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EL PARIETAL DE CHOMSKY (COMUNICACIÓN Y LENGUAJE)

Vocablos “frijol” y “refresco” en el imaginario social

Imelda Díaz Méndez

Vocablos “frijol” y “refresco” en el imaginario social

 

Existe una frase que dice: “somos lo que comemos”, el cuerpo determina muchas de sus funciones por los alimentos que ingiere, una buena alimentación mantendrá favorables condiciones de salud, alto rendimiento en las tareas y mejores grados de concentración. Pero, hablando de alimentos existe otra frase que dice: “no sólo de pan vive el hombre” y es que el ser humano necesita de tantas cosas para mantenerse vivo que basta con analizar cada una de sus funciones para darse cuenta de que despertar cada día es un verdadero milagro.

En estudios de disponibilidad, concretamente en los efectuados en el estado de Zacatecas,[1] se abordó dentro de los diversos centros de interés el referente a la comida el cual está titulado como: “Alimentos comidas y bebidas”. La muestra, tomada desde una perspectiva cuantitativa, ofrece la posibilidad de otorgar una interpretación cualitativa a partir de los resultados y considerando el contexto. Si bien es cierto que la encuesta no está diseñada con pretensiones puramente sociolingüísticas, aparecen resultados que permiten aventurarse a dicho terreno y hacer una lectura diferente del trabajo desarrollado por la doctora Matilde Hernández.

Los principales vocablos que aparecieron en el centro de interés referente a la comida son los siguientes: frijol, refresco y agua. Desde su contextualización económica, el frijol es visto como alimento que consumen quienes no cuentan con recursos económicos; en ocasiones, se habla de enriquecer al maíz con proteínas como si careciera de nutrimentos: “Estas tentativas han contribuido a hacer problemática una dieta de maíz-frijol, desvalorizándola, promoviendo la idea de que es una dieta de pobres”.[2] El refresco es otro de los vocablos que aparece dentro de los imaginarios sociales, como bebida que es consumida por personas con dinero, a pesar de que la realidad no sea ésta.

El refresco aparece en antaño como un producto consumido para obtener estatus, porque después de todo el agua es gratis y el refresco o “soda” como se le popularizó años atrás costaba dinero, el cual no todos poseían.[3] Dentro de los resultados de disponibilidad aparecen estos dos vocablos, frijol y refresco,  anidados en el imaginario en puntos alejados, uno de pobre y otro de ricos; contradicciones que reflejan el estado social de la actualidad. Mientras contamos con el segundo hombre más poderoso, económicamente hablando, contamos con mexicanos que sólo se alimentan de frijoles una o dos veces al mes.

La lengua es un reflejo de la realidad, cuenta con memoria histórica, cada palabra arrastra usos y costumbres, es como una botella de vino que se añeja con el paso del tiempo para darle un sabor especial. “Frijol” y “refresco” palabras que están cargadas en esencia de cosas diferentes; desde el punto de vista económico se superpone el refresco y es que, gracias al trabajo de los medios de comunicación, se han desarrollado estereotipos para descalificar a uno y exaltar a otro.

En publicidad, el color negro cuenta con una carga negativa, pues se asocia con la suciedad, con cosas impuras, es por ello que resulta poco probable que una botella de agua tenga el color negro en su etiqueta; sin embargo, los refrescos de cola color negro lo traen en el mismo líquido, es por ello que destacan otras cualidades, como el sabor, la fraternidad, la pluralidad a pesar de que estos vocablos no se relacionen directamente con la alimentación o la sed. En cambio el frijol con altos valores en hierro es descalificado constantemente por el imaginario social.

El resultado de disponibilidad indica que los informantes se relacionan constantemente con alguno de estos dos productos, sea por necesidad o por lujo. De nuevo parece la idea de que en la mesa se reúnen constantemente “Los frijoles y el refresco” El refresco es para sentirse menos pobres, para que pase lo desagradable de los frijoles porque más allá del sabor original, hay un sabor anidado en la palabra y es el de pobreza, el cual en un mundo donde el valor agregado de los productos es de vital importancia, cobra mucha relevancia. Qué dirán las amistades si ven el plato lleno de frijoles en lugar de algún corte americano.

 

[1] María Matilde Beatriz Hernández Solis, Un modelo para la planificación de la enseñanza del vocabulario con fundamento en el léxico disponible de universitarios zacatecanos, UAZ/ Unidad Académica de Letras/ Tlacuilo, México 2012.   

[2] Ivonne Bordi Vizcarra, Entre el taco mazahua y el mundo: la comida de las relaciones de poder, resistencia e identidades, UAEMEX, México 2002, p. 243.

[3] Eduardo del Río García (Rius), La basura que comemos, Grijalbo, México 2002, p. 78.

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