Desde una pluma insistencialista • Valentina, Irapuato: su infancia • Iovana Rocha

“No debiste ser símbolo. Debiste ser solo niña de 7 años, casi 8. No debiste ser consigna.  Ese día te quitaron el derecho a crecer.  Te quitaron el 8. Te quitaron el 9, el 15, el 18. Te quitaron todos los números que seguían…”

Desde una pluma insistencialista • Valentina, Irapuato: su infancia • Iovana Rocha

Querida Valentina:

Está por cumplirse un mes de los violentos hechos que te arrebataron la vida mientras compartías una tarde de juego con otras niñas y niños en la colonia 18 de agosto, en Irapuato, Guanajuato.

La 18 de agosto. Una colonia marcada por la precariedad y el abandono.  Precariedad que se mide en calles sin alumbrado completo, en banquetas rotas, en parques que nunca llegaron.  Abandono que se mide en años de promesas que no pisan esas calles. En que, para muchas en el poder, esas cuadras no existen hasta que ocurre una tragedia. 

Ahí jugabas tú. Ahí donde ser niña es también aprender a esquivar el abandono.

Tenías 7 años, siete. Una edad para estar cursando los primeros años de la escuela primaria. Una edad en la que cambian los dientes, en la que el pupitre se vuelve territorio propio y la lectura empieza a desarrollarse. Con ella, otra comprensión del mundo. Otra forma de relacionarnos con otras y otros.

Siete años para medir la calle en juegos. Para descubrir libertades nuevas en la banqueta, en la bicicleta sin rueditas, en las escondidas hasta que oscurece.

No llegaste. Te arrebataron la vida en un ataque armado dirigido a otros.

Y estabas a días de cumplir 8. Para el “ya tengo 8”. Para estrenar edad, esa misma semana, entre el martes 26 de mayo y el siguiente sábado. Faltaban horas para el pastel, según lo declaró tu mamá con inmenso dolor durante tu sepelio

No debiste ser símbolo. Debiste ser solo niña de 7 años, casi 8. No debiste ser consigna.  Ese día te quitaron el derecho a crecer.  Te quitaron el 8. Te quitaron el 9, el 15, el 18. Te quitaron todos los números que seguían.

Y no fuiste la única. 

Del 1 de enero al 16 de junio de este año, Irapuato acumuló 10 homicidios dolosos de menores de edad, diez, de acuerdo al Observatorio Ciudadano Irapuato ¿Cómo Vamos? (OCI).

La mayoría ocurrieron en la vía pública. En varios casos, niñas y niños quedaron atrapados en ataques armados atribuidos a presuntos grupos delincuenciales.

Entre ellos, Winnie. De 9 años.  Quedó en medio de un ataque armado en la colonia Las Huertas. Eran las doce y media de un sábado. Dos hombres dispararon contra un joven. El ataque no era para él.  Winnie ni siquiera vivía ahí. Estaba de visita con su abuela. 

Otra vez en un espacio público. Otra vez haciendo uso de la banqueta, de la calle. Otra vez un niño que no debía estar en la estadística.

Diez infancias rotas en menos de seis meses.  Diez familias marcando un antes y un después. 

Diez veces que el Estado falló.

Y con lo doloroso que resulta lo que ocurre con las infancias, la reacción de las autoridades sigue sin estar a la altura. 

Una autoridad municipal que ha sido reelegida y que ahora parece estar más ocupada en analizar la sucesión.  Que incluso posterior a los hechos ha tenido reuniones con autoridades estatales, y todo se concentra en una narrativa ya agotada: “lograremos que haya justicia”.

Si somos honestas y honestos, la justicia es que estuvieran vivas.  La justicia es que estuvieras con tu familia. Que hubieras festejado tus ocho años.  Que Winnie regresara a casa. Que no estuviéramos hablando de este escenario. Lo demás ni siquiera es un control de daños. Es una evasión.

Y caló hondo, Valentina. Caló hondo cuando tus familiares y tus vecinos salieron a tomar las calles, y hacia afuera parecía que nada ocurría. 

Caló hondo cuando tus compañeros de escuela te fueron a acompañar. 

Caló hondo porque a un mes de lo ocurrido, en tu zona, en tu calle, muy seguramente poco o nada ha cambiado. 

¿De qué tipo de violencia estamos hablando cuando pueden asesinar a una niña y no hay una reacción social de indignación sostenida? 

¿De qué tipo de normalidad hablamos cuando el duelo es íntimo pero la calle sigue igual?

Por eso tu nombre nos obliga, Valentina. 

Nos obliga a mirar la cifra y ver el rostro. El tuyo. El de Winnie. El de las 8 vidas más que no nombramos hoy, pero que duelen igual.  Nos obliga a gritar que la banqueta es para jugar, no para morir.  Nos obliga a exigir que no haya otra Valentina. Que no haya otro Winnie. 

¡Con las niñas no! Con los niños no. Nunca más.!

Con dolor y con rabia, 

Guanajuato