La Caza de la Integridad: El escándalo del presidente del patronato DIF Municipal de Guanajuato • Iovana Rocha

“…el presidente de una institución cuya labor principal está relacionada con la asistencia social, atención a grupos vulnerables, protección de derechos y desarrollo de la comunidad, se presenta como un cazador de venados…”

Iovana Rocha
Iovana Rocha
La Caza de la Integridad: El escándalo del presidente del patronato DIF Municipal de Guanajuato • Iovana Rocha

La imagen es clara, la cabeza de dos venados que se presentan como trofeo. Los cuernos de uno de ellos son sostenidos por las manos de un sonriente Saul Navarro Smith, presidente del patronato del Sistema Municipal DIF de Guanajuato. Sí, el presidente de una institución cuya labor principal está relacionada con la asistencia social, atención a grupos vulnerables, protección de derechos y desarrollo de la comunidad, se presenta como un cazador de venados.

Muestra con orgullo dos cabezas de ejemplares y al saberse evidenciados por organizaciones civiles que exigen su renuncia su respuesta no pudo ser más desafortunada: “…la imagen fue tomada en un contexto privado y regulado…No práctico cacería…la imagen corresponde a un momento posterior realizada por terceros…”. En resumen, él estuvo ahí y no disparó a los venados, solo posó en primera línea sonriente y orgulloso de mostrar a dos animales muertos.

Insalvable. Es evidente que Saúl no entiende —o pretende no entender— el cuestionamiento de fondo, y eso agrava todo. Su intento de salida mediática lo responsabiliza aún más: estuvo ahí, pero sin conciencia de lo que significa ocupar una responsabilidad pública.

¿Qué vimos en la imagen los que no tenemos el contexto de que “solo estuvo ahí” para sonreír sosteniendo dos cabezas sin vida?

Una foto que refleja cómo, desde su vida privada, muestra valores incompatibles con su vida pública, donde suele presumir narrativas de paz, no violencia y protección de los derechos de los animales. Es como si fueran dos personas distintas: la auténtica, cazadora, y la simulada, defensora de la vida.

Ante la exigencia de organizaciones como Acción Colectiva Socioambiental, Fundación Animare, Movimiento Colibríes de Guanajuato y la Confederación por los Derechos de los Animales de México, que piden la renuncia de Saúl Navarro, la presidenta municipal —y madre del cazador— empeoró las cosas. En su respuesta, dijo:

1. “...Yo quiero pedirles de la manera más respetuosa que nos atengamos a este pronunciamiento público...”. Aunque el tono de la presidenta intentó ser amable, su frase delata enojo y autoritarismo que ya sospechamos desde hace tiempo. Una autoridad que no tolera el cuestionamiento, que se sabe en pleno gozo de impunidad y arbitrariedad.

Atenerse se explica desde el sometimiento, con la conformidad obligada y con la abstención de intentar hacer o decir algo. No, presidenta, el ámbito de la indignación individual y colectiva no te pertenece. Lo que es peor, estás obligada a respetarla.

2. “...Un asunto meramente personal que no contraviene en nada el trabajo que realiza como presidente del DIF Municipal de manera honorífica...”. Veamos, presidenta, la única confundida sobre la dualidad de la vida privada y la vida pública en el sector público es usted. Hace décadas ha sido abordado por la filosofía, incluyendo a Aristóteles en su obra "La Política";. El filósofo griego sostenía que la vida pública y la vida privada son dos esferas separadas, pero que se influyen mutuamente. Es decir, la vida privada de un servidor público es un tema público en la medida en que pueda afectar su capacidad para desempeñar su función pública de manera imparcial y ética. Pensar que se trata de ámbitos completamente separados nos remite a viejos y anacrónicos debates sobre la violencia contra las mujeres, por ejemplo, aquel servidor público eficiente debería ser valorado como tal, no importando que en sus espacios privados sea un violentador. Lo anterior se ha superado al nombrar la violencia como un tema público, no privado.

3. “...No contraviene en nada el trabajo que realiza como presidente del DIF Municipal de manera honorífica...”. En este señalamiento, la trampa es igualmente una insostenible verdad a medias. La naturaleza del cargo, en efecto, debería de eximirlo de una remuneración. Sin embargo, se trata de un titular cuya posición le permite tomar decisiones, ejercer poder y hasta presupuesto público. Entonces, visto así, claro que lo de menos es que no reciba un sueldo, sus alcances en el terreno de las realidades sobre la institución son mayores. Por tanto, tiene responsabilidad pública y con ello se justifica la exigencia de su remoción después de haberse evidenciado como un sonriente cazador.

4. “...Seguiré respaldando sus actividades tanto públicas, como privadas de un funcionario que realiza un trabajo, insisto, de manera honorable...”. Esto último, más que un apoyo, parece el refrendo de la complicidad, la incomprensión y la probable repetición. La presidenta asume que el señalado es víctima de sus detractores, no ha entendido que es figura pública sujeta al escrutinio por su afán de participar en decisiones institucionales y presupuestales. Sobre los resultados de su trabajo, las pifias superan cualquier logro extraordinario. Entre abrazos, asistencialismo clientelar, sonrisas lo mismo a adultos mayores que a venados sin vida y acompañamientos selectivos a víctimas, todo parece indicar que en pleno 2025 hay quienes creen que gobernar es un acto ocurrencial sin responsabilidades ni consecuencias.

El presidente del patronato del DIF, el cazador sonriente, el que solo llegó para foto, se suma a un capítulo más de un Guanajuato capital que en los últimos nueve años está más próximo a ser inspiración de una película dirigida por Luis Estrada, bien pudiera
denominarse “El Infierno”, segunda parte.