miércoles. 25.05.2022
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54 MUJERES, LA SERIE [L]

54 Mujeres [L] • Los covers de Angélica María • José Luis Justes Amador

José Luis Justes Amador
Angélica María
Angélica María
54 Mujeres [L] • Los covers de Angélica María • José Luis Justes Amador

Como es evidente, el intérprete es un músico necesario.
Y es que es la figura que consigue dar respuesta
con su habilidad instrumental o de canto.

Simon Reynolds

Durante los años sesenta la mayoría de los interpretes de éxito, con unas cuantas geniales y pocas excepciones, eran, como su nombre indica, hombres y mujeres que entraban al estudio de grabación y cantaban o tocaban lo que hubiera que cantar, lo que hubiera que cantar. El fenómeno se daba sobre todo en las llamadas “chicas ye-ye”, la mayoría de cuyo repertorio consistía en versiones que tenían la gran ventaja de ser ya conocidas por el público (con lo que la labor de convencimiento para vender era menor) y que podían producirse casi en serie. Una de las grandes estrellas mexicanas de aquellos años, Angélica María, no iba a ser la excepción. Lo asombroso de ella es, sin embargo, la variedad de los covers elegidos que lleva a su terreno a veces calcándolas o a veces alejándose del original.

Aunque olvidada, una de las canciones más versioneadas de la época, en todos los idiomas y casi en cualquier latitud, fue “Dominique” de la one-hit-wonder Soeur Sourire, que con una melodía alegre desgranaba una letra sobre las alegrías de servir a nuestro señor. La versión de Angélica María se limita a un cambio en la letra, haciéndola aún más católica e histórica si cabe, conservando la melodía casi intacta. Menos ajustada al registro de la original es la excelente versión que hace de un country lento, “Before the next teardrop falls”, que además tiene parte de la letra en español. Lo que en el original es una canción buena pero no genial, con el mismo ritmo pero una instrumentación mucho más arreglada se convierte en una canción que mucha gente considera un clásico de la música ranchera o de mariachi.

Y no todo era suavidad en Angélica María, que en sus principios se hacía acompañar o acompañaba a Los Locos del Ritmo, responsables de una de las mejores canciones clásicas del garage mundial, como es el suave “Love Potion Number 9” de The Clovers. En las guitarras saturadísimas del grupo y el ritmo acelerado, “Brebaje de amor” se convierte en un interesante ejercicio de garage mexicano, con una letra cantada y gritada con Angélica María como si le fuera la vida y el amor en ella. La canción la ha hecho muchísima gente, destacando la versión desnuda y rudísima de The White Stripes o dentro de México, con una nueva letra, Los Infierno. Y rocanrolera, aunque un poco más calmada, sigue siendo “Johnny el enojón”, que es casi una traducción literal, tanto en la música como en la letra, del clásico “Johnny get angry” que interpretó, también, Joanie Sommers.

Uno de los compositores más interpretados durante aquellos años era el casi siempre genial Burt Bacharach. La obra de Angélica María no podía ser ajena a esa fama y lleva a su terreno el estándar de “I’ll never fall in love again” en una versión que no llega, ni siquiera de lejos, a la gran canción que grabaron Dionne Warwick o los Carpenters. Y en una de esas demostraciones de variedad a las que la discografía de Angélica maría no es ajena también hizo, apenas unos meses después de que apareciera el original, una excelente versión, casi calcada del original que es inmejorable, del “Tired of waiting” de The Kinks que ella tituló, cambiando el género de la canción, “Cansada de esperar”.

Otro momento de la interpretación y la versión en los años sesenta, fáciles de grabar y que no necesitaban tantos músicos en el estudio, era la de las canciones originales italianas. Una melodía fácilmente reproducible y mayormente compuesta de canciones de amor. De entre las que hizo Angélica María destacan “Cuando me enamoro” o “Si supieras”, simplemente singles de relleno en su obra, pero que vendían bien y convencían a todo el mundo. Más extraña resulta la genial versión que hace de una de las canciones más desconocidas de Bobbie Gentry “Make Believe”, que también hiciera en su tiempo Joan Jett, que en español se tituló “Ilusión”.

Otro de los éxitos que se versioneó miles de veces en aquella época fue el alegrísimo “Viva la buena vida”, que María tituló “que viva la buena vida”, un original en español que, siguiendo la lógica de los covers y las chicas ye-ye, llegó a grabar France Gall en alemán. Y en esa conexión francesa llegó a  grabar una versión, hermosamente lenta, del “Ne me quite pas” de Jacques Brel bajo el título de “No me dejes”.

Y, como curiosidad y acorde con el espíritu de estas fechas, María llegó a grabar un olvidable disco navideño, de más tradición en los países anglosajones que en español, del que todo son versiones y del que no hay nada rescatable, más allá de lo encantador.

PD: Armando Manzanero, que llegó incluso a ser versioneado por el mismísimo rey, Elvis, más conocido por sus canciones pastelosas y de tiempos medios es, sin embargo, el autor de cosas extrañísimas, una de las cuales lleva el también extrañísimo título de “Superpitagórico”, nada manzaneresco, cuya letra rima en esdrújulas y cuya primera aparición fue en el cine con una escena de fiesta arty y psicodélica en la que Angélica se arranca a cantar después de haber inventado la palabra. La escena cuenta además, con el añadido de una de las invitadas a la fiesta arrancándose a agarrar el bajo para hacer de banda (falsa, por supuesto) que acompaña la improvisación de Angélica María.



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