NARRATIVA
Tachas 685 • Siete Plantas (Fragmento) • Dino Buzzati
"Derivaba de ello que los pacientes resultaran divididos en siete progresivas castas."
Tras un día de viaje en tren, Giuseppe Corte llegó, una mañana de marzo, a la ciudad en la que se encontraba la famosa clínica. Tenía algo de fiebre, pero aun así quiso ir caminando desde la estación al hospital, llevando consigo su maletín.
A pesar de que la suya era una manifestación ligera y muy incipiente, a Giuseppe Corte le habían aconsejado recurrir al célebre sanatorio, en el que se trataba exclusivamente aquella dolencia. Eso garantizaba una excepcional competencia y el más racional y eficaz acondicionamiento de las instalaciones.
Al divisarlo a lo lejos —lo reconoció porque había visto una fotografía en un folleto publicitario— Giuseppe Corte tuvo una óptima impresión. El blanco edificio de siete plantas estaba orlado de entrantes que le daban la vaga fisonomía de un hotel. A su alrededor, un recinto de altos árboles.
Tras un sumario reconocimiento médico, a la espera de más detenidas pruebas, se le asignó una agradable habitación de la séptima y última planta. Los muebles eran claros y pulcros, al igual que las tapicerías, los sillones de madera, los cojines revestidos de polícromas telas. La vista se extendía sobre uno de los mejores barrios de la ciudad. Todo era tranquilo, acogedor, apacible.
Giuseppe Corte se tumbó de inmediato y, encendiendo la lámpara a la cabecera de la cama, empezó a leer un libro que había traído consigo. Poco después entró una enfermera a preguntarle si deseaba algo.
Giuseppe Corte no deseaba nada, pero se dispuso gustoso a conversar con la joven, solicitándole información sobre la clínica. Vino así a conocer la extraña característica de aquel hospital. Los enfermos eran distribuidos en una u otra planta según la gravedad. La séptima, o sea la última, era para los casos más leves. La sexta estaba destinada a pacientes menos graves, pero a los que no se podía descuidar. En la quinta se trataban las afecciones serias, y así sucesivamente, planta por planta. En la segunda estaban los enfermos muy graves. En la primera, los desahuciados.
Tan singular sistema, además de agilizar notablemente el servicio, impedía que un enfermo leve pudiera resultar turbado por un compañero agonizante, y garantizaba en cada planta una atmósfera homogénea. Por otro lado, el tratamiento podía así graduarse de modo cumplido.
Derivaba de ello que los pacientes resultaran divididos en siete progresivas castas. Cada planta era como un pequeño mundo en sí misma, con sus reglas particulares, sus especiales tradiciones. Y puesto que cada sector se confiaba a un médico distinto, se habían constituido concretas, bien que mínimas, diferencias metodológicas en el tratamiento, a pesar de que el director general hubiera impreso a la institución un único y fundamental carácter.
Cuando la enfermera hubo salido, Giuseppe Corte, persuadido de que la fiebre había pasado, se acercó a la ventana y miró hacia afuera, no para observar el panorama de la ciudad, aunque no la conocía, sino con la esperanza de descubrir, tras sus ventanas, a otros pacientes de las plantas inferiores. La estructura del edificio, con sus grandes entrantes, permitía ese género de observación. Giuseppe Corte concentró sobre todo su atención en las ventanas de la primera planta, que aparecían lejanísimas, y que se percibían apenas sesgadamente. Y nada de interesante pudo ver. Estaban en su mayoría cerradas a cal y canto por grises persianas correderas.
Fragmento del libro Siete Plantas. Dino Buzzati. Nórdica. 2018. Traducción de Miguel Ángel Cuevas. Publicado con autorización de sus editores.
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Dino Buzzati (Italia, 1906 - 1972) Redactor y corresponsal del diario milanés Corriere della Sera, fue autor de novelas, cuentos y obras de teatro, escenógrafo y pintor. Su fama fue relativamente tardía e insuficiente para su calidad literaria abrumadora. Hoy sigue siendo descubierto fuera de Italia y es, para muchos, uno de los grandes escritores europeos del siglo XX. Se han destacado de su obra el estilo sobrio y los elementos enigmáticos y simbólicos y se han señalado las influencias surrealistas y de Kafka. Albert Camus fue lector y traductor de Buzzati. Ha sido comparado con Italo Calvino, con quien comparte el gusto por la fantasía alegórica. Entre sus obras más celebradas se suelen destacar El desierto de los tártaros, Un amor, El secreto del Bosque Viejo y algunos de sus cuentos.
Aunque Buzzati es un clásico que siempre ha sido reconocido por la crítica y por una considerable legión de seguidores, actualmente hay en España un claro movimiento de recuperación de su obra, con el apoyo inequívoco de la crítica.
Un amor es una obra que, por su tema y por su construcción, difiere sustancialmente del resto de las novelas de Buzzati, aunque tiene en común con ellas su gran calidad, un trasfondo de preocupación ética y, por momentos, una poesía, en los que reconocemos al Buzzati del resto de su obra. Novela de gran intensidad literaria, el argumento absorbe al lector desde la primera página. El escenario urbano es ya inusual en las novelas de Buzzati y cabe decir que la ciudad es uno de los protagonistas de la novela. El tema, el amor, es también inusual en la obra de Buzzati, y es aún más llamativo el contenido erótico de la novela, que desempeña un importante papel en la misma, merced a un realismo que nos lleva a pensar en Naná de Zola. Lo audaz del enfoque y la sinceridad del autor en el reflejo de sus pasiones son valores que refuerzan esta obra, la más intensa de Buzzati. En ella se narra la historia de un enamoramiento, de una experiencia personal turbadora que absorbe a su protagonista, víctima de una pasión descarnada e inusitada que, en palabras de Achille Di Giacomo, Buzzati nos retrata «en su significado más intenso, implacable e inequívoco, propio del preludio de Tristán de Wagner». El realismo que eligió Buzzati para construir Un amor, inusual en él, se acompaña de un diálogo interior del protagonista que, como reflejo de su pasión desbordada, confiere auténtico nervio a la obra. Por esta vía, no obstante, Buzzati sorprende al impregnar la acción gradualmente de poesía y de reflexión a veces sublime, en torno a una suerte de amor que se diría alejado de esos ámbitos.
Cuando se publicó por primera vez en 1963, Un amor se convirtió rápidamente en uno de los primeros best sellers de la historia de Italia, comparable con otros éxitos fulgurantes de obras coetáneas como El Gatopardo de Lampedusa o el Jardín de los Finzi Contini, de Bassani. Esa aceptación por parte del público no ha cesado hasta hoy. Por parte de la crítica, la acogida de la novela reflejó inicialmente una menor unanimidad, quizás debido a que parte de ella reaccionó con algún desconcierto ante «este nuevo Buzzati» que, sin embargo, fue aplaudido por buena parte de los críticos. Hoy la novela es considerada como una de las obras maestras de Buzzati.