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12:31h. Miércoles, 22 de Noviembre de 2017

Lennon y el muñeco de fieltro

Isis Mendoza

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Probablemente tenía 6 años, vivía en la Ciudad de México, y como cada diciembre, había un especial sobre el legado de John Lennon en la televisión. Uno de esos especiales que repasan altibajos de la vida y carrera musical de artistas y que entre cada pedazo de información intercalan algún video musical que ejemplificara el momento de su vida. Hay cosas en la vida que aparecen en momentos justos, aunque siempre habían existido ahí. En mi caso fue John Lennon.

Siempre había estado en mi vida, desde antes que naciera, una historia familiar ligada a Los Beatles; pero como si fuera una cosa separada, John Lennon es de los primeros recuerdos musicales en los cuales puedo asociar un rostro, una voz, una canción con un nombre concreto. Cantaba “Imagine” y su rostro llenaba la pantalla de la televisión. Me conmovió.

Creo que John Lennon fue el primer enamoramiento que tuve en mi vida. Lo que siguió es una confesión que nunca he hecho: robé un cassette. No era un cassete de Los Beatles, sino una recopilación de temas en los que buscaba el nombre de John Lennon. Lo tomé de casa de mis abuelos, donde mis tíos dejaban (sin cuidado, la verdad) cintas varias. Lo ponía en alguna grabadora y rebobinaba la cinta para oír “Imagine” una y otra vez.

Claro que conocía a Los Beatles, siempre estuvieron ahí y no les presté suficiente atención hasta que nació mi fangirl por Lennon. Fue hasta que vi un VHS de A Hard Day’s Night que tomé interés por escuchar los álbumes y tomé cariño por la banda en sí. Había, por supuesto, en mi casa vinilos y CDs, mismos que podía poner con toda naturalidad en cualquier momento. Pero entonces mi gusto por su música se quedaba en “esta canción me gusta”, sin más.

Tal vez el momento, como tantas cosas en la vida, en que mi afición salió del ambiente “natural” hogareño, fue cuando conocí a Cristina.

Estudiar en una escuela religiosa exclusivamente femenina es duro para una adolescente de origen chilango con gusto por la animación japonesa y MTV. Cristina llegó al segundo grado de secundaria. Casi no hablaba, pero sus ilustraciones manga en sus libretas comenzaron conversaciones que desembocaron en una misma afición: Los Beatles. En mi recuerdo, así empezó la relación con mi mejor amiga desde entonces.

Finalmente pudimos intercambiar opiniones sobre nuestras piezas favoritas, sin sentirnos avergonzadas de que un adulto nos escuchara, sobre nuestra inusual afición: a ella le encantaba “Drive My Car”, a mí “It’s Only Love”.

Discutimos canciones e imaginábamos nuestro futuro adulto en una fantasía de cabellos largos, despeinados, pantalones amplios y blusas holgadas. Creo que porque la mayoría de los adultos nos decían que Los Beatles eran hippies, nos acostumbramos a llevar el término con cierto orgullo. Teníamos el plan de convertirnos en adultas, ganar el suficiente dinero para construir una villa hippie. Como era frecuente que la gente levantara las cejas o torciera el ceño y nos dijeran que “esos no se bañaban”, tuvimos que añadir la aclaración de que nuestro sueño de la villa incluía un aseo impecable.

El orgullo hippie que enarbolamos Cristina, Gaby (otra gran amiga) y yo, nos llevó a buscar atuendos que consideramos hippies, para la fiesta de graduación de la secundaria. Fue la primera vez que fui de compras con amigas.

Llegamos a una tienda de mantas deslavadas y olor a incienso en el centro. Cristina se llevó un vestido corto morado sin mangas; Gaby un vestido liso de color naranja largo, y yo una falda larga con un top café y negro. Las tres lucimos con absoluto orgullo en la velada.

Hacíamos exámenes de inglés con canciones de Los Beatles, elegimos el color del traje que queríamos cuando hiciéramos nuestro atuendo del Sgt. Pepper. Veíamos los videos y hacíamos dibujos estilo anime de ellos.

Isis Mendoza, - Lennon y el muñeco de fieltroEn mi cumpleaños 14, Cristina no tenía dinero para comprarme algo, así que consiguió fieltro de colores y me hizo un muñeco de John Lennon, aunque ella decía que bien podría ser Ned Flanders.

Después de la secundaria continuamos escuchando a Los Beatles, aunque de forma menos conjunta. Añadimos más música a nuestros intereses comunes como la música retro, en especial el synth pop de los ochenta.

Ella es una programadora y sigue sin preocuparse demasiado por las conceptualizaciones o reflexiones sobre la música y la sociedad. De vez en cuando jugamos el Rock Band de Los Beatles en mi casa, escuchamos música y bebemos ron. Sabe que sigo un tanto enamorada de John Lennon y que aún conservo el muñeco que me hizo cuando soñábamos con la aseada villa hippie.

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Isis Mendoza. Beatlemaniaca, amante del rock y entusiasta de la movida oscura. Comunicóloga. Exreportera y actual Godínez. La vida capitalina, los libros, el Playstation, el anime, el cine de horror y la música, además de ser sus principales temas de reflexión, la mantienen con fe en la vida.

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