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Qué más hubiera querido

Federico Urtaza

Qué más hubiera querido


De momento, pensé armar mi top 10 del 2015. Lo pensé dos veces. Supe que cualquier lista siempre es como aquella que refiere Borges en Otras inquisiciones y retoma Foucault para ilustrar el azaroso rumbo de las clasificaciones. Así, me inclino por algo más personal, que no por ello menos arbitrario y sujeto al misterio del caos del destino, y hago un breve ejercicio que comparto con los lectores (nada qué ver con propósitos de año nuevo, y sólo un poco con una especie de recuento).

Ya en otra ocasión referí como, después de cangrejear en el camino hacia una de mis pasiones, el cine, por fin entré al medio de la industria. Al seguir por ese rumbo, encontré algunas cosillas que suelen ser minimizadas si no es que hasta ignoradas, no sólo en lo que a la cinematografía u otras industrias culturales corresponde, con sus debidos ajustes y guardando proporciones.

La primera que me viene a la mente es que no soy lo que la “gente de cine” considera “gente de cine”. Bien por mí y bien por la “gente de cine”; no soy egresado de escuela alguna de cine, tampoco dirijo y apenas me he atrevido a escribir algunos guiones. Si se me preguntara, me inclinaría por la producción, lo que me lleva a declarar que mi creatividad tal vez sea poco poética y nada glamorosa, pero es del mismo género que la de mucha gente cuya ausencia haría improbable (no imposible, improbable) el cine.

Mientras algunos como yo van a la producción, o promueven y distribuyen y hasta se lanzan a exhibir películas, otros participamos en el fomento a esta actividad industrial/artística/cultural; aquí es donde lo público y lo privado se entrelazan.

Si bien es cierto que quien es creativo difunde su obra con apoyo o sin él, en particular me refiero al mecenazgo del Estado (es decir, de quienes pagamos impuestos, prácticamente todos). Para que dicha difusión pueda alcanzar dimensiones considerables, sin duda requiere de subvenciones, apoyos y/o estímulos para alcanzar una plausible socialización y la apropiación de los resultados de las expresiones artísticas.

Para que esto surta efectos saludables se requiere de políticas públicas racionales, transparentes, inclusivas y respetuosas de las libertades. Como mínimo. En pocas palabras, nada de botarse la lana en quimeras, amigos o campañas políticas.

Otro punto es el de las expectativas de quienes en mayor o menor grado recibirán un apoyo o el impacto del otorgamiento de éste a terceros.

En fin. Como en todo en lo que la gente considera axiomático cuando “el que paga manda”, tiende a haber confusiones culposas y culpables. El mecenas, sea quien sea, siente por naturaleza la tentación de imponer su gusto o su falta de gusto a cambio de su “invaluable” apoyo al creador.

He tenido la suerte de participar en temas como el Eficine y de manera directa en la ejecución de ProcineDF, fideicomiso público destinado a fomentar el desarrollo del cine mexicano.

Después de 6 años de la creación del fideicomiso, por fin logramos sacar cuatro convocatorias para apoyar diferentes aspectos de la promoción del cine mexicano, apoyadas por la propia comunidad fílmica. Debo decir que ese logro se alcanzó a gritos y sombrerazos, literalmente, pues hubo qué defender el proyecto de avideces de distinta naturaleza pero mismo origen: darle al recurso un tinte político que no debe tener.

A lo largo de un año fue cosa de enfrentar mezquindades, grillas y manotazos, así como un par de “porque lo digo yo”, para poder hacer lo que nadie había querido o podido hacer. Sin embargo, oh paradoja, el éxito puede a veces ser decreto de muerte.

Por otra parte, se debe tener especial cuidado en que los apoyos sean eso y no becas ni prebendas ni mucho menos donativos interesados; tampoco deben multiplicar ociosamente los apoyos de otras instancias.

Para 2016 el presupuesto de egresos se reduce (no los impuestos, contribuciones ni derechos), así que esto hace de la mayor importancia que el dinero público se gaste de la mejor manera. Si se trata de apoyar al cine, por ejemplo, que no se bote el recurso en los amigos ni en comprar publicidad para la entidad o la ciudad que ustedes gusten (en otro momento les hablaré de los disparates que se hacen cuando se dice que el cine atrae turismo u otras producciones).

Confieso, para iniciar el año, que creo en apoyar actividades productivas y de impacto social, así como no creo en resolverles la vida a los productores, por muy creativos y famosos que sean.

Pero, bueno, acabemos de empezar el 2016 con un abrazo para todos.

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