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DUERMO SOLA

No quiero regalos el día de las madres

Giselle Ruiz

No quiero regalos el día de las madres

Hay dos sucesos que me llevaron a escribir esta columna:

El domingo pasado después de una agradable comida familiar, tiempo de no ver a mis sobrinos, jugar con ellos y empaparme de su simpleza infantil, nos disponíamos a salir del restaurante cuando pude ver una de las escenas que atravesarían mi armadura justo por ese lugar donde creo que esta el corazón: Mi madre ayudaba al más pequeño de mis sobrinos a subir un escalón. Parecería un suceso convencional, pero a mí me lleno de ternura desmedida.

Acto seguido, mis tíos preguntando “¿Cuándo te harán abuela? Te brillan los ojos de una manera distinta”. Mi madre, que es una mujer muy centrada, sólo respondió “Cuando la vida quiera, si quiere”.

Al día siguiente, tras llevar a los hijos de mi jefe a casa de su abuela, regresaba a la oficina cuando en un semáforo vi a un niño pequeño (cinco años tal vez), comenzar a hacer malabares con unas pelotas sucias. Tenía la cara llena de colores y una mirada triste a pesar del rosa de las mejillas; sudaba de manera descontrolada. Tras su acto comenzó a pasar cerca de los coches con la mano extendida. No encontré monedas pero recordé que tenía una botella de agua; busqué a tientas debajo del asiento trasero sin suerte alguna y mis ojos se quedaron paralizados en los del niño cuando respondí a su acto de entretenimiento con una negativa. Regresé a la oficina llena de rabia preguntándome: ¿Dónde está su mamá?

Reconstruyo esto y lo voy escribiendo justo el 10 de mayo, creo que de manera simbólica, para decirles lo siguiente: Soy una “NoMo”.

NoMo es el término acuñado al creciente grupo de mujeres que han decidido no tener hijos. NoMo viene de la abreviatura “No Mothers”, acuñado en 2011 por la psicoterapeuta Jody Day, y que ha sido promovido de manera oficial por la Asociación Gateway Women.

A diferencia de las mujeres que no pueden concebir debido a algún problema relacionado con la fertilidad, las NoMo tienen la firme convicción de no procrear. Pueden tener o no pareja, sin embargo, su postura con respecto a la maternidad es la de no ejercerla.

¿Por qué no tener hijos? Las respuestas son variadas. Estudios de la UNAM afirman que una de cada cinco mujeres con estudios de bachillerato se encuentra decidiendo entre tener descendencia o no.

Pueden acusarnos de feminazis pero la realidad es otra. La mayoría de las mujeres encasilladas ahora en este grupo tienen como prioridad realizar estudios de posgrado (casi todas cuentan con una licenciatura), crecer en el ámbito profesional, lograr independizarse, tener dominio de su tiempo y espacio, dedicar parte de su vida a alguna causa social, etcétera.

En mi caso la decisión de no tener hijos recae en algo más personal: no me siento capaz de darle a alguien una vida maravillosa, es decir, sé que no tengo la capacidad para brindarle a un hijo todo el conocimiento y todas las armas para vivir sin dolor o tristeza en este mundo. Analizo la situación de aquel niño en el semáforo y pienso que es injusto tener hijos si las circunstancias de vida no son las adecuadas. Nadie nos pide ni nos obliga a traer al mundo más seres indefensos; en todo caso, ellos no lo están pidiendo.

Admiro a mi madre y a la par le digo que no es la vida quien decide si tendrá nietos o no (como lo comentó aquel domingo); soy yo quien lo dice.

Al igual que todas las NoMo, aprecio la vida y la labor maternal, y es por eso que en medio de un acto de amor y libertad, digo NO.

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