viernes. 17.05.2024
El Tiempo

Poder en juego

“…en el juego del poder también está el usar y administrar el miedo y la esperanza; habrá que ver cómo se usa para seguir en el juego por el poder, de cara a las elecciones intermedias del 2021”
Poder en juego

La violencia engendra violencia, como se sabe;
pero también engendra ganancia para la industria de la violencia,
que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. El futuro es posible imaginarlo y no sólo aceptarlo.

Eduardo Galeano

Pasan los primeros días del nuevo año y la violencia estructural sigue. La ineficiencia se institucionaliza y los pretextos afloran como hierba después de una fuerte lluviaen el campo. La forma de gobernar se confunde con la defensa a ultranza de las decisiones. Así,  los falsos argumentos y las débiles acciones se convierten en la agenda mediática, que sólo se dedica al control de daños y al manejo de la crisis, que ya es algo permanente y no sólo un ejercicio de comunicación social y política que, en el mejor de los casos, debería ser excepcional.

Esto aplica en todas las dimensiones del ejercicio de la administración pública, en sus tres niveles. Los equipos de comunicación social de municipios, estados y del aparato del gobierno federal, no duermen, tienen que estar en una alerta permanente para poder lidiar con la realidad y sus manifestaciones —social, política, económica y cultural- mediada por los desvaríos, ocurrencias, errores, acciones y declaraciones de sus “jefes” —por así decirlo- y que tienen la tarea de construir narrativas muchas veces propias de la ciencia ficción para justificar, legitimar y corregir temporalmente las expresiones que se generan en la llamadaopinión pública, y que son traducidos como expectativas devotos ganados o perdidos según la ocasión. Los problemas no le quitan el sueño al presidente, a gobernadores, alcaldesni, al parecer, a nadie que gobierne en la actualidad.

La periodista Rosa María Calaf, afirmó hace un par años, “la ciudadanía cree que está informada cuando está sólo entretenida”. Ahí está para la mayoría de los medios de comunicación, la forma en que se “vende” y se ofrece información al consumidor de noticias. “La calidad de la información que recibe es tan aceleradamente deteriorada que puede construir una sociedad muy indefensa. El no saber, el no conocer, pero los ciudadanos creen que saben”. 

Veamos las reacciones, respuestas y comentarios en las redes sociales ante los problemas, ante las declaraciones de autoridades, políticos, deportistas, artistas y de algún analista político. Hoy nos sentimos con derecho a opinar, comentar, descalificar, insultar, sin saber, sin conocer, sólo reaccionando emotivamente. “Cada vez vivimos en un mundo no de opinión pública, sino de emoción pública” dijoCalaf.

Durante mucho tiempo los medios de comunicación se aliaron con el poder. Su trabajo fue encubrir, disfrazar y hasta mentir en pro de argumentos como la paz social. Se alineaban dócilmente a las prebendas y beneficios económicos que poder político les brindaba; los casos de Televisa o TV Azteca son ejemplos tristemente ilustrativos. El esfuerzo actual de algunos medios por informar con la relativa objetividad que el ejercicio periodístico reclama, junto con el periodismo de investigación y la apertura a publicar reflexiones críticas y análisis social, económico, cultural y político, son todavía poco valorados y difundidos. A muchos de estos medios independientes se les ve como si fueran “antisistema” o como enemigos de la democracia y de los gobiernos en turno.

Las democracias modernas y la calidad de las mismas, en sistemas de representación social y de partidos políticos,requieren —entre otros elementos- para consolidarse, de la transparencia y rendición de cuentas, vistas como prácticas permanentes del hacer y del ser gobierno.  Ambos elementosse basan en la calidad y oportunidad veraz de la información sobre el ejercicio de gobernar y del cumplimiento de las funciones propias de la administración pública y del uso adecuado de la hacienda pública. Sin embargo, esto que se requiere para consolidar la democracia, no es parte de una cultura institucional gubernamental, y el acceso a la información pública se ha convertido en una madeja burocrática, con un uso selectivo de la información desde el poder político y económico en favor de sus intereses. 

En el juego del poder, el problema que emerge en estos tiempos es la esquizofrenia política y social. La polarización y la simplificación de todo, que se traduce en buenos y malos, en blanco y negro, en estás conmigo o contra mí, en fifís y chairos, en pobres y ricos, entre otras diadas en las que se estereotipa a las personas, son clasificaciones que no ayudan a crear un ambiente de comunicación y de diálogo en la sociedad, pues la realidad tiene muchas tonalidades de grises y múltiples explicaciones desde la complejidad que intenta explicarla.

En este juego del poder no se quiere reconocer la realidadsino simularla, hacer creer y hasta inventar. Se trata de negar todo lo malo, lo ineficiente, los fracasos, y de hacer generalizaciones escuetas para salir momentáneamente del problema. La realidad es pese a nosotros, pero lo que creen y desean las propias autoridades —desde sus intereses y los que representan, especialmente los económicos- se convierte en la estrategia de comunicación para simular y evadir la responsabilidad, y no se asume un compromiso real con la ciudadanía ni con la democracia. 

Todo apunta en el mundo a una nueva forma de gobernar en el sentido del control social, ahora usando y explotando las emociones desde medios de comunicación y redes sociales. Lo podemos observar con los triunfos electorales de Trump y Putin, lo podemos analizar en la historia reciente de Bolivia, Brasil o Venezuela donde se explota la sensibilidad emocional de los pueblos: ya sea para derrotar a gobiernos o ganar elecciones, el manejo de las emociones va más allá del conocimiento de los hechos y del acceso a la información veraz. 

La biopolítica de Foucault convive, se traslapa y se expresajunto con la propuesta de la psicopolítica de Byung-ChulHan, en la que se quiere gobernar y tener el control social desde el manejo y explotación de las emociones como la nueva estrategia del manejo político de las masas, porque el papel del Estado para mantener la organización social a través de la aplicación de la ley, ya no es posible ante la corrupción y la impunidad. 

Ahora, en el juego del poder también está el usar y administrar el miedo y la esperanza; habrá que ver cómo se usa para seguir en el juego por el poder, de cara a las elecciones intermedias del 2021.