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07:32h. Martes, 21 de Noviembre de 2017

DISFRUTES COTIDIANOS

Salvados por las mujeres

Fernando Cuevas de la Garza

Foto: Tomada de Facebook
Foto: Tomada de Facebook

Esta guerrera amazona de linaje divino fue inventada por el psicólogo William Moulton Marston, pionero de los aparatos para detectar mentiras (de ahí el lazo de la verdad) y estudioso de la conducta humana a través de conceptos como el ejercicio del poder y la fuerza de voluntad; ya entrados en gastos, aprovechó su condición de bígamo para retomar rasgos de la personalidad de las dos mujeres con las que compartía casa y prole, y así crear este personaje, sustentado en la mitología griega, de clara orientación feminista y vocación antibélica que vio la luz a principios de los años cuarenta en DC Comics.

Alcanzó su fama definitiva en nuestro mundo cuando saltó del papel a la pantalla chica en los años setenta, interpretada con plena convicción por Lynda Carter, portando el icónico traje de aliento patriótico y aprovechando a las primeras de cambio sus recursos para sacarle la verdad a quien se pusiera enfrente (de manera más amable que Tim Roth en la serie Lie to Me), para después trasladarse por los aires en su famoso avión invisible, como si flotara cual heroína celestial venida al mundo para salvar a los humanos, aunque efectivamente no la merezcamos.

Ahora su misión principal era salvar al mundo fílmico de DC que, literal y metafóricamente hablando, andaba de capa caída. Ni solo ni acompañado por Batman, el reciente Superman ha logrado cuajar del todo, ya no digamos los de la pandilla suicida enfrentando a la bruja contorsionista. Y con una competencia bien posicionada como Marvel, que parece haber encontrado la fórmula (si bien puede agotarse en cualquier momento), el asunto para estos justicieros pinta peor que un mano a mano contra Darkseid. En este enrarecido ambiente llega La mujer maravilla (EU-China-Hong Kong, 2017) con su cultura enciclopédica y poliglotismo, para poner orden en la casa.

Quizá por ello y entendiendo lo que estaba en juego, la directora Patty Jenkins, quien había mostrado destreza para trabajar con mujeres diferentes en Monster: Asesina en serie (2003) y el telefilme Exposed (2015), resultó una muy buena selección: la apuesta estaba en romper con la reiteración de presentar superhéroes conflictuados cargados de testosterona, y recurrir a la mujer más famosa del mundo comiquero. De ahí que los productores, el guionista Alan Heinberg, conocido en el ámbito de la televisión, y la propia realizadora, decidieran jugar a lo seguro y volver a las bases narrativas del subgénero, dejando los riesgos para mejor ocasión.

Aunque no se lo merezcan

En efecto, la estructura argumental funciona por su sencillez y adecuada combinación de acción, desparpajo y emotividad: desarrollar el origen de la princesa Diana de Themyscira en sus años de niñez y juventud para irlo haciendo cercano; plantear con destellos de espectacularidad la ruptura de ese contexto idílico ante la llegada del “masiosare” que resulta su salvoconducto para enfrentar la misión largamente asignada; integrar espada y escudo en mano al bélico y maniqueo entorno de los humanos entre aventura y humor y, al fin, verse las caras con el extraño enemigo que acaba siendo, como cabría esperar, más conocido de lo imaginado.

Al suficiente trazo de los personajes, desarrollados hasta donde era necesario, se suma un adecuado casting: Gal Gadot es más que una cara bonita de pasarela, mostrando su habilidad física para el combate (hizo el servicio militar en su natal Israel) y su vis cómica entre golpe y golpe, aunque nunca se despeina más de la cuenta; Chris Pine, habituado a estos papeles de galán como que no quiere la cosa (la secuencia cuando sale de la bañera), resulta un justo complemento para la protagonista; Connie Nielsen y Robin Wright (dejando a Claire Underwood por un momento) cumplen como la mamá y la tía respectivamente, pareciendo realmente hermanas, mientras que Danny Huston ya se las sabe de todas todas en estos papeles de villano comiquero, al tiempo que David Thewlis desparrama su conocida capacidad histriónica.

Y buen soporte dan Taghmaoui, agente secreto con dotes de conquistador; Bremmer, gran tirador que no dispara una bala pero que ahuyenta sus fantasmas en el piano, y Brave Rock, el solidario jefe nativo estadounidense, integrando todos el improbable equipo responsable de acompañar a los salvadores del día y del mundo, aunque la especie humana tenga esa tendencia belicista y destructiva, dejándose seducir por un Ares que no necesita ser envuelto en el lazo para soltar verdades a diestra y siniestra: al final quienes deciden matarse unos a otros son ellos, explica, mientras asigna con claridad la responsabilidad de las calamidades.

No hay un despliegue particularmente vistoso de efectos especiales (en contraste con otras cintas veraniegas), pero sí una puesta en escena funcional tanto en las secuencias de batalla como de conversaciones grupales, que se acompaña de un score por momentos excesivo y una edición que evita el vértigo por sistema: podemos disfrutar de pasajes pausados que dejan ver a la protagonista bailando, disfrutando un helado o probándose la ropa. No se advierte esa obsesión por amontonar secuencias de batallas con pretendido aliento épico, decisión que termina por agradecerse.

Desde la perspectiva de género, una crítica recurrente es que si bien se presenta a una mujer fuerte, independiente y llena de virtud, se sigue asociando la belleza física en relación con estas cualidades: tanto la protagonista como las amazonas aparece con cuerpos atléticos, incluyendo a las ya entradas en años, mientras que la villana se muestra con defecto físico que la hace verse fea (Elena Anaya) y la secretaria que todo lo resuelve es más bien de formas regordetas (Lucy Davis). Al fin son interpretaciones que también podrían apuntar en sentido contrario, considerando que se trata sólo de una película de entretenimiento, aunque eso sí, con gran potencial de penetración ideológica.

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