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07:43h. Miércoles, 26 de Julio de 2017

DIARIO DE NAVEGACIÓN

Abstinencia [XV]

José Luis Justes Amador

 

Mayo, 1
Un nuevo mes, el mismo propósito.

Acudo a una entrevista de trabajo. Me cuesta volver a acostumbrarme al tiro del traje ajustado, al cuello de la camisa cerrado por la corbata apretando mi gaznate. Llego a la empresa con quince minutos de anticipación. Sólo está la recepcionista que me ofrece esperar sentado en una sala de espera más que enorme, o pasear por el jardín siempre y cuando esté dentro de su campo de visión. Le pregunto si se puede fumar en el jardín. Me contesta que sí. Salgo y no prendo el cigarrillo. Es una empresa estadounidense (en el proceso me enteraré que en realidad nació en Francia) y no sé si eso puede ser una trampa y hay cámaras escondidas. Ningún jefe quiere un subordinado con adicciones. Tras las tres horas de baterías de exámenes, pruebas (incluida una de orina) y trabajo en grupo, salgo del complejo (no hay otra palabra) y fumo, de alivio y de nerviosismo al mismo tiempo, todo lo que no he fumado las horas anteriores.

Si consigo el trabajo parece que se sumarán horas sin nicotina a las del sueño. Casi medio día no podré, políticas de la empresa, fumar en el recinto, y salir ocuparía todo mi tiempo de descanso.

 

Mayo, 2
Ni siquiera estoy nervioso por la espera.

Hoy no me he levantado con ganas de fumar. Quizá sí sea el nerviosismo nuevo, un nerviosismo con esperanza, el que proporciona la adrenalina suficiente para sustituir a la de la nicotina. Una vez que lo descubro la dosis vuelve a subir.

 

Mayo, 3
No esperaba el incidente que se dio en la terraza de un bar céntrico de la ciudad. I. llamó por teléfono. “Te estoy viendo. En estos momentos estás prendiendo un cigarro”.

Pensé que se preocupaba por mi ingesta de nicotina. Me equivocaba. Se preocupaba por la chica que estaba sentada junto a mí.

 

Mayo, 4
Me aceptaron. Fumé como loco para celebrarlo.

 

Mayo, 5
La duda ahora es si se compensará el tiempo que pase sin fumar con el tiempo en el que pueda. Es decir, misma dosis, menor tiempo para conseguirla, o si la obligación externa ayudará.

 

Mayo, 6
Las noches son cada vez más cortas. No es lo mismo fumar con luz que a oscuras. Eso lo escribo fumando mientras anoto en el diario. Estoy tumbado.

 

Mayo, 7
Me piden unas fotografías para una conferencia. Unas fotografías de escritores. Mando cuatro. En las cuatro están fumando.

 

Mayo, 8
Me invitan a una lectura en un municipio del estado. Alguien ha tenido la idea de celebrar a sus maestros (aún faltan unos días) con una velada literaria. Llegamos pronto porque habíamos salido pronto, previsores de lo que pudiera pasar en el primer viaje de I. manejando en carretera. Por ella no fumé en todo el camino. Nos tomamos una cerveza. En un merendero sin zona de fumadores.

La velada sería en el patio central de la presidencia municipal. En cada una de las paredes el cartel-aviso más repetido en los edificios institucionales. Prohibido fumar.

Llevaba cinco horas sin un miligramo de nicotina y era el invitado. Fumé toda la noche.

 

 

 

 

 

 

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