas mismas el laberinto del cual se proponen salir». Su última gran obra fue Las flores azules.
[Ir a la portada de Tachas 679]