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22/06/26

Parentalidad y buenos tratos • ¿Cuánto ha cambiado el ejercicio de la paternidad? • Gaudencio Rodríguez Juárez

“…dejar atrás las figuras del padre terrorífico, legislativo, autoritario o solamente proveedor, para ir construyendo la figura del padre cuidador, presente, cálido, tierno…”

Parentalidad y buenos tratos • ¿Cuánto ha cambiado el ejercicio de la paternidad? • Gaudencio Rodríguez Juárez

En una charla de café con colegas y amigas emergió la pregunta que da título a esta columna. Difícil responder a cabalidad sin tener datos estadísticos a la mano. Aun así, aventuramos respuestas.

Por un momento el diálogo se polarizó. Una parte del grupo afirmaba que la paternidad ya no es la misma que la de generaciones atrás, aquella que se caracterizaba por la ausencia, o la presencia fría, aquella que se limitaba, en el mejor de los casos, a proveer de manera suficiente, sino que los padres de ahora ya están presentes, se permiten mostrar sus sentimientos con sus hijas o hijos, asisten a sus citas médicas o psicológicas y no se limitan a proveer.

La otra parte del grupo reconocíamos que las paternidades han cambiado. Sin embargo, no lo suficiente como para echar las campanas al vuelo, debido a que, para empezar, aún son muchos hogares sin la presencia del padre. Cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que en México el 40% de los hogares carecen de una figura paterna. Lo cual representa más de 4 millones de hogares. El INEGI también reporta crianzas solitarias y ausentes debido a que aproximadamente el 9.3% de los padres (más de 4 millones) son considerados padres ausentes.

Es verdad que la participación en el cuidado de las hijas e hijos ha aumentado por parte de los papás. Actualmente se les ve jugando, atendiendo sus necesidades múltiples, apoyándoles en sus tareas extraescolares, etcétera. Tal vez el avance en el cuidado de las hijas o hijos sea positivo comparado consigo mismos como padres. No obstante, UNICEF y las investigaciones en el tema de las paternidades apuntan a que las mujeres dedican el doble de horas que los hombres al cuidado de las hijas o hijos (11.5 horas semanales es la inversión de los hombres frente a las 24.1 horas de las mujeres). Y solamente el 1.6% de los padres de familia se dedica por completo a las labores del hogar y del cuidado de los retoños.

Es verdad que algunos hombres desean tener más presencia en la vida de sus hijas o hijos, pero la manera en que está organizada la esfera laboral y económica se vuelve un obstáculo. Los sueldos precarios o limitados, los horarios prolongados, a los que se les suma en algunos casos largos traslados a los centros de trabajo, traen como resultado una suma de variables que impiden una crianza más presente.

En más de alguna ocasión he colaborado en la impartición de conferencias y talleres en empresas que tienen la buena intención de promover la crianza positiva con sus trabajadores. Y en más de alguna ocasión, con distintas palabras, los obreros me han dicho, de manera honesta, lo mismo: “psicólogo, todo lo que nos ha dicho sobre la crianza está muy interesante y queda claro que haría mucho bien a nuestros hijos, pero la pregunta es a qué hora lo voy a llevar a cabo si cuando salgo de mi casa es tan temprano que mi pequeño hijo aún está dormido, y cuando regreso es tan tarde que nuevamente lo encuentro dormido”.

Aunque las cosas van cambiando, el mundo laboral sigue manteniendo la expectativa de que sean los hombres quienes ocupen los lugares de trabajo, esto bajo la creencia de que ellos se comprometen más con la empresa, pues de ellos depende el funcionamiento familiar, en lo que a la manutención económica se refiere. Mientras que las mujeres en cuanto tienen hijas o hijos suelen priorizar por la maternidad. Por lo menos esta es la creencia, o el mandato social, que, si bien va cambiando, no ocurre con la misma velocidad en todos los grupos socio-económicos.

El equilibrio entre el mundo laboral y el doméstico (donde está el cuidado de las hijas o hijos) es un reto enorme difícil de lograr en un mundo capitalista donde la producción del capital aventaja por goleada a la vida doméstica. Y tiene como abanderados a los hombres.

El 10 de mayo es el Día de la Madre en México, el 1 de junio el Día Mundial de las Madres y los Padres, y el tercer día de junio es el Día del Padre en México. Tres fechas que tienen como finalidad reconocer y promover la labor más importante que tiene una sociedad: la de acompañar el crecimiento y maduración de las nuevas generaciones. Una labor sin la cual las sociedades no podrían mantenerse vivas, y que, no obstante, son tan poco valoradas. Suelen reconocerse un día para pasar desapercibida el resto del año.

La crianza es un trabajo que históricamente ha estado sobre los hombros de las mujeres y se requiere que la otra mitad de la población asumamos nuestra responsabilidad parental. Sí, me refiero a la responsabilidad por parte de los hombres, de los padres. Es una responsabilidad amorosa, ética y jurídica.

Si las condiciones no están dadas, debemos trabajar para incidir en dichas condiciones.

Nos corresponde trabajar para dejar atrás las figuras del padre terrorífico, legislativo, autoritario, o solamente proveedor, para ir construyendo la figura del padre cuidador, presente, cálido, tierno. Lo necesitan las niñas, niños y adolescentes, al mismo tiempo que su práctica nos haría mucho bien a nosotros los hombres.

Este Día del Padre, enhorabuena a todos aquellos que han decidido experimentar la maravilla de acompañar el florecimiento de las hijas o hijos, asumir los retos de la parentalidad, más que padeciéndolos, haciendo de ellos una estimulante aventura.