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In my room: La poética de la habitación

Héctor Gómez Vargas

In my room: La poética de la habitación

Es realmente un cosmos.
Gastón Bachelard, La poética del espacio.

Uno

Una de las cosas que más extraño de mi pasado es la habitación donde crecí y fui adolescente.

Más que la casa, mi habitación fue el “rincón del mundo”, como expresa Gastón Bachelard, que conformó mi “primer universo”. Para mí fue un “cosmos” que habitaba con el pensamiento, los sueños y la imaginación. Un espacio que iba siendo habitado porque me permitía sentir una forma de pensar y expresarme, que me daba identidad y presencia personal, que me integraba a algo más amplio y por lo cual el mundo adquiría brillo, intensidad y sentido.

Entonces, mi recámara fue una poética personal porque fue el espacio donde se gestó una de las obras alquímicas más importantes y decisivas en mí vida: el tránsito de la infancia a la adolescencia. Como diría Bachelard, fue ahí donde mí no-yo protegió a mi yo: la integración de mi mundo sensible con mi mundo de la ensoñación.

Mi recámara fue tanto un cosmos como una cosmovisión, y visitar mi recámara de adolescente con la memoria y la imaginación me permite ingresar al mundo de los sueños y de los pensamientos que corren como ríos subterráneos y que no solamente me permiten descifrar lo que he vivido, sino lo que estoy viviendo hoy en día, lo que me hace vibrar y encontrar ecos para construir nuevas poéticas del espacio en mi vida.

Dos

Cuando el póster con la imagen de Pelé (anotando el primer gol de Brasil a Italia en la final del Mundial de Fútbol México 70) y aquel en que se veía a Uwe Schiller saltar y cabecear con la parte posterior de la cabeza (para anotar un gol espectacular que representó la victoria de Alemania sobre Inglaterra en el estadio Nou Camp de la ciudad de León) fueron sustituidos por uno de Raquel Welch y otro de Paul McCartney, estaban sucediendo cosas en mi habitación.

Cuando mi padre me compró una radiograbadora porque había observado que un día saqué un viejo tocadiscos portátil del cuarto de los tiliches para poder escuchar en mi cuarto los discos de los Beatles que estaba consiguiendo; o cuando mi madre le sugirió a mi padre que me pasaran la vieja televisión portátil, en blanco y negro, que quedaba disponible porque habían comprado una  nueva y moderna televisión a colores para su recámara, argumentando que yo era quien más televisión veía de toda la familia, algo comenzó a suceder en mi habitación.

Cuando dejé de comprar cada fin de semana revistas como Gol o Fútbol para comenzar a coleccionar revistas como México Canta, Conecte y poco más adelante Creem, no sólo cambiaron mis ritos de los viernes por la tarde, sino que igualmente el ambiente y la decoración en mi habitación comenzó a cambiar. Algo sucedía conmigo.

Fenomenología de mi habitación: la constitución de un cosmos y una cosmovisión que en mi caso se puede rastrar a partir de por lo menos cinco elementos que estuvieron presentes. En cada caso hubo una transformación en un lapso de tiempo, al igual que en forma general.

Primero: la decoración de mi habitación.

Segundo: la llegada de la televisión.

Tercero: el equipamiento tecnológico para escuchar música.

Cuarto: la creación de una colección de discos y cintas de cassettes.

Quinto: la aparición de un librero y de libros personales.

Cada uno de ellos es una historia por contar, y todas las historias son parte de una constelación mayor.

Tres

                                               Esconder significa dejar huellas.
                                                                      Walter Benjamín, Imágenes que piensan.

¿Por qué hay ciertas imágenes de mi habitación de adolescente, que cuando las recuerdo parece que las estoy viviendo nuevamente?

Una habitación puede ser no sólo un refugio. También un espacio de encuentro, expresión y descubrimiento. Un lugar para sonar y re-sonar.

Dice Gastón Bachelard que la imagen poética no son los ecos del pasado sino el resplandor donde resuenan, “sin que se vea hasta qué profundidad van a repercutir y extinguirse”. En esa resonancia, la imagen poética “tendrá una sonoridad de ser”. Por ello, para experimentar esas imágenes, toca ingresar a los umbrales de la poética desde donde resuenan las sonoridades del pasado.

Tengo una serie de imágenes que todavía re-suenan en mí: cada una me coloca en un umbral donde lo vivido manifiesta una sonoridad que aún resuena porque, pensando en lo expresado por Walter Benjamín sobre el excavar y recordar, son imágenes que provienen de la poética de la habitación de cuando era adolescente que, en su ir y venir en el diario ensoñar, permiten ingresar al pasado como un hombre que excava y que trabaja con la memoria revolviéndola y esparciéndola, como se hace con la tierra, e ingresar a sus capas dormidas y desconocidas.

Dice Benjamín que los recuerdos más veraces no son solamente informativos sino que indican el lugar donde los adquirió “el investigador” y, por ello, el recuerdo “real” manifiesta la imagen de quien recuerda, como sucede con un informe arqueológico que no solamente indica las capas de las que proceden los objetos encontrados, sino “aquellas capas que antes fue preciso atravesar”.

Por ello, dice Benjamín, “vale la pena ir siguiendo un plan de excavar”.

***

Héctor Gómez Vargas (León, Guanajuato, 1959) es autor de libros sobre cultura popular y subculturas, la radio, la música y los fans en el siglo XXI. Es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima, investigador del SNI y académico en la Universidad Iberoamericana León.

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