Lunes. 09.12.2019
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CRÍTICA CINEMATOGRÁFICA

Doctor Sleep (Mike Flanagan, 2019)

Juan Ramón V. Mora

The Shining
The Shining
Doctor Sleep (Mike Flanagan, 2019)

Aunque The Shining (1980) no es la única película de Kubrick que ha alcanzado estatus mítico, para mí es más que una simple cinta de terror. Más que una obra fílmica, parece que asistimos a una revelación. Una película de ambiciones artísticas tan elevadas, tan etérea, calculada y fría como el misterio, es la antítesis de la bancarrota creativa que hoy experimenta Hollywood. Para su desgracia, The Shining no sólo es hija de Kubrick sino también de Stephen King, autor de la novela original. King rechazó de forma tan notoria aquella adaptación al cine que incluso produjo una mini serie ridícula para satisfacer su ego.

El alcance legendario —tanto de la película como de la novela- parece razón suficiente para dejar el asunto en paz, pero Stephen King escribió una secuela publicada en 2013. Dada la reciente ola de nostalgia descerebrada y el improbable renacimiento de King como fuente de cine con atractivo masivo, no faltaba mucho para que dicha secuela fuera también adaptada a la pantalla.

El elegido para llevar a cabo tan deshonrosa tarea fue Mike Flanagan, de quien sólo he visto la muy recomendable Oculus (2013), pero que quizá es más conocido por la serie de Netflix basada en Shirley Jackson The Haunting of Hill House (2018). A pesar de tener todo en su contra, Flanagan logró, de forma milagrosa, una cinta que vale la pena verse.

En esta continuación, Danny Torrance (un excelente Ewan McGregor) lidia con sus habilidades sobrenaturales y los fantasmas del Hotel Overlook ahogándose en una vida de adicciones y alcoholismo. Con la ayuda de un amigo logra salir del hoyo y se dedica a asistir pacientes moribundos en un asilo de ancianos. Al mismo tiempo hay una especie de culto new-age/hippie/gitano liderado por la bruja Rose The Hat (Rebecca Ferguson, quizá lo mejor de la película) que se dedica a asesinar y alimentarse de niños que “resplandecen” para obtener juventud eterna. 

Así, tenemos que la continuación de The Shining es una película sobre vampiros energéticos obsesionados con la juventud. En vez de una meditación sobre los misterios de Cronos, la serie de genocidios que conforman la historia humana, el “fantasma en la máquina” de Arthur Koestler, la metempsicosis o lo que sea de lo que trate la película original, tenemos una mera expansión de la mitología Kingeana, quien siempre ha tratado de emular —sin acercarse demasiado— a su gran maestro H.P. Lovecraft. La historia de Danny Torrance después de The Shining se pudo ir por muchos lados más interesantes, pero esto es lo que hay.

Con ese material cojo, Flanagan fue capaz de hacer una película muy disfrutable, con una atmósfera oscura y escenas memorables —como la tortura de un niño y viajes astrales a la Twin Peaks. El hecho de que esta cinta no sea deplorable es ya un logro digno de reconocerse, pero el director tomó la no muy sabia decisión de recrear tomas, pasajes, personajes e incluso el Hotel Overlook entero desde el planteamiento de Kubrick. Estos son los momentos más débiles de la película por mucho, y las malas imitaciones de Jack Nicholson y Shelley Duvall rayan en la falta de respeto. Todo el tercer acto se debilita notablemente por esta extraña decisión creativa.

Creo que hay cosas tan enormes que el tiempo les ha dado el derecho de ser dejadas en paz allá, en sus altas y oscuras torres. The Shining de Stanley Kubrick es una de ellas, y por más que King quiera reclamar sus derechos como autor de la novela, lo cierto es que la cinta de 1980 lo rebasa con creces. Con todo, Doctor Sleep es una película decente y con momentos de horror genuino que quizá te hagan desviar la mirada.





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Juan Ramón V. Mora (León, 1989) es venerador felino, escritor, editor, traductor y crítico de cine. Ganó la categoría Cuento Corto de los Premios de Literatura León 2016 y fue coordinador editorial en la edición XXII del Festival Internacional de Cine Guanajuato.

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